jueves, 31 de mayo de 2012

Decisiva acción de los italianos para la promoción del ajedrez en Europa

Podemos considerar probado que el ajedrez nació en la India, a fines del siglo VI de la era cristiana, con el nombre del “chaturanga”. Luego pasó a la antigua Persia, donde fue llamado “chatrang”, y su etapa primitiva concluye con la invasión musulmana que funda el califato de Bagdad, en cuya corte el juego se denominó “shatranj”.
Los árabes llevaron después el ajedrez a España, país que -juntamente con Italia- son los polos de irradiación del juego hacia el resto de Europa. La expansión europea se cumple alrededor del año 1000, a pesar de la resistencia de la jerarquía eclesiástica que, en un primer momento,miró con desconfianza esta invención de los infieles.
La influencia española se ejerció, sobre todo, a través de los manuscritos árabes, que contenían las reglas del juego y también problemas y finales compuestos. Más tarde, un rey católico, Alfonso X El Sabio, compiló el primer tratado integral de ajedrez, ampliamente divulgado en todo el mundo de entonces.
Italia, por su parte, difundió el ajedrez por medio de sus mercaderes que recorrían continuamente las comarcas vecinas, llevando productos de la industria y la cultura. Gracias a ellos, el juego fue conocido en el sur de Alemania, Austria y Francia y también en lo que actualmente son los países balcánicos.
En Alemania, la referencia más antigua sobre el ajedrez se halla en un poema escrito en latín, que se supone a principios del siglo XI y fue encontrado en el monasterio de Tergernsee, localidad de Baviera. La obra narra las negociaciones entre dos monarcas, posiblemente el rey de Francia, Roberto II el Piadoso, y el emperador alemán Enrique II, quienes efectivamente conferenciaron en el año 1022.
Según el autor, un emisario de uno de los reyes va a la corte del otro, portador de una propuesta de paz. Antes de hacerlo pasar, el chambelán lo desafía a jugar una partida de “ludus scacchorum” (nombre latino del ajedrez). El enviado acepta, pero enseguida advierte que su rival juega muy mal, entonces, diplomáticamente, se deja ganar. Así consigue llegar hasta el rey enemigo, quien acepta el tratado de paz y, antes de despedirlo, lo invita también a jugar, pero apostando una fuerte suma de dinero. Como ya había logrado su propósito el astuto embajador, pone esta vez en práctica todo su dominio del tablero, gana la partida, y regresa de su misión habiendo concertado la paz y ganado el dinero de la apuesta.
Otro manuscrito, conocido como “poema de Einsiedeln” porque fue descubierto en otro monasterio, sito precisamente en ese lugar de Suiza, describe minuciosamente el tablero y las piezas del juego y lleva por título “versus de Scacchis”, es decir, “versos sobre el ajedrez”. En esta obra, el tablero ya aparece escaqueado, con las casillas alternativamente blancas y negras. En cambio, los elefantes árabes todavía no se han convertido en Obispos, sino que se los llama “condes”; de todos modos, ya tienen una forma que sugiere la de los modernos alfiles. El primer ministro del shatranj se denominó “fers”, pero ya representa, como en el juego moderno, a la reina o la dama.
La acción de los italianos fue decisiva para la introducción del ajedrez en la europa meridional y central. Pero se debe a los vikingos su difusión en Holanda, norte de Francia, Gran Bretaña, Irlanda y hasta la remota Islandia. Grandes viajeros y conquistadores, los vikingos fueron también notables civilizadores.

jueves, 24 de mayo de 2012

Total despereico por la mujer en el ajedrez de la Edad Media

Obras escritas en la Edad Media, donde se hace referencia al ajedrez.
Unas, son manuales sobre la forma de jugarlo, otras, poemas o ensayos en los cuales el tablero y las piezas sirven como ejemplo para ilustrar argumentos morales.
El texto más curioso es atribuido a Juan de Gales y se supone escrito a fines del siglo doce. Contiene una explicación del movimiento de las piezas, que traduce con mucha precisión las ideas de la época en materia de organización política y social y también en lo que atañe a la condición de la mujer.
Según este manuscrito, el rey mueve y captura en toda direcciones porque la voluntad del rey es ley: Una afirmación clara, y propia de aquellos tiempos de monarquías absolutas.
Pero el párrafo consagrado a la reina es verdaderamente asombroso: Revela un total desprecio por la mujer, acaso derivado de una interpretación muy severa del episodio bíblico de la tentación de Eva. Juan de Gales dice textualmente: “La dama sólo mueve oblicuamente, porque la mujer es tan ambiciosa, que nada puede lograr sino es por medio de la rapiña o de la intriga”..... Una visión innegablemente medieval.
Mejor concepto le merece al autor, las Torres: Dice que representan a los jueces que recorren el reino impartiendo justicia, y que por eso su movimiento siempre es recto, como debe serlo un magistrado.
Los caballos (es decir, los jinetes) ofrecen un lado positivo y un lado negativo: Un paso recto y uno oblicuo. Así es el movimiento de esta pieza, que Juan de Gales identifica con los recaudadores de impuestos, ya que muchas veces obran legalmente, pero también suelen incurrir en abusos e injusticias.
La descripción de los Alfiles hace pensar que el autor de la obra era un renegado y que el manuscrito mismo tal vez fuera un panfleto, ya que cuestiona la conducta de los obispos, en un momento de la Historia en que la Iglesia detentaba un enorme poder político. Dice Juan de Gales que los alfiles son prelados con cuernos (alude, claro está, a la mitra episcopal), no porque sean sabios sino porque manchan su investidura con la codicia.
Finalmente, las concideraciones del manuscrito acerca de los Peones son también impagables: Dice el autor que estas piezas mueven en línea recta, excepto cuando capturan, y de ello deduce que el hombre pobre es normalmente honrado, salvo cuando lo arrastra la ambición. Pero esto no es lo más insólito: Agrega que, cuando el peón corona y se convierte en dama, empieza a moverse siempre en forma oblicua, porque al hombre pobre le resulta imposible conducirse correctamente cuando ocupa posiciones para las que no ha nacido....
Como se ve, el ajedrez es usado aquí como un pretexto para desarrollar los principales prejuicios de la época; no puede negarse ingenio a Juan de Gales, o como se llamara realmente el autor, y aunque hoy nos repugne la bárbara concepción del mundo que emana del manuscrito, éste demuestra una vez más que el ajedrez fue evolucionando, desde su creación, a la par de las sociedades humanas.

viernes, 18 de mayo de 2012

El ajedrez como símbolo de la vida y la muerte, o la inocencia y el pecado

Nos ocupamos del “Liber de moribus hominum et officis nobilim super ludo scacchorum”, es decir, “Libro sobre las costumbres de los hombres y los oficios de los nobles, a partir del juego de ajedrez”, atribuido al fraile dominico Jacobo da Cessole. Dijimos que esta obra, generalmente conocida con el título abreviado de “Ludus Scacchorum”, tuvo enorme difusión alrededor del año 1300 y que en ella se encuentra una fabulosa versión sobre el origen del ajedrez.
El imaginativo monje sostiene, sin el menor apoyo histórico, que el juego fue inventado por un sabio a quien los caldeos llamaron “Exerxes” y los griegos rebautizaron Filometer, nombres que significan “amante de la Justicia”. Según esta fantástica teoría, Exerxes habría concebido el ajedrez para educar al príncipe Evilmerodaj, hijo de Nabucodonosor, que reinó en Babilonia en el siglo seis antes de Cristo. Da Cessola intenta justificar, de esta manera, el carácter didáctico del juego, al que acertadamente define como una forma de disciplina intelectual.
A pesar de que su propia tesis es también falsa, ya que sabemos que el ajedrez nació en la India hace apenas mil quinientos años, la obra de Jacopo da Cessole refuta otro error histórico: El que pretende que el ajedrez ya era conocido en los remotos tiempos de la guerra de Troya. No es ocioso reiterar aquí que todas las leyendas que aspiran a acreditar una mayor antigüedad del juego, carecen por completo de confirmación documental y pertenecen, solamente, a la imaginación de los escritores y tratadistas de diversas épocas.
Da Cessole llevó todavía más lejos su novelesca ocurrencia y afirmó que el tablero era una reproducción, una especie de plano, de la ciudad de Babilonia, la cual tenía una torre de vigilancia en cada uno de sus ángulos. Hay que reconocer que, como dicen los italianos “si non é vero, é ber trovato”: No es verdad. pero merece serlo. Lo más importante del libro de Da Cessole es que ajedrez se utilizaba como ejemplo para predicar una conducta moral. No es la única obra que se inscribe en esa tendencia, radicalmente distinta de la opinión primitiva de la Iglesia, que fue hostil al juego en los primeros tiempos. Hay también otra obra, atribuida nada menos que a Inocencio III, papa entre 1198 y 1216, que igualmente emplea el tablero y las piezas para formular, una serie de interpretaciones sobre la vida y la conducta humana.
Según el papa Inocencio, el mundo es como un tablero, escaqueado de blanco y de negro, colores que simbolizan la vida y muerte, o la inocencia y el pecado. Las piezas son, a su vez, como los hombres del mundo, porque a partir de un nacimiento común, cada uno de ellas alcanza diversos títulos y posiciones, pero finalmente tiene un destino común: La muerte. Esta filosofía es típica de la Edad Media; recordemos los versos del poeta español Jorge Manrique: “Nuestras vidas son ríos / que van a dar a la mar / que es el morir; /  Allí van los señoríos  / derechos a se acabar / y consumir.-” Se trata de una visión del mundo que señala que todo ser humano nace llorando y muere afligido, como prescindencia de los honores, la riqueza o las hazañas logradas durante su breve existencia terrenal: Dios es el origen y el fin, la a y la zeta, y la trayectoria del individuo pierde relevancia frente a esta metafísica comprobación.

jueves, 10 de mayo de 2012

Da Cessole: una versión sobre el ajedrez completamente fabulosa

Ya nos hemos referido al libro de Alfonso el Sabio e hicimos notar que, luego de muchos años de ser visto con recelo, el ajedrez pasó a ser utilizado como parábola de la vida humana, con intención moralizante.
Esta valorización del juego, entendido ahora en una doble dimensión lúdica y simbólica, alcanza su máxima expresión en una obra titulada “Líber de Móribus hóminum et offídis nobilium super ludo scacchórum”. o sea “Libro sobre las costumbres de los hombres y los oficios de los nobles, a partir del juego de ajedrez”. Su autor fue un monje dominico llamado Jacopo da Cessole, que predicó a fines del siglo trece y a comienzos del catorce, y cuyos sermones, recogidos por sus discípulos, constituyen el libro. Conocido en toda Europa por medio de manuscritos, fue editado en 1473, es decir, apenas veinticinco años después de que Gutenberg inventara la imprenta. El libro se tradujo a varios idiomas y fue, durante siglos, la obra capital de la literatura ajedrecística, contribuyendo enormemente a la difusión del juego.
Cabe destacar que, como lo hemos mencionado en notas anteriores, Italia se convirtió, junto con España, en foco de irradiación del ajedrez. Esto, no puede sorprender a nadie, si se repara en que Dante Alighieri, el inmortal autor de “La divina comedia”, fue contemporáneo de Jacopo da Cessole, y si se recuerda que Italia estaba destinada a ser, cien años más tarde, la cuna del Renacimiento. El juego, en particular, había llegado por diferentes vías, entre las cuales debemos señalar la vinculación con España, el comercio con el cercano Oriente y la conquista de Sicilia por los normandos.
“El libro sobre las costumbres de los hombres y los oficios nobles, a partir del juego de ajedrez”, sintéticamente llamado “Ludus “Scacchorum”, está dividido en cuatro tratados. El primero de ellos comprende tres capítulos, donde se narra la invención del juego y se explican sus fundamentos morales. El segundo abarco cinco capítulos, dedicados a la significación del rey, de la reina, los alfiles, los caballos y las torres, que son los nobles. Recalquemos que es la primera vez que se llama “reina” a la pieza originalmente conocida como “ministro”, y que los alfiles, si bien mantienen su denominación árabe, ya son similares a los “obispos”. El tercer tratado, de ocho capítulos, se refiere a la gente común, el pueblo, o sean los peones; y el cuarto también de ocho capítulos, expone el movimiento de las distintas piezas. Una recapitulación y un epílogo, cierran el volumen.
La popularidad de esta curiosa obra se debió, sobre todo, al ingenio del fray Jacobo da Cessole para comparar las distintas piezas con los personajes de la vida real. Se trata, claro está, de los personajes de aquella época, vistos a través de una organización social que hoy nos resulta difícil de entender. Así, por ejemplo, cada peón figura determinada clase de trabajadores, ocupados en los oficios que la moral de la edad media reservaba a los plebeyos, por juzgarlos indignos o impropios de la nobleza. Sorprende hallar a los escribanos en la misma categoría que los tenderos, y a los cirujanos y boticarios, asimilados a los herreros y los labradores.
Da Cessole brinda una versión sobre el ajedrez, completamente fabulosa y carente de todo sustento histórico.

jueves, 3 de mayo de 2012

Ajedrez primorosamente caligrafiado por los monjes en caracteres góticos

España fue la cuna de la bibliografía ajedrecística, y que los manuscritos españoles llevaron la teoría del juego a toda la Europa Medieval.
La obra más celebrada, y la más antigua que haya llegado completa hasta nuestros días, es sin duda alguna el libro titulado “juegos de axedrez, dados y tablas”, publicado en el año 1283. Se trata de una recopilación dispuesta por el rey de Castilla Alfonso X, llamado “el sabio”, que fue también emperador de Occidente y entre cuyas grandes medidas de gobierno figuran el ordenamiento de la jurisprudencia de su época y la reapertura de la Universidad de Salamanca.
El manuscrito se conserva en El Escorial, el imponente monasterio levantado por Felipe II en homenaje a San Lorenzo mártir, cerca de Madrid. La obra consta de noventa y ocho folios en pergamino, primorosamente caligrafiados por los monjes en caracteres gótico y con ciento cincuenta maravillosas ilustraciones en color. Si bien el libro contiene las reglas de diversos juegos de azar y de ingenio, el ajedrez ocupa la mayor parte del volumen y se incluyen un centenar de problemas y finales compuestos.
La lectura de la obra revela que, a fines del siglo trece, todavía se conservaban intactas las reglas del shatranj árabe, aunque algunos de los problemas muestran novedades que anticipan ya la necesidad de ciertos cambios, los cuales se producirán al cabo de no mucho tiempo. Así, por ejemplo, la dama obtenida por coronación de un peón tiene la propiedad de avanzar tres casillas, en vez de sólo una como tiene el juego oriental.
Es digna de mención una variante fantástica del ajedrez, que el manuscrito de Alfonso el Sabio describe someramente. Se trata del “ajedrez ampliado”, al que también atribuye origen hindú, y en el cual cada bando dispone de 12 piezas, en un tablero de ciento cuarenta y cuatro casillas. No existen los peones, y todas las figuras ubicadas inicialmente en la primera línea, son fabulosas o mitológicas:
Existen las dos torres, pero también dos leones, dos unicornios, dos jirafas, dos cocodrilos, un rey y un grifo. La importancia de esta zoología -que seguramente encantaba a Jorge Luis Borges-, radica en que el Rey puede, en su primer movimiento, trasladarse hasta tres casillas, lo cual es un antecedente del moderno enroque. Y el grifo prefigura ya a la Dama, pues a pesar de que sólo mueve una casilla en diagonal, no tiene limitaciones para desplazarse en el sentido horizontal o vertical.
Sin embargo, la novedad más importante que presenta el libro de Alfonso el Sabio, es el tablero: En efecto, hasta entonces las casillas eran todas del mismo color, vale decir, blancas; en el manuscrito de que hablamos aparece, por primera vez, el actual tablero escaqueado, o sea con casillas alternativamente blancas y negras.
El ajedrez, que en esa época todavía era objeto de desconfianza en otros países de Europa, adquiere en la España cristiana, bajo el reinado de Alfonso X, su consagración como actividad no sólo lícita sino también recomendable. Ya ha dejado de ser visto como una fuente de corrupción, y se lo ha comprendido como fino producto del ingenio humano. Más aún: Las piezas y su movimiento son ofrecidos como una parábola de la vida, se convierten en un ejemplo moral. Pero esto será motivo de otra nota.