viernes, 29 de junio de 2012

Apolo: ¿Puede ser considerado como el auténtico patrono de ajedrez?

El libro titulado “Repetición de amores y arte de ajedrez”, escrito por Luis Ramírez de Lucena en el año 1947 fue el primer tratado donde nuestro juego aparece ya con casi todas sus características modernas.
Quince años más tarde, en Roma, aparece otra obra fundamental de la literatura ajedrecística: “Questo libro é da imparare giocare a schachi e de le partite”, cuyo autor era un portugués llamado Damiano. Este maestro, de quien poco o nada se sabe, redactó la primera parte del su libro en italiano, pero la segunda -que contiene setenta y dos problemas analizados- alterna la lengua italiana con la española.
El libro de Damiano fue el primero que se publicó en Italia y gozó de enorme popularidad, siendo reeditado muchas veces en el siglo XVI y en el siguiente. Era una especie de manual realmente indispensable para todo aficionado y traía la novedad de estudiar no solamente las tradicionales aperturas de peón rey, sino también algunas de peón dama, entre ellas, el gambito aceptado.
Otra curiosidad es que Damiano alude a partidas en las que uno de los jugadores da ventaja a su adversario, una forma de jugar que no beneficia precisamente el progreso del ajedrez, pero que estuvo de moda durante mucho tiempo, incluso hasta el siglo pasado. También se refiere Damiano a las simultáneas a ciegas, y qeu muchos la catalogan como otra perniciosa costumbre que ha subsistido casi hasta nuestros días, pues grandes maestros del siglo XX, como Aliéjin, Reti y Najdord, han protagonizado estos espectáculos, que los detractores los sedñalan como mñas  más propios de un circo que de la serena meditación del juego-ciencia.
Junto a la obra teórica de Damiano, el Renacimiento produjo, también en Italia, el primer poeta del ajedrez. Casi esta expresión queremos significar que el juego moderno se construyó en el tema principal de una composición poética importante y culta, así como en la antigua Persia el “chatrang” primitivo tuvo también sus bardos o poemas.
El poeta de que hablamos se llamaba Marco Gerónimo Vita y nació en Cremona en el año 1490. LLegó a ser obispo de Alba y falleció en 1566, dedicando su vida más a las artes y a las letras que a sus obligaciones eclesiásticas, un hecho que, en esa época, no llamaba demasiado la atención. El largo poema consagrado al ajedrez fue compuesto posiblemente hacia 1513, pero se publicó varios años después. LLeva por título “Scacchia Ludus”, o sea, simplemente, “Juego de ajedrez”; está escrito en latín clásico y, también muy clásicamente, narra las épicas alternativas de una partida entre los dioses Apolo y Mercurio.
Los valores estéticos del poema se han diluído con el correr de los años, pero es indudable que esta creación del obispo Vita influyó a otros artistas de los siglos posteriores, que escribieron luego obras semejantes. Lo notable es que también ejerció influencia en el desarrollo del juego mismo: La más importante es que Vita concibe definitivamente como Torre o Castillo a la pieza que en la antigüedad era un carro de asalto, y desde entonces se hace universal la forma y la denominación moderna de dicha pieza.
También este poema nos confirma que ya el ajedrez se jugaba como en la actualidad, pues Vita comenta largamente, siempre en versos ampulosos y perfectos, el movimiento de las distintas piezas, comprando, por ejemplo, a los obispos (o sea, los alfiles) con los arqueros, por su acción a la distancia, o pregonando la enorme capacidad destructiva de la dama.
La partida entre ambos dioses finaliza con la victoria de Apolo, que conducía las blancas. Es sabido que este dios representa la belleza y la armonía, y por ello, bien puede ser considerado como el auténtico patrono de ajedrez.

viernes, 22 de junio de 2012

El ajedrez acompañó siempre la evolución del hombre y los progresos de su cultura

En el año 476 los bárbaros invanden a Roma, hecho que marcaba el fin del imperio de Occidente y señala el comienzo de la llamada Edad Media. En una fecha aciaga para la cultura humana, ya que la caída de Roma implica la desaparición de la filosofía, el arte y la ciencia antiguas y su reemplazo por la ignorancia, la superstición y la barbarie. Con todo acierto se ha dicho que la Edad Media es “la larga noche de la historia”, porque durante casi mil años, el género humano estuvo dormido con las más altas manifestaciones del espíritu y sufrió la pesadilla del oscurantismo, la intolerancia y el atraso.
El ajedrez nació prácticamente en la Edad Media, pero no, desde luego, en la Europa hecha ruinas, sino en la lejanía India, de donde muy pronto pasó al reino de Persia. Sin embargo fueron los árabes quienes lo llevaron enseguida a España; recordemos que también trajeron, junto con el ajedrez, la vieja cultura que los bárbaros habían sepultado bajo los restos de los grandes monumentos del imperio romano. Los árabes se convirtieron así, paradójicamente, en los conservadores de la cultura occidental y, gracias a ellos, Europa pudo redescubrir, hacia el siglo quince, el valioso tesoro perdido diez centurias atras. Entonces, la Humanidad despertó de su largo sueño, gestándose el fenómeno conocido con el nombre de Renacimiento.
La forma primitiva del ajedrez, llamado “shatranj” por los árabes, subsistió en la Europa medieval prácticamente sin cambios en las reglas del juego. La Dama era una pieza muy débil, que apenas se movía una casilla y sólo en diagonal; los alfiles se desplazaban de a dos casillas; no existía el enroque y los peones avanzaban siempre nada más que un paso. Es fácil imaginar que el juego resultaba sumamente lento y tedioso, y solo el sopor mental en que vivieron los hombres durante el Medievo puede explicar que el ajedrez arcaico haya logrado sobrevivir mil años.
El renacimiento afectó también profundamente al ajedrez. El despertar de la inteligencia, el redescubrimiento de la cultura grecoromana, la emancipación del pensamiento, de la tutela de la Iglesia, el ascenso de la clase media y la creciente importancia de los centros urbanos, no podían dejar de influir en un juego que ofrecía grandes posibilidades de ser mejorado y dinamizado. Los españoles y los italianos advirtieron esas posibilidades y en un breve lapso, la segunda mitad del siglo quince, el ajedrez adquirió prácticamente sus características modernas.
Esta transformación no debe sorprender, ya que en la misma época se inventó la imprenta, se concibió la teoría heliocéntrica y resurgieron la pintura, escultura, y el teatro. Como manifestación artística y científica - lo hemos dicho otras veces- el ajedrez ha acompañado siempre la evolución del hombre y los progresos de su cultura.
Naturalmente, el proceso que reseñamos no estalló de repente sino que fue preparado por una paulatina revitalización del humanismo, a cargo de individuos excepcionales que se anticiparon a su tiempo y muchas veces pagaron con la muerte su osada rebeldía. Estos precursores, en ocasiones, fueron también ajedrecistas y empezaron a introducir variantes en las reglas del juego, ya hacia el año 1300.

viernes, 15 de junio de 2012

Forma y significado de las piezas de ajedrez a través del tiempo

Durante la Edad Media, cuando el ajedrez es introducido en Europa por los árabes y llevado después a todo el mundo conocido, se produjeron cambios en la forma de las piezas, en su nombre y, finalmente, en las reglas del juego.
En el ajedrez primitivo, la batalla era dirigida el por “Sha”, palabra persa que significa “Rey” o “Emperador”. Como la monarquía era entonces la forma universal de gobierno, esta pieza conservó, naturalmente, la apariencia y el nombre de Rey. La única excepción es el idioma ruso, donde el Rey se llama Kórol; pero este vocablo alude a Carlomagno, arquetipo de monarca medieval.
La evolución de la pieza que hoy conocemos como Dama, fue complicada. En el chaturanga indio, representaba la tienda de campaña que servía de estado mayor durante la guerra; más tarde, siempre en Oriente, pasó a simbolizar al consejero o ministro del rey, con el nonbre de “firz” o “fers”, que se ha castellanizado como “vizir” y equivale al hombre de confianza del soberano, el que está más próximo al rey. En Europa, donde la esposa del monarca tenía muchas veces la influencia decisiva en el gobierno, y donde no era raro encontrar mujeres a la cabeza de importantes naciones, el “fers” fue asimilado pronto a la reina y la pieza adquirió así figura femenina y su nombre actual.
Recordemos que “dama” significa “señora”, manera respetuosa de nombrar a la soberana. En inglés, en cambio, la pieza se denomina directamente “reina” (queen) y lo mismo ocurre en portugués y otra lenguas modernas. En Rusia, tal vez porque allá el ajedrez llegó desde Persia y no a través de Europa, se mantiene la palabra “firz”, pero la pieza es la misma que en Occidente.


Curiosos alfiles
El caso de los alfiles es muy curioso. Originalmente se trataba de elefantes, artillería pesada natural en la guerras de la India antigua. La palabra árabe “alfil” quiere decir literalmente “el elefante” y era incomprensible para los europeos, ya que no conocían a estos animales. El hecho de que los alfiles estuvieran al lado del rey y de la reina llevó a suponer que eran dignatarios eclesiásticos, ya que en la edad media la Iglesia ejercía un poder considerable. Así fue como los paquidermos orientales se transformaron en “obispos”, y ésta fue la denominación de la pieza en la mayoría de las lenguas de Europa. Dos excepciones: España, donde perduró la palabra “alfil” debido a la larga dominación árabe; y en Francia, país en que la pieza recibió el insólito nombre de “Fou”, o sea “bufón”.
Pero todo tiene un motivo: Las piezas musulmanas era estilizadas, para no caer en la idolatría, condenada por el Corán. El alfil tenía dos puntas, que en Asia, representaban los colmillos del elefante; en Europa se pensó que eran las puntas de la mitra del obispo. pero los franceses las confundieron con el gorro de cascabeles que se ponían los bufones para entretener al rey.
El Caballo simboliza hoy lo mismo que hace mil quinientos años, y se mueve de la misma manera que el ajedrez primitivo. En algunos idiomas, sin embargo, se llama “Caballero” o “Jinete”. Tampoco los peones han sufrido transformaciones de importancia: Siempre fueron los los soldados de la infantería, es decir, los que marchan a pie, y eso significa la palabra “peón”.
En el juego antiguo había una pieza denominada “ruj”, que era el “carro de guerra” empleado en ese tiempo en la Indica. Tampoco esta palabra tenía sentido para los europeos, que dieron entonces a la pieza las formas más diversas y caprichosas. Con el correr de los siglos, se produjo un hecho sorprendente: Como la palabra “ruj” sonaba parecida a “roca” (piedra), la pieza fue concebida como castillo o fortaleza, y así nacieron las Torres que conocemos. Recordemos que, en buen español, la palabra “roque” quiere decir “torre”, y de allí proviene el verbo “enrocar”, o sea, refugiarse en la torre.

viernes, 8 de junio de 2012

Los vikingos, grandes propagadores del ajedrez

Los vikingos, marinos y conquistadores escandinavos que -en los siglos XI y XII- recorrieron toda Europa, fueron quienes introdujeron el ajedrez en diversas naciones.
La literatura de los países nórdicos es muy rica en leyendas que, por regla general, parten de hechos históricos; son las famosas “sagas”, ciclos de poemas épicos que abundan en referencia al ajedrez.
Algunas son particularmente terribles, como la que cuenta un episodio cuyos protagonistas fueron Knut el Grande rey de Dinamarca y de Inglaterra, yLos vikingos, grandes propaadores del ajedrez el conde Ulf, un noble que gozaba de gran prestigio personal. En el transcurso de una recepción que Ulf ofreció al monarca en la ciudad de Roskilde, que era en ese tiempo la capital de Dinamarca, ambos se enfrascaron en una partida de ajedrez. En cierto momento el rey se equivocó y dejó un caballo indefenso, que su rival, naturalmente, capturó. El soberano pretendió volver la jugada; entonces, el conde se enfureció, barrió el tablero de un manotón, y cruzó con el rey algunas frases hirientes. Knut el Grande no pudo soportar la humillación y, esa misma noche, mandó a asesinar a Ulf. El crimen es real, y según los anales se cometió el 29 de setiembre del año 1027, aunque los historiadores estiman que el rey ya había premeditado deshacerse de Ulf, cuyo creciente poder constituía una amenaza para el gobierno.
En muchas otras leyendas aparecen situaciones similares. Y es digno de ser señalado que la pésima costumbre de volver jugadas erróneas, común entre los aficionados, suele ser todavía hoy motivo de acaloradas discusiones.
Uno de los lugares a donde el ajedrez fue llevado por los vikingos y donde se arraigó profundamente, es la remota Islandia, la “tierra del hielo”, la misma donde mil años después se jugó el match Spassky-Fischer, la patria del ex  presidente de la Federación Internacional, Frydrik Olaffsson. Testimonio inapelable de la antigua pasión de los islandeses por nuestro juego, son las piezas halladas accidentalmente por un labrador en la isla de Lewis. Se calcula que datan del siglo XII y están finamente labradas en colmillos de morsa, una especie de foca  que abunda en aquellas latitudes.
El Rey mide casi diez centímetros de alto y está representado como una figura de expresión grave, con una espada desnuda en su diestra; aparece sentado en el trono, en cuya base está delineado un dragón con alas. La Reina es ya una figura claramente femenina y sostiene en una de sus manos un cuerno, que en esa época se usaba como vaso para servir el vino. También los Alfiles están ya caracterizados como Obispos, en la posición de bendecir y apoyados en un báculo. Los caballos son guerreros montados y esgrimen una lanza en la mano derecha, llevando un escudo sujeto al otro brazo. Como se advierte todas estas piezas tienen ya su apariencia y significación moderna, cosa que no ocurre con las Torres: En efecto, como la palabra árabe “ruj”, que designaba a los “carros de asalto” del ajedrez primitivo, era incomprensible para un europeo, la forma de esta pieza fue bastante variable, antes de cristalizar en la que hoy conocemos. En el antiguo juego islandés, el equivalente a la torre es un gran guerrero de a pie, que porta escudo y sable. Posiblemente por ese motivo, los verdaderos infantes, es decir los peones, consisten simplemente en pequeñas pirámides, de unos cinco centímetros de alto y son las únicas piezas estilizadas.
Los vikingos reinaron en Inglaterra y Escocia en los primeros años del siglo XI e implantaron también allí el ajedrez. Antes lo habían hecho en el norte de Francia, al asentarse en Normandía. La importancia que adquirió el juego en Inglaterra se hace patente en un antiguo códice que enumera los derechos y obligaciones del rey: Junto a su deber de impartir justicia los sábados y de legislar los lunes, tenía que dedicar los jueves a jugar al ajedrez.