La mayorías (por no arriesgarme a decir todos) conoce la frase de Aaron Nimzowitch "La amenaza es más poderosa que la ejecución". Esto puede traducirse en que no siempre es necesario concretar un ataque, sino que también se puede aprovechar la pérdida de tiempo en defender del rival para obtener un triunfo por otra vía.
Garry Kasparov se "aprovecha" de esta frase para compararlo con un hecho bélico fundamental para la humanidad. En su libro "Cómo la vida imita al ajedrez" (que lentamente sigo disfrutando) dice: "Antes del Día D, los agentes dobles de los aliados hicieron creer a los nazis que el ataque principal llegaría por el paso de Calais, provocando que Hitler enviara a Rommel y a sus tropas de élite lejos de la zona real de invasión.
Además indica que la frase de Nimzowitch también se refiere a la percepción, tal como reza un viejo dicho de Wall Street: "Compra el rumor, vende las noticias". Anticipar algo que va a suceder puede ser más efectivo que el acontecimiento en si mismo, o, dicho de otra manera no se puede aislar del propio acontecimiento. El impacto es el impacto. Gritar "¡Fuego! en un teatro abarrotado provoca, al menos a corto plazo la misma reacción, haya o no haya fuego".
Después habla de la defensa, señalando que "para ser justos, la defensa es más racional que el ataque en muchos aspectos" y coloca el ejemplo de una máxima militar que dice que para que el ataque triunfe debe triplicar las fuerzas de los defensores, cuando "en el ajedrez solemos conformarnos con una simple mayoría".
viernes, 10 de febrero de 2012
miércoles, 8 de febrero de 2012
¿Cuándo se dijo "jaque mate" por primera vez?
En entradas anteriores vimos que el juego denominado “chaturanga” surgió en la India alrededor del siglo sexto de nuestra era y que, por sus características propias, constituye la forma primitiva del ajedrez moderno.
Cuenta la tradición que el soberano indio Devisaram quiso poner a prueba la inteligencia de sus vecinos persas y envió al rey Cosroés el tablero y las piezas del chaturanga, finamente talladas en dieciséis esmeraldas y dieciséis rubíes, pero sin añadir explicación alguna, desafiándolo a que dedujera las reglas del juego. El monarca persa, perplejo, llamó a un sabio consejero llamado Vuzurjmir, quien, tras una noche de estudio, no sólo descubrió el movimiento de las piezas y las leyes del chaturanga, sino que inventó a su vez una variante, un nuevo juego. Cosroés, entonces, devolvió el reto a su colega hindú, mandándole la novedad junto con riquísimos obsequios.
Mas Devisaram no logró descifrar las claves del juego creado por el sabio persa, y esa humillación fue el castigo a su altanería.
Leyendas al margen, lo cierto es que, gracias al intercambio comercial de la época, el chaturanga fue llevado a Persia, donde recibió el nombre de “chatrang”. La primera referencia se encuentra en el poema titulado precisamente “Chatrang.námak”, escrito a fines del siglo séptimo o principios del octavo.
No es, en concreto, la única composición literaria que alude al milenario juego de ajedrez. En los famosos “Rubáiyat”, del conocido poeta Omar Jayam, se halla un hermoso cuarteto que puede traducirse aproximadamente así:
En un tablero de noches y de días,
El destino con los hombres juega;
Así los lleva, los trae, los jaquea
Y, uno tras otro, los retira.
El tablero de ajedrez se presenta aquí como una metáfora del mundo, donde los hombres serían meras piezas movidas por una inteligencia superior. En ese texto se inspiró el poeta argentino Jorge Luis Borges para componer sus célebres versos:
También el jugador es prisionero (la sentencia es de Omar) de otro tablero
De negras noches y blancos días; Dios mueve al jugador y éste, la pieza:
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonía.
El chatrang, es decir, el ajedrez persa, también es reiteradamente propuesto en las obras de los escritores de la época, como modelo de genio militar. El poeta Unsuri, por ejemplo, elogia a su protector, el príncipe de Gazni, diciendo:
El soberano jugó al ajedrez contra cien reyes
Y a cada uno dio mate en forma diferente.
Según las fábulas persas, el ajedrez ya habría sido conocido en tiempos del rey Artajir, o sea, en el siglo III después de Cristo, pero no existen testimonios fidedignos que lo ratifiquen. La mención aparece en el poema épico “Karnámak”, pero seguramente pertenece al reino de la fantasía.
El chatrang se jugaba igual que el chaturanga indio. Únicamente varió el nombre de las piezas, ya que el rey se llamaba, lógicamente “sha”; el ministro recibió el nombre de “farzin”; el elefante fue denominado “pil”; los caballos eran llamados “asp”; los carros de asalto eran los “ruj” y los soldados, finalmente, fueron bautizados “piyadaj”. Pero hay dos detalles que vale la pena mencionar: En primer lugar, que el rey y su ministro no tenían ubicación fija, sino que era costumbre que el jugador de mayor fuerza, o el de clase social más alta, eligiera cuál de las dos casillas centrales de la primera línea ocuparían un y otra pieza.
La otra curiosidad es que, cuando un jugador atacaba al rey de su rival, se lo advertía diciendo simplemente: “Sha”, y de allí deriva la palabra “jaque”. Y cuando el rey enemigo no tenía escapatoria, el jugador victorioso exclamaba: “Sha mat”, es decir “jaque mate”, que literalmente significa “muerte al rey”.
Cuenta la tradición que el soberano indio Devisaram quiso poner a prueba la inteligencia de sus vecinos persas y envió al rey Cosroés el tablero y las piezas del chaturanga, finamente talladas en dieciséis esmeraldas y dieciséis rubíes, pero sin añadir explicación alguna, desafiándolo a que dedujera las reglas del juego. El monarca persa, perplejo, llamó a un sabio consejero llamado Vuzurjmir, quien, tras una noche de estudio, no sólo descubrió el movimiento de las piezas y las leyes del chaturanga, sino que inventó a su vez una variante, un nuevo juego. Cosroés, entonces, devolvió el reto a su colega hindú, mandándole la novedad junto con riquísimos obsequios.
Mas Devisaram no logró descifrar las claves del juego creado por el sabio persa, y esa humillación fue el castigo a su altanería.
Leyendas al margen, lo cierto es que, gracias al intercambio comercial de la época, el chaturanga fue llevado a Persia, donde recibió el nombre de “chatrang”. La primera referencia se encuentra en el poema titulado precisamente “Chatrang.námak”, escrito a fines del siglo séptimo o principios del octavo.
No es, en concreto, la única composición literaria que alude al milenario juego de ajedrez. En los famosos “Rubáiyat”, del conocido poeta Omar Jayam, se halla un hermoso cuarteto que puede traducirse aproximadamente así:
En un tablero de noches y de días,
El destino con los hombres juega;
Así los lleva, los trae, los jaquea
Y, uno tras otro, los retira.
El tablero de ajedrez se presenta aquí como una metáfora del mundo, donde los hombres serían meras piezas movidas por una inteligencia superior. En ese texto se inspiró el poeta argentino Jorge Luis Borges para componer sus célebres versos:
También el jugador es prisionero (la sentencia es de Omar) de otro tablero
De negras noches y blancos días; Dios mueve al jugador y éste, la pieza:
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonía.
El chatrang, es decir, el ajedrez persa, también es reiteradamente propuesto en las obras de los escritores de la época, como modelo de genio militar. El poeta Unsuri, por ejemplo, elogia a su protector, el príncipe de Gazni, diciendo:
El soberano jugó al ajedrez contra cien reyes
Y a cada uno dio mate en forma diferente.
Según las fábulas persas, el ajedrez ya habría sido conocido en tiempos del rey Artajir, o sea, en el siglo III después de Cristo, pero no existen testimonios fidedignos que lo ratifiquen. La mención aparece en el poema épico “Karnámak”, pero seguramente pertenece al reino de la fantasía.
El chatrang se jugaba igual que el chaturanga indio. Únicamente varió el nombre de las piezas, ya que el rey se llamaba, lógicamente “sha”; el ministro recibió el nombre de “farzin”; el elefante fue denominado “pil”; los caballos eran llamados “asp”; los carros de asalto eran los “ruj” y los soldados, finalmente, fueron bautizados “piyadaj”. Pero hay dos detalles que vale la pena mencionar: En primer lugar, que el rey y su ministro no tenían ubicación fija, sino que era costumbre que el jugador de mayor fuerza, o el de clase social más alta, eligiera cuál de las dos casillas centrales de la primera línea ocuparían un y otra pieza.
La otra curiosidad es que, cuando un jugador atacaba al rey de su rival, se lo advertía diciendo simplemente: “Sha”, y de allí deriva la palabra “jaque”. Y cuando el rey enemigo no tenía escapatoria, el jugador victorioso exclamaba: “Sha mat”, es decir “jaque mate”, que literalmente significa “muerte al rey”.
lunes, 6 de febrero de 2012
La India: cuna del juego de ajedrez
Hoy comienzo una serie de artículos sobre la historia del ajedrez. Si bien hay mucha literatura sobre el tema, estimo oportuno refrescar algunas cuestiones, en especial para quienes recién se inician y necesitan una cultura ajedrecística. general para su progreso.
Sabemos que las leyendas sobre el origen del ajedrez coinciden en señalar a la India como la cuna del juego. Las investigaciones históricas, por su parte, llegaron a la misma conclusión y hoy puede considerarse probado que, hace unos mil quinientos años, el juego llamado “chaturanga” adquiría en la India sus características propias y se convertía, por tanto, en la forma primitiva del ajedrez moderno.
Es cierto que los juegos de tablero existen desde la más remota antigüedad, y se han encontrado testimonios de que, dos o tres mil años antes de Cristo, los egipcios ya jugaban a las damas y los chinos, al go. Pero en estos juegos las piezas eran todas iguales y tenían un movimiento uniforme, de modo que las reglas se limitaban a establecer combinaciones posibles de tales movimientos y era indistinto ejecutarlos con una u otra pieza. Se desconoce en qué momento del desarrollo de la cultura oriental surgió la idea de dotar a cada pieza de una forma y un significado diverso y de un movimiento particular, pero es seguro que de allí derivó la diferenciación que constituye la principal superioridad del ajedrez sobre los otros juegos de tablero conocidos.
La primera referencia al chaturanga aparece en un relato que data de fines del siglo sexto o principios del siglo séptimo de la era cristiana., titulado “Vasavadatta” y atribuido al escritor Subandu.
Una detallada descripción del juego se encuentra en obras posteriores de la literatura india, todas escritas en idioma sanscrito, tales como el poema épico “Haravijaya” compuesto por Ratnakara, o los versos del libro denominado “Kavyalankara”, cuyo autor fue el poeta Rudrata.
La palabra “chaturanga” significa literalmente “formado por cuatro partes” y alude, según todas las evidencias, a las cuatro divisiones o fuerzas que integraban los ejércitos indios en la organización militar de aquella época. En efecto, las piezas del ajedrez primitivo eran los elefantes, los caballos, los carros de asalto y los soldados, pieza más débil, exactamente al revés de lo que ocurre con la reina moderna: El consejero del monarca apenas podía moverse una casilla por vez y únicamente en diagonal.
Ganaba la partida, como ahora, el jugador que daba mate al rey adversario, pero también, el que despojaba al monarca rival de todas las piezas. En este último caso era necesario evitar que el rey solitario quedara en posición de ahogado, porque en el chaturanga también ganaba el bando cuyo rey sin estar en jaque, carecía de todo movimiento posible. Esto significa que la partida siempre se definía a favor de uno u otro bando; no había empate posible.
El chaturanga era un juego lento y resultaría tedioso para un ajedrecista contemporáneo. Pero, en la época de la creación, revolucionó a quienes estaban acostumbrados a la simplicidad del juego de damas, desplazando a este muy pronto en la preferencia de los aficionados. Una prueba de la complejidad del chaturanga es que algunos jugadores, acaso incapaces de elaborar racionalmente una estrategia, confiaban sus movimientos al azar, utilizando dados. Esta variante espuria se denominaba “nard” y no alcanzó a difundirse demasiado.
De la India , el chaturanga pasó primeramente a la antigua Persia, donde muy pronto también se hizo popular. Pero eso será motivo de nuestra próxima entrada.
viernes, 3 de febrero de 2012
El poder de la iniciativa en el ajedrez, los negocios y la política
Conocemos que llevar la iniciativa en el ajedrez forma parte del éxito del ataque. Cuando el rival tiene la obligación de defenderse va debilitando su posición y creando puntos de ataque.
En este contexto de liderazgo podremos prever y seguir controlando la acción.
"Mientras sigamos amenazando y presionando, conservaremos la iniciativa. En el ajedrez, eso finalmente conduce a un ataque que no tiene contestación posible. En los negocios lleva a una mayor cuota de mercado. En las negociaciones conduce a un acuerdo mejor. En la política, a un aumento de votos. En todos los casos crea un círculo positivo de auténtica y mayor calidad, más la percepción de una mejora del status y una victoria inminente, beneficios tanto tangibles como intyangibles. Esa es la ventaja del atacante". Así, contundente, es Garry Kasparov cuando habla de este tema en su imperdible libro "Cómo la vida imita al ajedrez".
En lo que hace especialmente al ajedrez ir un paso adelante significa que podremos mantener desestabilizado a nuestro rival, movernos y cambiar para incidir en sus puntos débiles. En este orden, "El Águila de Bakú" afirma: "En el ajedrez existe el principio de las dos debilidades. Es poco probable ganar una partida contra un jugador potente con un solo punto de ataque. En lugar de centrarnos en un solo objetivo, debemos aprovechar la presión para provocar más puntos débiles".
Luego recuerda cómo evolucionó como jugador de ajedrez y señala que siguió practicando un ajedrez de ataque durante toda su carrera, reconoce que con el paso del tiempo sus partidas eran cada vez más concretas y menos especulativas y, tras una década como campeón del mundo, "me apetecía menos embarcarme en ataques inciertos y solía ser más paciente. Era algo más que el estereotipo del conservadurismo que aparece con la edad; era el producto de una reflexión nacida de la experiencia de todos aquellos años. Había aprendido que un contra ataque a tiempo, contra un oponente demasiado agresivo, podría se más eficaz que responder siempre con fuego al fuego".
En este contexto de liderazgo podremos prever y seguir controlando la acción.
"Mientras sigamos amenazando y presionando, conservaremos la iniciativa. En el ajedrez, eso finalmente conduce a un ataque que no tiene contestación posible. En los negocios lleva a una mayor cuota de mercado. En las negociaciones conduce a un acuerdo mejor. En la política, a un aumento de votos. En todos los casos crea un círculo positivo de auténtica y mayor calidad, más la percepción de una mejora del status y una victoria inminente, beneficios tanto tangibles como intyangibles. Esa es la ventaja del atacante". Así, contundente, es Garry Kasparov cuando habla de este tema en su imperdible libro "Cómo la vida imita al ajedrez".
En lo que hace especialmente al ajedrez ir un paso adelante significa que podremos mantener desestabilizado a nuestro rival, movernos y cambiar para incidir en sus puntos débiles. En este orden, "El Águila de Bakú" afirma: "En el ajedrez existe el principio de las dos debilidades. Es poco probable ganar una partida contra un jugador potente con un solo punto de ataque. En lugar de centrarnos en un solo objetivo, debemos aprovechar la presión para provocar más puntos débiles".
Luego recuerda cómo evolucionó como jugador de ajedrez y señala que siguió practicando un ajedrez de ataque durante toda su carrera, reconoce que con el paso del tiempo sus partidas eran cada vez más concretas y menos especulativas y, tras una década como campeón del mundo, "me apetecía menos embarcarme en ataques inciertos y solía ser más paciente. Era algo más que el estereotipo del conservadurismo que aparece con la edad; era el producto de una reflexión nacida de la experiencia de todos aquellos años. Había aprendido que un contra ataque a tiempo, contra un oponente demasiado agresivo, podría se más eficaz que responder siempre con fuego al fuego".
miércoles, 1 de febrero de 2012
¿Sólo los cultos pueden triunfar en el ajedrez?
"Solo un hombre culto puede llegar a las cumbres del ajedrez". Dr. Alexánder Alekhine, ex campeón mundial.
"El ajedrez es un verdadero símbolo de la lucha entre el bien y el mal, del equilibrio del universo y el alma. Cuando se juega al ajedrez se alcanzan altos grados de concentración, que solamente se pueden comparar con los estados de oración profunda. Alexis Murillo, Maestro internacional.
"Aprendí a jugar al ajedrez antes que a leer". José Raúl Capablanca.
"Veo en la lucha ajedrecística un modelo pasmosamente exacto de la vida humana, con su trajín, sus crisis y sus incesantes altibajos". Garry Kasparov
"La amenaza de la derrota es siempre más terrible que la derrota misma". Anatoli Karpov, ex campeón mundial.
"En ajedrez la amenaza de una jugada es más fuerte que su ejecución". Aron Nimzovich,
"El ajedrez es un elíxir que alarga la vida, es un culto a la sabiduría y un canto a la virtud". Anónimo.
"La táctica consiste en saber que hacer cuando hay algo que hacer. La estrategia, en saber que hacer cuando no hay nada que hacer". Savielly Tartakover.
"A los siete años de edad mi padre me enseño los rudimentos del ajedrez, sin que nos hubieramos podido imaginar, -ni él ni yo- cómo me iba a llenar la vida este hermosísimo juego". Joaquín Gutiérrez, escritor.
"Más que un juego o una ciencia el ajedrez es un arte. Quien llega a dominar el arte exquisito de sus combinaciones y adentrarse en la solución tan interesante de sus problemas, goza de una sensación estética tan saludable y tan emotiva como la que produce una hermosa sinfonía o la contemplación de un modelado o de una pintura de mérito". Lic. Rogelio Sotela Montagné, ex campeón nacional de Costa Rica.
"El ajedrez es la lógica hecha juego". Anónimo.
"Jugar una partida de ajedrez es pensar, elaborar planes y también tener una pizca de fantasía". Paul Morphy.
lunes, 30 de enero de 2012
Descubre como el ajedrez ayuda a templar el carácter
Fomenta la actitud reflexiva, la capacidad de análisis y la racionalidad de la conducta.
Se ha escrito mucho acerca de la utilidad del ajedrez en la educación de los jóvenes. Entre los especialistas, existe la convicción de que la práctica del juego trae aparejadas notables ventajas, pero todavía no se ha logrado una acción oficial que lo incorpore totalmente a los planes de estudio.
Al respecto, consideramos oportuno comentar la opinión del sociólogo argentino José Luis de Imaz. En une entrevista realizada hace unos cuantos años, el doctor de Imaz dijo que una de las grandes fallas del sistema educativo nacional, radica en que "no se entrena a la gente para tomar decisiones personales". Y en seguida, señalando soluciones el científico agregó: "Si yo tuviera que armar un curriculum, aumentaría las horas de ajedrez, porque el entrenamiento en ajedrez, entre otras cosas, a un chico de 14 o 15 años, lo va acostumbrando a decisiones estratégicas, en cálculos operativos del comportamiento del otro.
Compartimos en todo, lo expresado por el doctor de Imaz. Uno de los fines fundamentales de toda educación, es enseñar a pensar; de este modo, se fomenta la actitud reflexiva, la capacidad de análisis y la racionalidad de la conducta. Pero también es necesario que el joven adquiere el hábito de decidir por si mismo, frente a las diferentes alternativas de su vida personal y social. Esto significa educar en la libertad y para la libertad, pero con dos características esenciales: primero, el respeto a la libertad de los demás, segundo, la responsabilidad propia por las consecuencias de una elección equivocada.
Mucho de los grandes dramas de los pueblos, a lo largo de la historia, se han debido a que los ciudadanos, en vez de tomar decisiones personales y de afrontar, llegado el caso, sus consecuencias, han preferido delegar en el Estado, o en una corporación, o en un caudillo, la responsabilidad de decidir. Es una actitud cómoda, porque luego permite echarles la culpa del fracaso al Estado, la corporación o el caudillo. Pero es también peligrosa, porque lleva indefectiblemente a la dictadura y a la pérdida de la libertad que no se supo o no se quiso conservar.
El ajedrez, que excluye por completo el azar, propone a cada jugada un desafío. Lo mismo que la vida. Hay que elegir entre varios movimientos posibles, previo trazado de un plan general, que es como el proyecto vital de cada persona. Ejecutado el movimiento, no se puede volver atrás. Cuando nuestro plan resulta victorioso, nuestro es el mérito. Pero, si nos conduce a la derrota, también es nuestra culpa. De la derrota, es decir, del error, extraemos enseñanzas, acumulamos experiencia para no cometerlo de nuevo.
Por otra parte, tablero de por medio, hay un oponente que se plantea los mismos objetivos que nosotros. Tenemos que respetarlo, en primer lugar, y exigirle que a su vez nos respete. Pero también trataremos de adivinar sus planes, para encontrar la manera de contrarrestarlos. Así surge la competencia, que, siempre que se cumpla con lealtad y limpieza de procedimientos, ayuda a templar el carácter.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
