miércoles, 8 de febrero de 2012

¿Cuándo se dijo "jaque mate" por primera vez?

En entradas anteriores vimos que el juego denominado “chaturanga” surgió en la India alrededor del siglo sexto de nuestra era y que, por sus características propias, constituye la forma primitiva del ajedrez moderno. 
Cuenta la tradición que el soberano indio Devisaram quiso poner a prueba la inteligencia de sus vecinos persas y envió al rey Cosroés el tablero y las piezas del chaturanga, finamente talladas en dieciséis esmeraldas y dieciséis rubíes, pero sin añadir explicación alguna, desafiándolo a que dedujera las reglas del juego. El monarca persa, perplejo, llamó a un sabio consejero llamado Vuzurjmir, quien,  tras una noche de estudio, no sólo descubrió el movimiento de las piezas y las leyes del chaturanga, sino que inventó a su vez una variante, un nuevo juego. Cosroés, entonces, devolvió el reto a su colega hindú, mandándole la novedad junto con riquísimos obsequios. 
Mas Devisaram no logró descifrar las claves del juego creado por el sabio persa, y esa humillación fue el castigo a su altanería. 
Leyendas al margen, lo cierto es que, gracias al intercambio comercial de la época, el chaturanga fue llevado a Persia, donde recibió el nombre de “chatrang”. La primera referencia se encuentra en el poema titulado precisamente “Chatrang.námak”, escrito a fines del siglo séptimo o principios del octavo. 
No es, en concreto, la única composición literaria que alude al milenario juego de ajedrez. En los famosos “Rubáiyat”, del conocido poeta Omar Jayam, se halla un hermoso cuarteto que puede traducirse aproximadamente así: 
En un tablero de noches y de días, 
El destino con los hombres juega; 
Así los lleva, los trae, los jaquea
Y, uno tras otro, los retira. 
El tablero de ajedrez se presenta aquí como una metáfora del mundo, donde los hombres serían meras piezas movidas por una inteligencia superior. En ese texto se inspiró el poeta argentino Jorge Luis Borges para componer sus célebres versos:
También el jugador es prisionero (la sentencia es de Omar) de otro tablero
De negras noches y blancos días; Dios mueve al jugador y éste, la pieza:
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonía.
El chatrang, es decir, el ajedrez persa, también es reiteradamente propuesto en las obras de los escritores de la época, como modelo de genio militar. El poeta Unsuri, por ejemplo, elogia a su protector, el príncipe de Gazni, diciendo: 
El soberano jugó al ajedrez contra cien reyes
Y a cada uno dio mate en forma diferente. 
Según las fábulas persas, el ajedrez ya habría sido conocido en tiempos del rey Artajir, o sea, en el siglo III después de Cristo, pero no existen testimonios fidedignos que lo ratifiquen. La mención aparece en el poema épico “Karnámak”, pero seguramente pertenece al reino de la fantasía.
El chatrang se jugaba igual que el chaturanga indio. Únicamente varió el nombre de las piezas, ya que el rey se llamaba, lógicamente “sha”; el ministro recibió el nombre de “farzin”; el elefante fue denominado “pil”; los caballos eran llamados “asp”; los carros de asalto eran los “ruj” y los soldados, finalmente, fueron bautizados “piyadaj”. Pero hay dos detalles que vale la pena mencionar: En primer lugar, que el rey y su ministro no tenían ubicación fija, sino que era costumbre que el jugador de mayor fuerza, o el de clase social más alta, eligiera cuál de las dos casillas centrales de la primera línea ocuparían un y otra pieza. 
La otra curiosidad es que, cuando un jugador atacaba al rey de su rival, se lo advertía diciendo simplemente: “Sha”, y de allí deriva la palabra “jaque”. Y cuando el rey enemigo no tenía escapatoria, el jugador victorioso exclamaba: “Sha mat”, es decir “jaque mate”, que literalmente significa “muerte al rey”.

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