jueves, 12 de abril de 2012

¿Juego de ajedrez o juego del jaque?

La influencia de la civilización árabe en el desarrollo del ajedrez, es particularmente visible en el caso de España, y ello se refleja, en primer lugar, en el propio nombre del juego.
En efecto: La palabra hindú original, “chaturanga”, se transformó en “chatrang” cuando el juego fue llevado a Persia. Y, al producirse la conquista de este reino por los musulmanes, la pronunciación pasó a ser “shatranj”.
Más tarde, en la España gobernada por los califas, se hizo común anteponer al sustantivo “shatraj”, el artículo “al”. Según una regla fonética de la lengua árabe, la expresión resultante fue “ash-sha-tranj”, y de ella deriva, directamente, la antigua palabra española “axadrez” y la moderna “ajedrez”.
Es decir que, en nuestro idioma, el juego conserva su denominación original, porque “ajedrez”, significa, ni más ni menos, que “el chaturanga”o, si traducimos la vieja palabra sánscrita, “el juego de las cuatro divisiones”: elefantes, caballos, carros de guerra, y soldados, las fuerzas del ejército de madera que lucha contra su similar en el tablero.
La única otra lengua europea donde el juego sigue llamándose como en los tiempos de su invención, con los naturales cambios y deformaciones producidos a lo largo de los siglos, es el portugués: Se lo designa con la palabra “xadrez”, de idéntico origen que la española “ajedrez”.
En el resto de Europa, en cambio, el juego se llama “jaque”, o lo que es lo mismo, “rey”, ya que “jaque”, proviene del persa “ha”. Así como tenemos el inglés “chess”; el francés “échecs”; el alemán “schachspiel (que significa “juego del jaque”, o sea “juego del rey”)”; el italiano “scacchi”, etc. Curiosamente, en ruso el ajedrez se llama “shajmaty”, que equivale a “jaque mate”, expresión igualmente derivada de la antigua lengua de Persia y que quiere decir “muerte al rey”.
Se manifiesta también la huella de los árabes en el nombre español de una importante pieza: “alfil”, que literalmente significa “el elefante”. Esta denominación sólo se mantiene en otra lengua, el italiano, probablemente como consecuencia de la penetración española en los primeros siglos de la edad moderna. En el idioma de Dante, la pieza recibe el nombre de “alfiere”, y antaño se la llamó ·alfin”.
En otra nota nos referiremos más extensamente al nombre de las diversas piezas. Por ahora, sólo queremos subrayar la incidencia de la cultura árabe en la difusión del juego. Y, lógicamente, los testimonios de este hecho histórico se encuentran en España.
La primera referencia auténticamente europea al ajedrez -dejando ya de lado los manuscritos árabes- es el testamento de Ermenegildo I, conde de Urgel, hallado en una centenaria iglesia de Cataluña. Ermenegildo, que fue muerto en una batalla contra los moros librada en la vieja Córdoba en el año 1010, lega en dicho testamento su juego de ajedrez, tallado en cristal de roca, al Convento de Saint-Giles que todavía existe en el sur de Francia.
Como ya hemos visto, en la Edad media, España se constituyó en un polo de atracción cultural, y las renombradas universidades de Sevilla y de Córdoba convocaron a lo mejor de la juventud europea, deseosa de aprender las ciencias y la filosofía que los árabes habían rescatado del olvido. No es de extrañar, entonces, que también el ajedrez figurase entre las artes que podían aprenderse en España, y fueron sobre todo los estudiantes italianos quienes con mayor entusiasmo lo aprendieron y, luego, lo difundieron en su patria. España e Italia son, en consecuencia los dos centros de irradiación del juego a toda Europa, una acción al que  tuvieron como aliados a los normandos, que en los siglos diez y once también llegaron hasta el mar Mediterráneo.

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