lunes, 18 de julio de 2011

“Al pan, pan y al ajedrez, ¿tie-break?”

“Hasta la victoria, siempre” 


Hoy finalizamos con el cuento del periodista, escritor y maestro internacional de ICCF, Juan Antonio Castro Torres.  (primera parte el 14/7/11, segunda parte 16/7/11).


La primera partida, modelo de estrategia superior, donde Raúl llevó los trebejos blancos por los carriles de un complicado juego siciliano. Subyacían infinitos golpes mortales, celadas permanentes. Por más esfuerzos que hicieron ambos por la victoria, el lance inicial terminó en tablas después de cinco horas de lucha y 56 jugadas, casi perfectas, que impidió desequilibrar la puja. 
En la segunda partida, irrumpió arteramente el error, que sumió a Leonor en el mismo espanto que a doña Dulcinea del Toboso frente a las delirantes andanzas de Don Quijote y Sancho Panza. Saliendo de la propia apertura, Guillermo llevando las piezas blancas se extravió, calculó mal y perdió un caballo, sin compensación. Pero Raúl, sin errar, erró. Con su característico estilo, espartano, sólido y seguro, fue consolidando la posición, acrecentando en cada jugada su ventaja material. Lo que no pudo impedir –pese a su famosa frialdad innata para dominar la escena al mejor estilo del “Tolia” Karpov– fue que sus pensamientos de enamorado lo abrumaran, lo envolvieron como un perfume irresistible, mostrándole el escenario futuro donde estaban solo él y Leonor. Grave y humana distracción que le costó muy caro, puesto que, después de un intercambio de peones en el flanco dama que simplificó aún más la posición, Guillermo, zorro viejo de situaciones más que difíciles, con fracciones de segundo en el reloj, sacrificó sus dos últimas piezas menores sobre el rey rival y alcanzó lo increíble: ¡jaque perpetuo!!. Otra vez tablas. Match igualado. Pálido mortal, Raúl quedó sin respiración, desquiciado. 
Apenados pero contentos, contradictorios como corresponde, a partir de ese día, aceptando el curioso destino que les había iluminado la vida, no hubo más intentos por resolver el triángulo amoroso. Lo que sí hicieron de consuno fue, por su innegable influencia en el ambiente ajedrecístico, proponer a las autoridades mundiales de la milenaria disciplina que se eliminen las tablas como resultado posible de una partida de ajedrez, estableciéndose un mecanismo de tie-break (muerte súbita), parecido al que se utiliza en el tenis, o suplementarios como en el básquetbol.
Pero, claro, hasta que la Fédération Internationale des Échecs (FIDE) resolvía la burocrática cuestión de fondo, Leonor, prematuramente y sin dejar descendencia, pasó a mejor vida. Por cierto, con todo el tiempo disponible a su favor, sin las domésticas cuestiones terrenales, continuó ella disfrutando del ajedrez que, como se sabe, también se juega, tanto en el cielo como en el infierno, según lo ha confirmado hace pocas horas la misma diosa Caissa en una reveladora y rica homilía universal, publicada para el mundo por L'Osservatore Romano. 
En tanto, Raúl y Guillermo elaboraron el duelo como pudieron, sin olvidar jamás a Leonor. Justamente, en su honor, todos los años continúan participando del abierto de la Fiesta del Trigo en Leones, en procura de una nueva reina –con una princesa se conformarían– para repetir el triángulo amoroso memorable. Por esas cosas que nos tiene reservado el destino, hasta hoy, no lo han conseguido. Pero, dicen, insistirán mientras haya ajedrez sobre el planeta, con tablas o sin ellas. 

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