miércoles, 4 de enero de 2012

Como manifestación del espíritu, el ajedrez supera las limitaciones de la naturaleza


Lisiados en el ajedrez
En el mundo de las artes suele recordarse que ciertos grandes creadores padecían algún defecto físico, congénito o adquirido. Por caso, el escritor español Miguel de Cervantes, autor de "Don Quijote de la Mancha", es llamado el manco de Lepanto", por haber perdido un brazo en esta famosa batalla, librada en 1571.
También en el ajedrez, que es un arte, se registran estas circunstancias. Sólo son anecdóticas, por supuesto, pero revelan aspectos de la personalidad más íntima, del lado puramente humano de un gran maestro.
El caso del jugador de ajedrez francés Alexandre Deschapelles, nacido en 1780, tiene similitud con el de Cervantes. Deschapelles ingresó a la escuela militar de Brienne, y tenía apenas 14 años de edad cuando entró en el ejército de Sambre -et- Mause. Poco después, en la batalla de Flaurus, una localidad de Bélgica donde se enfrentaron los franceses y los austriacos, Deschapelles fue gravemente herido y perdió la mano derecha. Dado de baja, esta mutilación influyó decisivamente en la vida del joven, que desde entonces se dedicó a la bohemia, viviendo del juego; no solamente ajedrez, en realidad, sino también cartas y dados. Y, lo que es más admirable, jugaba muy bien al billar.
Richard Teichman
Uno de los mejores jugadores alemanes de ajedrez de principio del siglo XX, Richard Teichman, sólo veía con el ojo izquierdo. En su autobiografía, Edward Lasker retrata así a su compatriota: "Teichman era ciego de un ojo, que llevaba cubierto con un parche negro. Tenía un rostro que llamaba la atención, y cuya forma alargada se prolongaba por una espesa barba rubia y una frente de grandes entradas. Rodeado de otros ajedrecistas, se parecía a Wotan en companía de los dioses menores". Para quienes no lo saben, aAclaremos que Wotan, llamado también Odín, era el dios más importante de la mitología escandinava. Al parecer, Teichman no sufría ningún complejo por ser tuerto, y sus rivales, en cambio, se sentían inhibidos en su presencia.
Más cercano a nuestros ámbito geográfico, uno de los primeros campeones de Córdoba, Argentina, José Ignacio Chávez, quedó ciego a los 7 años de edad. Aprendió sin embargo a jugar al ajedrez y fue figura relevante de su tiempo, conquistando el título local en 1925. En realidad, es muy grande el número de jugadores ciegos que compiten en todo el mundo, al extremo de que existe una reglamentación especial, aprobada por la Federación Internacional, para la s partidas en que uno de los jugadores, o los dos, sean no videntes.
El ajedrez, como toda manifestación del espíritu, supera entonces las limitaciones de la naturaleza.

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