viernes, 6 de enero de 2012

En ajedrez la flexibilidad es la prioridad máxima

"Los procesos que pasamos hasta llegar a una conclusión tienen poco que ver con el contenido de las propias decisiones". Así arranca Garry Kasparov el apartado "Proceso vesus satisfacción", de su maravilloso libro "Cómo la vida imita al ajedrez". 

Después de reflexionar sobre las decisiones triviales y las muy importantes, dice que cualquier cambio que hagamos  tendrá su repercusión en todas las facetas de nuestra vida y, en consecuencia, "nuestra forma de tomar decisiones puede ser apropiada para un aspecto de nuestra vida, pero no para otro".
Seguidamente cuenta que su estilo en el tablero de ajedrez "siempre fue agresivo y dinámico, y eso se puede trasladar directamente a mis incursiones en la política ajedrecística y los negocios con, todo hay que decirlo, mucho menos éxito"
"La razón de que jugase un ajedrez agresivo y creyera que no era necesario tomar un desvío es que era un ganador. Trabajaba sin descanso y sólo necesitaba efectuar pequeños ajustes cuando la situación lo requería. Tratamos de adpatar nuestro estilo natural a lo que hacemos (y viceversa) porque al final la realidad objetiva, vencer, triunfar, es lo más importante", reflexiona con contundencia y autoridad. 
Inmediatamente hace una autocrítica de las acciones que ha hecho en política y reconoce que "los movimientos que he de hacer no concuerdan tan perfectamente con mi carácter como lo hacían cuando jugaba al ajedrez". Esta es otra lección que he aprendido del ajedrez: la flexibidad es la prioridad máxima", sentencia. 

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