miércoles, 5 de octubre de 2011

Claudia Amura: El profundo amor por el ajedrez venció al convento religioso

Claudia Amura (26/8/70), una estrella del ajedrez argentino, su máxima figura, casi se convierte en monja en la segunda mitad de la década del 90, meses después de que Anatoli Karpov le ganara el campeonato mundial de la FIDE a Gata Kamsky.  
Madrugar, concurrir a misa, rezar, instruirse y realizar labores según la actividad de cada interna fue su rutina durante casi 6 meses en la orden de las hermanas Mercedarias en la calle Mariano Fragueiro del populoso barrio de Alta Córdoba, en nuestra capital provincial.
En esos meses de fines de 1996 y principio de 1997 Amura reflexionó: “Esto es una búsqueda espiritual. Mi caso lamentablemente se da a conocer porque tuve una trayectoria deportiva dentro del ajedrez. Pero hay tantos jóvenes que eligen esta opción de vida”.
Para que esto sucediera tuvieron que ocurrir diversos hechos: desmotivada, alejada de los centros de ajedrez, distanciada de su novio y defraudada por la Federación Argentina de Ajedrez, se conjugaro para llevarla a tomar la decisión. (Aunque también hubo rumores del acoso de un sacerdote de Merlo, San Luis, para contribuir a esta determinación).
Después, en parte gracias al acoso de los periodistas que le hicieron perder la tranquilidad monacal, luego de la aislada meditación en el retiro vocacional de Córdoba, el camino de su vida volvió a su primer amor,  el del cuadriculado tablero de 64 casillas. Por fortuna para el ajedrez y los ajedrecistas.
Otro hecho importante en el ir y venir de su vida ocurrió en abril de 1999. Claudia sufrió grave un accidente automovilístico cerca de la Carlota, en la provincia de Córdoba, cuando viajaba con sus padres Luis Amura y Bersabet Gramajo, quienes fallecieron en el acto. Claudia se fracturó la cadera, en tanto que su esposo el gran maestro internacional de ajedrez Gilberto Hernández (Méxíco) y su hijo Gilberto Giovanni, que también viajaban en el Renault 9, no sufrieron lesiones de gravedad. Esta vez Caissa, la diosa del ajedrez la protegió.
Debemos recordar que Claudia Amura fue la primera mujer ajedrecista iberoamericana en obtener un título de gran maestra de ajedrez. Se ubicó primera en el Ranking de América y llegó al puesto Nº 12 del Ranking mundial. Ganó 6 torneos sudamericanos, un Continental, y una Medalla de Plata en las Olimpíadas de 1990. Todos estos logros en categorías femeninas del ajedrez.
Hoy, junto a su esposo y sus hijos (Gilberto, Luis, Santiago y Rocio) vive feliz en la provincia de San Luis y sigue trabajando todos los días por el progreso del ajedrez. Algo que las actuales y futuras generaciones de ajedrecistas de la región deben valorar y agradecer.

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