miércoles, 17 de agosto de 2011

¿Para cuando el ajedrez como materia obligatoria u optativa en los colegios?

Las sutilezas espirituales del ajedrez, beneficiaría enormemente el desarrollo intelectual y humano.

El juego de ajedrez es, con toda evidencia, uno de los hallazgos más notables de la cultura humana.  
Se puede jugar al ajedrez como mero pasatiempo. También se lo puede estudiar en forma sistemática, como cualquier otra ciencia. O se pueden componer problemas y finales, como en otras artes.
A ello cabe añadir la utilización del ajedrez como disciplina formativa, durante la niñez y adolescencia. En efecto: El juego ejercita el raciocinio, al exigir un análisis lógico de los procedimientos ganadores; educa la memoria;  que debe recordar secuencias de jugadas y retener posiciones; fomenta la imaginación, para presentarse al futuro desarrollo de las acciones; y ahonda la percepción psicológica, a través de la prevención y el castigo de los errores del adversario.
Como todo juego, además, el ajedrez constituye un universo completo y cerrado, sujeto a leyes inexorables. Se convierte así en un modelo del mundo, que ofrece una amplia gama de elecciones posibles, pero obliga a soportar las consecuencias de una elección equivocada. En este sentido, el tablero brinda también una formación en el orden moral.
La enseñanza del ajedrez en las escuelas es una vieja aspiración de los conocedores del juego y de no pocos especialistas en temas de la educación. Para los últimos grados del ciclo primario y los iniciales del secundario, en especial, el ajedrez sería un valioso aporte.
Existen antecedentes en diversos países particularmente en la Unión Soviética, donde el eminente teórico Vasily Panov preparó los planes y programas de estudio, con señalado éxito. Panov advirtió, sin embargo que el aprendizaje del juego no debía ser obligatorio y que no debía forzarse al niño que no demostrara interés por él. Es natural, ya que todo juego, por definición, debe aceptarse libremente, so pena de ser desvirtuado en su esencia misma. El juego es la máxima expresión de la libertad individual.
Como materia especial, el ajedrez podría ser una opción ventajosa para los estudiantes. a quienes todavía se somete a absurdas clases de trabajo manual, en las cuales se les enseña a fabricar cestos de alambres u otras tonterías por el estilo. Ciertamente, ocupar esas horas en descubrir las sutilezas espirituales del ajedrez, beneficiaría enormemente su desarrollo intelectual y humano.

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