sábado, 3 de diciembre de 2011

Alekhine: Final de la apasionada vida de una leyenda del ajedrez

Finalizamos hoy con "Alekhine, Gloria y drama de un genio", del ajedrez. Recordemos que es un artículo publicado en 1983 por Héctor Luis González en LA VOZ DEL INTERIOR,  de Córdoba, Argentina.
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Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, la posición política de Alekhine apareció poco simpática, puesto que se lo consideró un colaboracionista del régimen nazi. Un artículo periodístico publicado con su firma en París, atacaba duramente a los judíos y hablaba de los engaños de éstos en el ajedrez.
Pero más allá de su agitada y apasionada vida, juzgado ajedrecísticamente, Alekhine fue indudablemente un genio. Tan alto llegó su gloria, que la Unión Soviética, su patria natal, de donde tuvo que emigrar dramáticamente para salvar su vida y con cuya doctrina comunista mantuvo una disidencia inrreductible, en 1956 - diez años después de su muerte- reivindicó su nombre proscripto y lo reclamó como uno de sus hijos más preclaros, organizando un memorial en su homenaje.
Como teórico y didacta fue realmente magistral, legando obras de gran significado, tales como: “Mis mejores partidas”, Nueva York 1924; “Ajedrez hipermoderno” y “mis mejores análisis”, reflejando en ellas un sentido amplio y ecuánime. Lo prueba cuando a pesar de su sentmiento hostil hacia Capablanca sostenido durante tantos años, en los apuntes de sus memorias, refiriéndose al genio cubano, llegó a tratarlo con tal modestia y respeto que alzó sobre su propia reputación: “...Capablanca ha dejado prematuramente el mundo del ajedrez, con su mente se ha perdido al ajedrecista más genial que jamás existió....”.
Su recia personalidad, su talento avasallante y su superioridad deportiva y psicológica los ejerció sobre sus rivales en forma permanente. Nimzovitch llegó a decir “... Nos trata como a principiantes...”, y al respecto vale la anécdota realcionada con un comentario que le hiciera Alekhine al redactor de la revista inglesa Brittish Chess Magazanine, V. Halbert-stadt, mientras ambos observaban la partida de un torneo en la que un maestro arruinaba sistemáticamente su posición. Alekhine, entonces disgustado le susurró al periodista: “Este maestro juega como un conejo”, y luego de una breve reflexión agregó: “ ¡Cómo un conejo enfermo!”.
Alekhine tenía como costumbre presenciar con notable sencillez el desarrollo íntegro de los torneos más insignificantes, sobre todo observaba a aquellos jugadores que era neófitos en teoría, quizás pretendiendo extraer aspectos de la creación natural. Su lema así lo atestigua “... El único objetivo que tiene valor en nuestro juego es la búsqueda de lo bello y lo verdadero....”.
Pero pese a toda la gloria alcanzada, los últimos años de Alekhine fueron realmente amargos. Sin duda los ataques y críticas habían hecho mella en su espíritu a tal extremo que su hábito por la bebida respondía más que al vicio,  a una forma arrebatada de aislarse del mundo exterior.
Merece recordarse un diálogo sostenido con el editor español Ricardo Aguilera en Diciembre de 1944, cuando éste le dijo:
-”Ser campeón del mundo es un orgullo”.
Alekhine respondió:
-”No lo crea usted. Yo no estoy satisfecho. A veces pienso que he perdido mi vida por ese afán de ser el mejor del mundo en ajedrez. Siempre me he sentido con fuerzas para algo más trascendente, más completo.... más adecuado a mis energías. Al fin y al cabo, el ajedrez es un juego; nada más que eso, un juego.... “.
Tal vez estas tristes reflexiones responden a los golpes morales sufrido en el ocaso de su existencia. Y es posible que con respecto a los duros ataques que sufrió, acusado de ser un pro nazi, la verdad haya sido otra. Según el director de la revista especializada Ajedrez Español, Francisco Ojeda Cobos, Alekhine afrontó difultades durante la ocupación alemana.
Tenía una verdadera obsesión por escapar a la influencia nazi. Con motivo de su participación en el torneo de Madrid, en 1943, le solicitó que le gestionara un permiso más amplio para quedarse en la capital española y de allí marchar a América. Este deseo le había sido negado por las autoridades alemanas en 1941 y cuando salía a jugar algún torneo, le negaban el pasaporte a su esposa.
Asimismo, Alekhine se enfadaba sobremanera cuando se le hablaba de aquel famoso artículo contra los judíos publicado en Paris con su firma: “....fue un estúpido periodista. No sé por qué hay personas tan estúpidas; seguramente escribió aquello con mi nombres para dar más fuerza a sus mezquinas pasiones. Lo peor es que no resulta posible rectificar aquella patraña”.
Más allá de las contradicciones que pueden depara aspectos de su personalidad, Alekhine ha sido una de las más grandes figuras de todos los tiempos. Toda una leyenda.

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