viernes, 16 de diciembre de 2011

Victor Korcnoi:un genio de nuestro tiempo

(Sigue de ayer)
Los acontecimientos que siguieron 
Después de Merano 1981, Korchnoi siguió su triunfal carrera ajedrecística, participando nuevamente en el torneo de candidatos de 1983. Luego de vencer en los cuartos de final al húngaro Lajos Porstich debía enfrentar a la esperanza soviética, Garry Kasparov. La FIDE, a través de presidente fijó Padadena (Estados Unidos) como sede del match, pero los soviéticos la rechazaron de plano, aduciendo que era una resolución inconsulta y coercitiva. Korchnoi, mientras tanto, declaraba: “... A la Unión Soviética no le gusta la idea de que Kasparov juegue en los Estados Unidos y están preocupados por la influencia que puede tener el capitalismo sobre él, además la manera soviética de hacer las cosas, amenazan, intímidan, chantajean lo hacen en la política, en el ajedrez, en todos los campos, es parte de un plan de enrarecer el clima del match”.
“Korchnoi es uno de los jugadores más prominentes de nuestros días, pero la Unión Soviética no desea relacionarse con los Estados Unidos más que lo necesario y no desea tampoco que Kasparov sea campeón mundial . Los soviéticos quieren como campeón a Karpov que un día será miembro del Politburo, y es ciento por ciento ruso, miembro de la clase trabajadora y del aparato soviético. En tanto Kasparov es medio judío y representa a la clase intelectual, por ello, a los soviéticos les encantaría que Karpov derrote a Kasparov”.
Finalmente el controvertido asunto derivó en una resolución del presidente de la FIDE, Florencio Campomanes, de mandar a jugar el match, y Korchnoi derrotó a Kasparov por ausencia, quedando oficialmente finalista del certamen de cantidatos.
Sin embargo, a pedido de varias fedraciones internaciones, se convocó a un congreso de la FIDE en Manila y se resolvió negociar nuevamente la realización del match, al igual que el de Smyslov-Ribli que también había fracasado ante la negativa soviética de disputarlo en Abu Dhabi, capital de los Emirtatos Arabes. La FIDE resolvió que si los maestros favorecidos: Korchnoi y Ribli aceptaban jugar nuevamente, era factible la realización de las semifinales. Ambos aceptaron. Trancendió que Korchnoi recibió de parte de los rusos 60.000 dólares para acceder y tácitamente el levantamiento de “boicot”, situación que después del encuentro se produjo y ya Korchnoi en nuestros días compite con los maestros soviéticos.
Así se escribe esta historia, a la que habrá que apuntar que su esposa Bela y a su hijo Igor que cumplió con la condena de desertor al servicio militar, se les permitó a fines de 1982 emigrar de la Unión Soviética. A la semana de su liberación, Bela entabló formalmente la demanda de divorcio en contra de Korchnoi - quién tanto luchó ante los organismos internacionales en pro de su libertad- y en diciembre pasado, Korchnoi fue condenado por la Corte suiza de Ginebra que en su fallo ordenó pagar 30.000 dólares a su hijo Igor que estuvo recluido hasta su exilio en un campamento de trabajos forzados en la Unión Soviética.
La demanda prosperó en mérito a que Igor reclamó el pago de cuatro años de educación universitaria y una compensación por los años y medio que había soportado en el campamento por haberse negado a servir al ejército rojo.
Victor Korchnoi, al salir del Tribunal que le notificó la condena en tono molesto declaró: “Tal vez este sea un agradecimiento por mis esfuerzos para que lo dejaran en libertad..”, refiriéndose a su campaña por los derechos humanos en favor de los disidentes soviéticos. En tanto Igor, lacónicamente dijo: “Mi padre se olvió por completo de mí y de mi madre cuando se exilió en 1976 y sólo nos usó para la prosperidad de su carrera ajedrecística...”. Igor y Bela se radicaron en Suiza el 4 de mayo de 1982 y mantienen relaciones diplomáticas con Victor.
Igor ha comenzado sus estudios de electrónica en la Universidad de Lausanna y su padre siempre acompañado de su secretaria privada, Petra Leeuwerik, prosigue su triunfal trayectoria en el mundo de los trebejos, pero ya en un clima de paz con sus connacionales de otrora, los soviéticos.
Pero más allá de sus adictos y detractores, Victor Korchnoi, ha demostrado ser un genio de nuestro tiempo y un  indomable luchador, dentro y fuera de las 64 casillas.

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