viernes, 30 de diciembre de 2011

Fischer: uno de los jugadores más grandes de todos los tiempos.

Sigo con  mi homenaje al gran periodista Héctor Luis González, con la publicación de la Tercer y última  parte del articulo "Bobby Fischer Jaqueado por su genio", en su columna El ajedrez de la Historia de LA VOZ DEL INTERIOR del 2 de marzo de 1986.
Viene del lunes. (Aquí la segunda parte).

Desde entonces la vida de Fischer resultó un verdadero misterio. Su última aparición en el ambiente ajedrecístico fue en 1973, cuando el actual presidente de la FIDE, Florencio Campomanes, le pagó como honorarios 85.000 dólares para que hiciera la jugada de honor en el Torneo Internacional de Manila.
El 3 de abril de 1975, ante la negativa de poner en juego su título de campeón ante Karpov, fue despojado de éste. Fischer entonces pedía que el match fuera ilimitado y que lo adjudicase quien ganara los diez primeros juegos. La FIDE aceptó a medias la propuesta, estableciendo que sería campeón quien ganara las seis primeras partidas y Bobby no estando de acuerdo rehusó jugar. Sin duda que este reglamento, bastante descabellado, traería más de un problema años más tarde, cuando quedó inconcluso el primer match entre Karpov y Kasparov.
Fischer se recluyó en Pasadena, ingresando a la secta religiosa “La Iglesia de Dios”, donde segun se dice, se dedicó a predicar el Evangelio.
No obstante volvió a ser noticia el 26 de mayo de 1983, cuando la policía de California lo arrestó barbudo y mal entrazado, confundiéndolo con un delincuente. Fischer promovió una denuncia por apremios ilegales apenas fue liberado al día siguiente y escribió un folletín que hoy se vende por correspondencia a un dólar el ejemplar, donde critica la legislación y la “mentira del sistema capitalista.
Si bien a la hora de su gloria había declarado que quería ser más rico que Onasis, Bobby ha despreciado sistemáticamente suculentas ofertas, como para realizar una publicidad de un producto capilar por 600.000 dólares de honorarios, afirmando que él no recomendaría un producto que no usaba y por lo tanto no se prestaría al engaño del público.
También fueron muchos los ofrecimientos de importantes bolsas para disputar matches con Gligorik, Timman, Korchnoi, Karpov y otros, pero todo no pasó de ser una noticia sensacionalidsta con muy poco fundamento práctico.
Tal vez el año pasado se dio la circunstancia más próxima para que se produjera su vuelta al tablero. fue cuando visitó Taxco (México), invitado por un acaudalado mecenas de ajedrez azteca. Insistentemente se habló seriamente del regreso de Fischer a las lides del juego ciencia, sin intervención de la FIDE, pero los premios que exigió -alrededor de 2.000.000 de dólares- fueron excesivos para poderlos reunir. El benefactor mexicano desilucionado optó por financiar el Interzonal y Fischer disgustado consideró esto una traición, por cuanto entendía que aún quedaban márgenes para las tratativas.
Fischer volvió a recluirse en Pasadena y aunque trascendió que ha abandonado la secta religiosa a la que prestó su apoyo durante tantos años, sus días transcurren en el mayor de los silencios.
Bobby ha expresado su odio a la prensa porque se siente molesto con las preguntas y entrevistas; hasta supo agredir a una periodista europea que le sacó unas fotos sin su autorización, también odia a la FIDE porque considera que lo despojó sin motivos de su título de campeón. Persiste en su odio a los soviéticos a quienes denunció como un bloque antideportivo que trata a toda costa de mantener una hegemonía mundial. Y aún debe odiar las tediosas tablas de los grandes maestros de nuestro tiempo, que juegan para no perder, mientras que él jugó siempre a ganar.
Pese a que lleva más de 13 años de retirado, su figura está siempre vigente. Su sombra ha perseguido a Karpov durante su reinado, puesto que Fischer sigue siendo una permanente norma de comparación para todos los grandes maestros. Valga recordar cuando en una ocasión se le preguntó a Karpov si se consideraba el mejor jugador del mundo siendo campeón mundial a pesar de que nunca le había ganado a Robert Fischer, Tolia, respondió con visible disgusto con otra pregunta “...Cómo pueden decir que Fischer es el mejor cuando nunca me ha ganado...”.
Kasparov, también ha opinado sobres Fischer: “... en lo más profundo de mi alma, soy un consumado analista como Fischer, claro que lo siento, yo no tengo la determinación que usó él …”.
Para muchos “Bobby” es un loco, para otros un genio inigualable, pero todos habrán de coincidir que su trayectoria en el tablero lo definió como uno de los jugadores más grandes de todos los tiempos.

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