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viernes, 28 de octubre de 2011

Lasker: matemático, filósofo, dramaturgo y campeón mundial de ajedrez

Ultima  entrega del periodista Héctor Luis González, "Lasker: el eterno rey del ajedrez". (Aquí podes leer la Primerasegunda , tercera  y cuarta parte).

El virtuosismo de Lasker en los torneos fue distinto al mostrado en los cotejos individuales. Los factores extra ajedrecísticos, incluyendo el azar, intervienen en forma más determinante en los certámenes y Lasker, supo eliminar toda esa influencia exponiendo su acrísolado estilo de cabal luchador, entrado en posiciones al borde del abismo y siguiendo caminos de aventura.
En los matches en cambio, evidenciaba una seguridad poco común, y ni bien encontraba el medio en que su rival actuaba en un terreno desagradable apretaba con todas sus fuerzas con un juego arrollador.  Solamente en sus encuentros con Schlechter y Capablanca, se lo notó falto de esa confianza y seguridad de sí mismo. Con Schlechter iniciado el 6 de enero de 1910 en Viena, a 10 partidas, cometió un error en la 5º debiendo inclinar su rey. Schlechter bien llamado el “Rey de las tablas” se mostraba impertubable y así fueron pasando las partidas hasta llegar a la última, ante la algarabía de todos los aficionados locales que daban por hecho que el título pasaría a manos del austríaco. La partida decisiva se jugó entre el 10 y 11 de febrero y Lasker demostró que era realmente un gran luchador. Necesariamente debía ganar ante un rival que se oponía en extremo sólido y seguro, pero Lasker arriesgó tanto, que en cierto momento llegó a estar perdido. No hizo siempre las mejores jugadas, sino las más complicadas, hasta que llevó a su rival al terreno que más le convenía y en el final logró vencerlo, reteniendo el título de campeón que con gallardía ostentaba entonces ya hacía 16 años.
En el encuentro frente a Capablanca, no fue el luchador ni su nivel fue normal, sin disimular la victoria del cubano, que por entonces ya era un genio indiscutible. Pero cierto es que Lasker no pasaba su mejor momento espiritual. Su alejamiento del tablero durante la guerra de 1914, y las causas de orden moral y económico que tanto influyeron sobre él en este período habían, sin duda, socavado su poder de lucha.

La obra de Lasker no se limitó solamente al reducido ámbito del ajedrez, sino que tuvo un alcance mucho más profundo y universal que dejó formulado en sus libros Der Kampf (La lucha), y Das Begreifen der Welt (La comprensión del mundo) además de su opúsculo sobre matemática presentado al Congreso Científico Latino Sudamericano “Tratado de once puntos sobre un plano”. De sus publicaciones  puramente ajedrecísticas, la más popular es el “Sentido común en ajedrez”, aunque la más considerable por su carácter didáctico es el “Manual de Ajedrez” que encierra la exégesis profunda de la Escuela Moderna creada por Steinitz.
El 11 de enero de 1941 enfermo de uremia y falleció en Nueva York en el hospital Mount Sinai, por rara casualidad en el mismo nosocomio que su sucesor a la corona José Raúl Capablanca expirara un año después.
Lasker murió a los 72 años de edad conjugando una extraordinaria personalidad de matemático, filósofo, dramaturgo y acaso la figura cumbre del pensamiento ajedrecístico moderno, fue realmente un ser excepcional, ejemplo y paradigma de virtudes de las generaciones futuras y el nexo preclaro en el tiempo que unió la escuela contemporánea con los precursores de antaño.




jueves, 27 de octubre de 2011

El poder de concentración para el mejor ajedrez de Lasker

Cuarta entrega del periodista Héctor Luis González, "Lasker: el eterno rey del ajedrez". (Aquí podes leer la Primera, segunda y tercera parte).
Los peligros derivados de la declaración de la Segunda Guerra Mundial -era de raza judía- lo hicieron emigrar definitivamente a los Estados Unidos donde pasó los últimos años de su vida. Sus hazañas en el tablero durante medio siglo fueron objeto de numerosos estudios por parte de los más afamados teóricos, que trataron de investigar las causas profundas y complejas de sus triunfos persistentes, muchos de ellos fundados en incorrecciones caprichosas, que con el tiempo se aclararon que algunas no era tales, sino que Lasker conceptualmente había superado en la concepción de juego a toda una generación. Tartakower, el más grande de los comentaristas de principios de siglo, fundamentó el secreto de Lasker, en la simple explicación de que profundizaba una jugada más que sus adversarios con un enorme poder de concentración que le permitía calcular exactamente en cada lance los riesgos propios, en relación a la predisposición rival para el trato de una determina posición. Mucho de ellos era cierto, sobre todo su poder de concentración que quedó patentizado en más de una ocasión. Valga recordar algunas anécdotas como éstas: Cierta tarde del invierno de 1907,encontrándose el doctor Lasker en un café de Berlín, jugando una partida informal con su amigo, el maestro Blackmar, irrumpìó en el local una numerosa banda musical que cruzó por delante del tablero tocando estrepitosamente, mientras Lasker meditaba profundamente su jugada. Al cabo de un rato y cuando la banda ya se había alejando, Blackmar le preguntó a Lasker si se había sentido molesto por la música a lo que el campeón respondió: De que música me habla, nada he oído. También se recuerda la predilección de Lasker por resolver problemas, como ocurrió cuando en 1924, los maestros europeos embarcaron en Hamburgo con destino a Nueva York para participar en el famoso torneo que ganó Lasker. Entre los viajeros se encontraba Ricardo Reti, que además de ser uno de los mejores de entonces, era un notable creador y compositor de finales compuestos. En la primera tertulia que tuvieron los maestros en el comedor del transatlántico, Reti mostró a sus colegas varias de sus composiciones, apareciendo una, como de extrema dificultad para resolverla. El doctor Lasker, muy interesado se empeñó en la solución, a pesar de que Reti le advirtió lo difícil de lograrla. El genio alemán respondió con una sonrisa y aseguró que en pocas horas le traería la solución exacta. Transcurrió el plazo señalado y varios días más, sin que Lasker encerrado en su cabina encontrara la solución del enigma. Pero solamente su tenacidad de verdadero luchador, rayana muchas veces en el capricho, pudo vencer el obstáculo. Por fin después de ocho días de encierro y profunda concentración, ya casi cuando tocaban puerto, el viejo Lasker, cubierta de ceniza, su blanca cabellera, con la mirada somnolienta y su rostro demacrado por el cansancio ofrecía sonriente la solución del problema. Ese mismo final que los más afamados maestros habían calificado de imposible. Vale la pena transcribirlo: Blancas: R1R, P2D, C2AR (tres piezas), Negras: R6AR, P5R, P6D (tres piezas). Juegan las blancas y ganan:  Solución: 1.C1D.R7C 2. C3ARj.R5A 3.C1A.R7C 4.C2T.R8C 5.C4C.R7C 6.C5R.R6C 7.C7A.R6A 8.C5Cj.R5A 9.C6Rj.R6A 10.C4Dj.R7C 11.C5A.R6A 12.R1D.R7A 13.C6R.R6A 14.R1A.R7R 15.C4A.R8R 16.R2C.R7R 17.R3A y se gana.
Mañana la seguimos con Lasker: el rey eterno del ajedrez

miércoles, 26 de octubre de 2011

El triunfo más espectacular de Lasker en un torneo de ajedrez

Tercera entrega del periodista Héctor Luis González, "Lasker: el eterno rey del ajedrez"(Aquí puedes ver la segunda parte)
En 1910 estuvo a punto de perder su título frente al austríaco Karl Schelchter, a quien al vencerlo en la última partida del match, logró igualarlo con una ganada, una perdida y ocho tablas. También a fin de ese año volvió a derrotar a Janovsky en un encuentro celebrado en Berlín (+8-0=3).
La cúspide de su trayectoria ajedrecística se produce en el torneo de San Petersburgo 1914, donde luego del turno preliminar llegó al pentagonal final animado por Capablanca que tenía un punto y medio de ventaja, Alekhine, Tarrasch y Marshall, y Lasker en tan sólo 8 partidas descontó la ventaja original y aprovechó la victoria en la última ronda que le propinó su tradicional adversario Sieberg Tarrasch a Capablanca, ganó la prueba alzándose con el triunfo más espectacular de su carrera. La Primera Guerra Mundial lo afectó sensiblemente en su faz económica y si bien ganó el torneo de Berlín de 1918, debió aceptar exponer su título en La Habana en 1921 ante José Raúl Capablanca quien lo destronó con 4 partidas ganadas, 10 tablas sin que Lasker conociera el almibar de la victoria. Se cuenta que Lasker jugó enfermo este match y afectado por el calor tropial del Caribe. El encuentro lo resignó cuando faltaban aún varias partidas por disputar, pero de ello jamás Lasker habló buscando una excusa a su derrota. Al abandonar su 14º partida, se puso de pie y gritó 3 hurras por el nuevo campeón del mundo, declarando posteriormente “...Si quieren que siga jugando, pongan un hombre, no una máquina de jugar -refiriéndose a Capablanca- …”.
Lasker en La Habana había perdido su título que conservó a través de 27 años -una verdadera epopeya- pero aún no estaba vencido, en 1923 vence en el torneo de Mahrisch Ostrau y en Nueva York 1924 gana uno de los torneos más grandes del presente siglo, aventajando por un punto y medio a Capablanca y Alekhine, además de los maestros más importantes del momento.
Su última gran actuación fue en el torneo de Moscú 1925 donde llegó invicto, segundo de Bogoljobow y aventajando a Capablanca, Rubisntein, Marsahll, Tartakowe, y otros no menos renombrados. Ya en sus últimos años se lo notó en el ocaso de su genio, ubicándose 5º en Zurich 1934, 3º en Moscú 1934, 6º en Moscú 1936 y 7º/8º en Nottingham del mismo año. 

Mañana la seguimos con Lasker: el rey eterno del ajedrez

martes, 25 de octubre de 2011

"En el ajedrez, no cuenta sólo la posición, sino la disposición”

Segunda entrega del artículo del "Avión" González, Lasker: el eterno rey del ajedrez. (aquí puedes ver la primera parte).
A esta altura de su carrera, ya Lasker había forjado su estilo, su tenacidad ilimitada fundamentaba en su gran conocimiento técnico de todas las fases del juego lo hacían un luchador por antonomasia. Rehuía cualquier camino hacía el empate y hasta creaba posiciones inferiores, pero sumamente complicadas para inducir a sus rivales al error. Ya por entonces había puesto en práctica su más importante ley “… En el ajedrez, no cuenta sólo la posición, sino la disposición …”. Se llegó a decir por aquellos años que  Lasker se imponía en todas las partidas ganadas y también en la mayoría de las perdidas.
Su serie de rotundos éxitos le permitieron elevar su desafío oficial al campeón ecuménico Steinitz y el match se celebró en tres etapas sucesivas, en Nueva York, Filadelfia y Montreal comenzó el 14 de marzo de 1894 y finalizando el 13 de mayo con la victoria de Lasker  que ganó 10 partidas, perdió 5 y 4 fueron tablas, regresando a Europa con el flamante título de campeón mundial.
Sin embargo la crítica de entonces no lo reconoció como cabal monarca, aduciendo que había vencido a un campeón mundial como Steinitz, que se encontraba ya viejo y caduco. En 1895 queda tercero en Hasting detrás del Pilsbury y Tchigorin y  esta actuación, acentuó aún más su desprestigio. Pero la reacción del joven campeón no se hizo esperar y en el torneo de Nüremberg en 1896 venció a los maestros más fuertes en su generación, entre ellos Maroczy, Pillsbury, Tarrash, Steinitz, Janowsky, Schlechter y Tchigorin, derrotando también en forma contundente a Steinitz en el match revancha disputado en Moscú en noviembre de 1896 que finaliza con 10 partidas ganadas, 2 perdidas y 5 tablas.
Cuando ganó el torneo de Londres 1899 y Paris 1900 su fama era ya indiscutible, reapareciendo en el certamen de Cambridge Spring en 1904, oportunidad en que ocupó el segundo lugar detrás de Frank Marshall, el astro norteamericano que surgía con su estilo netamente romántico.
Ya por entonces existía con Sieberg Tarrasch, una agria controversia, fruto de la rivalidad deportiva. Tarrasch que se autodenominaba el mejor jugador del mundo venía gestionando infructuosamente un match por el título con Lasker y para demostrar su aseveración desafió a Marshall - vencedor de Lasker en Cambrigde Spring- a un encuentro ganándole por +7-0=1, lo que parecía demostrar su superioridad sobre Lasker. Pero no se hizo esperar la respuesta del campeón que también jugó un match con Marshall y alcanzó aún mejor resultado que Tarrasch, puesto que ganó 8 partidas sin hacer tablas ni conocer la derrota.
En 1906 ganó el torneo de Nueva York y fin de 1908, da la oportunidad a Tarrasch en un celebrado match realizado en Alemania y que dejó vencedor a Lasker por +8-3=5, poniendo término a una larga controversia.
En 1909 expone nuevamente su título frente a David Janovsky en un match, en que más allá de la contundente victoria de Lasker, puso en evidencia lo que se llamó posteriormente “Teoría del adversario”. Lasker estudió a la perfección el estilo del rival -extremadamente agresivo y agudo- y le planteó una lucha en el campo más débil y desagradable: obligar a defenderse a un jugador de temperamento agresivo  y con fundamentos posicionales. De esta forma Lasker al ganar el encuentro declaró: “Janovsky a mi juicio, ha acumulado, cien mil ideas tácticas, las ha ordenado y trata de ponerlas en marcha aplicándolas en las posiciones que se le presenten, pero no tiene esa profunda previsión poscional que es necesaria para hacer aparecer como por encanto la posición deseada. En ajedrez y otras materias no se llega a ser estratega con los medios que se disponga, sino llegando a los límites del poder intelectual, la voluntad y el de ser económico en la concepción. Porque aunque sea largo el tiempo en que se pueda conservar la energía combinativa, la estrategia prevalecerá inexorablemente sobre la táctica”. Mañana la seguimos con Lasker: el rey eterno dela jedrez

lunes, 24 de octubre de 2011

Lasker: El rey eterno del ajedrez

Desde hoy voy a rendir un merecido homenaje a mi amigo Héctor Luis "Avión" González, el máximo dirigente de ajedrez de mi provincia en toda su historia. Lo voy a hacer en varias entregas, ya que son notas muy extensas y en esta época de Internet, Twits, SMS, etc,  me parece que es más lógico así. Todas fueron publicadas en la década del 80 en LA VOZ DEL INTERIOR, principal matutino de mi provincia. (Esto es una muestra cabal de que en una época al ajedrez le dieron la cabida que se merece y hoy da pena ver unas pocas líneas una vez a la semana, cuanto mucho). En fin. Pero vamos a lo más importante, que es la primera parte, dedicada a Emanuel Lasker, interminable campeón de ajedrez. “Asia es el origen de los sueños más deliciosos que ha soñado la humanidad. De allí nace la creencia en lo maravilloso y con ella nuestra inteligencia del poder de una vida inmaterial. Los asiáticos ven la importancia de un ideal puramente fantástico y esta idea había hecho ya presa de ellos cuando produjeron “las mil y una noches” y Hammurah promulgó sus leyes. Empapadas en ese instinto de predilección por la quimera, es que crearon la astronomía, la física, la matemática, una filosofía de la vida y del arte, lo mismo que hombres como Buddah, Zoroastro y Confucio. Pero finalmente, porque los pueblos de Asia exageraron sus ilusiones, es que sus fuerzas se convirtieron en debilidad. Es tal vez comprensible que la realidad material que despreciaban no les pareciese digna de un examen minucioso. Entonces apareció Bacón y demostró que los europeos que es el objeto de la observación y del experimento corregir los errores de la teoría y de la fuerza imaginativa. Desde entonces los modernos pueblos, dedicando sus no interrumpidos esfuerzos a lo real y apartándose sin escrúpulos de lo esencialmente especulativo, han conseguido superar a la civilización asiática. De lo mucho que nos han legado los pensadores de Oriente no es lo menos importante la invención del juego de ajedrez. La idea dominante de éste nos enseña la importante misión que tiene la inteligencia como directora de las fuerzas en lucha, ya sean estas vivientes como en la guerra, o como en el ajedrez muñequitos de madera que se mueven en un tablero según reglas establecidas. El inventor del juego hace tiempo que ha sido olvidado. Es evidente que siendo un filósofo poseía además el genio de la guerra. Hizo don a la humanidad de un juego agradable. en el cual pueden ponerse con facilidad a prueba disposiciones estratégicas. Si bien emitió esulpir en él su nombre construyose un monumento de existencia imperecedera....”
(De la conferencia dictada en Buenos Aires el 24 de julio de 1910 por el doctor Emmanuel Lasker).
Tan formidables conceptos sobre el juego ciencia fueron expresados por el más grande pensador que ha tenido el ajedrez de todos los tiempos. Las relevantes condiciones de su intelectualidad se condensaron en una apreciación filosófica del hombre que está buscando el más allá fundado en una enseñanza noble.
La Escuela Moderna o Escuela de Posición fundada por Wilhelm Steinitz, que respondía al movimiento universal del pensamiento humano producido por la revolución industrial, tuvo dos grandes puntales que la desarrollaron: Sieberg Tarrasch y Emmanuel Lasker. El primero poseedor de una tendencia ortodoxa que procuró solamente la verdad ajedrecística a través de la ciencia fría de la teoría y Lasker, que la concibió como una tendencia eminentemente filosófica, creando la Escuela Psicológica, cuyos resultados fueron evidentemente superiores. Lasker superó la época del posicionismo esquematizado en un plano unilateral y subordinó la obsesión de la acumulación de la pequeña ventaja al vuelo de la imaginación ofreciendo una fuente inagotable de nuevos conocimientos en la técnica y el análisis.
Emmanuel Lasker nació en Berlinchen - barrio de Berlín- el 24 de diciembre de 1868. Siendo niño inició la práctica activa del juego junto a su hermano Bertoldo que logró la categoría de maestro sin llegar a destacarse mayormente. A los 17 años finalizó sus estudios de matemática y filosofía en Ladsberg, perfeccionándose en las universidades de Berlín, Gottinga, Heidelberg y Erlange donde se graduó como doctor en filosofía, matemática y metafísica, dedicándose a la labor docente en la que resultó descollante siendo distinguido por los notables dictados de sus cátedras en las universidades de Machester y Leipzig.
Su carrera ajedrecística la inicia en 1888, obteniendo su primer éxito en el torneo de Kaiserhof al año siguiente, en agosto de 1889 se clasifica segundo en Amos Burn en Amsterdam, aventajando a figuras consagradas como Mason y Gunsberg. En 1890 disputa matches con destacados valores imponiéndose en todos en gran forma: Mieses (+5-0=3); Bird (+7-2=3) y Englisch (+3-0=2) y finaliza segundo en el torneo de Graz. 
En 1891 se  impone en matches a Lee (+2-0=1); y en 1892 gana en extraordinaria forma el torneo de Londres superando a los mejores jugadores ingleses. También derrota en matches a Blackburne (+6-0=4) y nuevamente a Bird (+5-0=0).
En 1893 es contratado para dictar cátedra de filosofía y matemática en varias universidades de los Estados Unidos y participa en el torneo de Nueva York donde obtiene el primer premio aventajando nada menos que a Showalter, Pillsbury y Albin. También disputa varios matches en los que resulta vencedor, frente al campeón español Golmayo (+2-0=1), Vázquez (+3-0=0), Ettinnger (+5-0=0) y Showalter (+6-2=2). Mañana la seguimos con Lasker

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