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viernes, 9 de septiembre de 2011

El espíritu de colaboración de Erich Eliskases

Un caballero sin egoísmo
La mayoría de los ajedrecistas conocemos gran parte de la trayectoria en el tablero de ajedrez de Erich Gottlieb Eliskases. 
Desde su gran salto al estrellato, allá por 1932 al vencer en un match a Rudolf Spielmann, a quien volvió a ganarle en 1936 y 1937, consagrándose campeón de su país, hasta su retiro, brilló en múltiples torneos. 
Seguro que tu sabes de las condiciones técnicas de este Caballero del Ajedrez. Hoy te voy a contar sobre su permanente espíritu de colaboración para con el ajedrez de todo el mundo. 
Ya desde muy joven, en 1935, Eliskases se convirtió en el analista de Max Euwe, en el match que el holandés le arrebató el título a Alexander Alekhine. 
Para le revancha, en 1937, Alekhine contrató los servicios de Eliskases y ganó aquel célebre match por el amplio  scorer de 10 ganadas, 4 perdidas y 11 tablas, demostrando que su derrota anterior sólo había sido un traspié en su fulgurante carrera. Este fue el último match que Alekhine jugó por la corona mundial. 
Conocedor profundo de la técnica del juego de ajedrez, el Caballero Eliskases ha sido considerado como uno de los teóricos más notables de todos los tiempos. Su bagaje de conocimientos de los secretos del tablero, han merecido el respeto y la consideración mundial 
Tan es así que los más calificados de los cultores del juego ciencia recurrieron en múltiples ocasiones a su sapiencia para los análisis y estudios de partidas de ajedrez. La gran promesa latinoamericana, Henrique Costa Mecking, lo llevó de analista - entrenador en oportunidad de obtener el título de Maestro Internacional en el torneo Interzonal de Túnez.
La Federación Argentina de Ajedrez (FADA) también utilizó sus importantes servicios para acompañar a jóvenes valores en torneos internacionales y como capitán del equipo olímpico, además de que numerosas publicaciones de prestigio internacional requirieron de sus colaboraciones en comentarios de importancia teórica. 
Por lógica, el ajedrez de Córdoba lo incorporó y su influencia y enseñanzas, exentas de egoísmo, fueron factor preponderante para el progreso de jóvenes figuras que se proyectaron en el orden magistral, como Máximo Ramadán Gómez, Rodolfo Redolfi, Osvaldo Bazán, Guillermo Soppe, Raúl Monier, entre otros. Todos, eternamente agradecidos de este Caballero del Ajedrez.

lunes, 2 de mayo de 2011

Evolución de los relojes de ajedrez

Primero, de arena, luego mecánicos y hoy digitales. Sin ellos las partidas serían interminables. 

Hasta mediados del siglo XIX, cada jugador podía meditar sus movimientos todo el tiempo que quisiera. Algunos maestros famosos, como Adolph Amderssen y Ludwig Paulsen, por ejemplo, solían demorar más de una hora para decidir una jugada, lo cual irritaba a los rivales y aburría al público. Las partidas debían suspenderse para almorzar o cenar y se prolongaban exageradamente.
En 1841, cuando se midieron el campeón británico Howard Staunton y su colega francés, Pierre de Saint - Amant, un cronometrista registró los tiempos de reflexión de cada jugador, pero sólo a título informativo. Sólo veinte años más tarde, en el cotejo de Anderssen contra Ignaz von Kolisch, cumplido en Londres, se estableció un límite de tiempo reglamentario: Cada maestro debía ejecutar 24 movimientos en dos horas. Un árbitro llevaba la cuenta, con un reloj común.
En 1862, en el certamen de Londres, se introdujo otra novedad: a cada jugador se le proporcionó un reloj de arena, que tardaba media hora en vaciarse. En ese lapso tenía que realizar determinado número de jugadas. El mismo sistema se utilizó en el torneo de París, en 1867, pero pronto fue abandonado.. Los inconvenientes eran muchos: la humedad ambiente, por ejemplo, alteraba la velocidad de la caída de la arena. Luego de cada jugada el maestro debía colocar en posición horizontal y muchas veces, cuando le tocaba volver a jugar, lo daba vuelta, distorsionando el computo.
 Los dobles relojes mecánicos comenzaron a utilizarse en el torneo de Londres de 1883. El inventor fue el industrial Thomas Wilson, de Manchester, y el equipo consistía en dos esferas montadas sobre una barra doblada en ángulo de 30º. El reloj que se mantenía horizontal era el que funcionaba, en tanto el otro, inclinado, se detenía. El invento fue patentado con el nombre de "relojes de ajedrez a péndulo visible".
Un año después, otro inventor inglés mejoró el modelo, añadiéndole un registro de la cantidad de jugadas realizadas y una alarma que advertía el cumplimiento del término fijado. Sin embargo, la novedad no tuvo demasiado éxito.

Fue un relojero alemán, Gustav Herzog, el que diseñó los relojes que todavía se utilizan en muchas competencias de la actualidad. Como se sabe, constan de dos esferas y de un sistema de palancas que permite detener una de ellas y poner en marcha simultáneamente la otra. Fueron inaugurados en el torneo de Leipzig, en 1894. La bandera, flecha o aguja que señala los últimos cinco minutos y que cae al cumplirse la hora,  añadida en 1899, fue una idea del secretario de la federación holandesa.
En nuestro. país, el alemán Walter Bock, patentó el reloj diferencial "Walbo". Consiste en un cilindro lleno de líquido denso, dentro del cual se desplaza, por simple gravedad una bolita de acero. En realidad, el principio es similar al de los relojes de arena y, por falta de precisión, estos relojes se utilizan solamente para partidas informales.
En los últimos años han empezado a fabricarse relojes digitales para ajedrez, que posen la ventaja de su gran precisión y de su marcha silenciosa. Algunos modelos traen contador de jugadas incorporado, luz de alarma y diversas otras mejoras.

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