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viernes, 3 de agosto de 2012

Gioacchino Greco, “El calabrés”, marca la supremacía italiana en el juego.

El ajedrez italiano, que ejerció un indiscutible liderazgo durante todo el siglo XVII, tuvo su máximo exponente en el genial jugador y teórico Gioacchino Greco.

Fue conocido por el apodo de “el calabrés”, debido a que nació precisamente en Celico, cerca de Cosenza, Calabria, en el año 1600. Era de  familia humilde, y recibió muy poca o ninguna instrucción, pero pronto reveló un xtraordinario talento para el ajedrez y resolvió hacer del juego su medio de vida. Muy joven, se radicó en la ciudad de Roma, donde su habilidad con los trebejos le valió la protección de varios nobles prelados de la curia pontificia, como el cardenal Savelli. A sus benefactores dedicó el libro titulado “Tratatto del nobilissimo giocco de scacchi”, publicado en 1620.
Al año siguiente, Greco viajó a Francia, donde fue acogido generosamente por el duque de Lorraine, en su corte de Nancy. Ganó muchísimo dinero jugando al ajedrez y el duque le hizo traducir su libro al francés, tarea que estuvo a cargo de Guillaume Ancel.
Luego, se trasladó a París, y allí derrotó a los mejores jugadores galos, entre ellos el duque de Nemours y el señor Chaumont de La Salle. Acumuló una verdadera fortuna, pero tuvo la desgracia de ser asaltado cuando se dirigía a Londres, llegando a la capital inglesa sin un centavo.
Pero muy pronto rehizo sus finanzas, siempre merced a su absoluta superioridad frente al tablero. En Londres, se midió con Nicholas Mount Stephen y otros fuertes maestros británicos, a quienes venció sin mayor dificultad. El ya famoso libro de Greco fue vertido también al idioma inglés.
Regresó a París, en 1624. Poco después, fue recibido en la corte española y jugó con los ajedrecistas de renombre, en presencia del rey Felipe IV. Volvió más tarde a Nápoles, que, como hemos dicho, era la capital ajedrecística de Italia y del mundo, prosiguiendo su carrera triunfal. Hasta su muerte, Gioacchino Greco fue considerado virtual campeón del mundo.
Los últimos años de su vida son bastantes oscuros: En Nápoles, trabó amistad con un gentilhombre español, quien lo entusiasmó con la idea de venir a América, la gran quimera de aquellos años. Greco aceptó la invitación y aquí murió, en 1634. Todos sus bienes, adquiridos gracias a su genio ajedrecístico, fueron heredados por los padres jesuítas.
El célebre libro de Greco no es exactamente un tratado, a pesar del título; se trata más bien de una antología de partidas brillantes ampliamente comentadas. La colección permite apreciar las principales características de la escuela italiana, cuya base era un pronto desarrollo de las piezas, aun a costa de sacrificios de peones en la apertura, es decir, a costa de gambitos.
La obra fue impresa innumerables veces, hasta el siglo XIX, en todas las lenguas europeas. Todavía hoy conserva su interés, en todas las lenguas europeas. Todavía hoy conserva su interés, ya que pone de manifiesto la riqueza imaginativa del genio renacentista, y deleita con la belleza de sus combinaciones.
“El calabrés” marca el punto más alto de la supremacía italiana en el juego. Luego de su muerte, Nápols continuó siendo por bastantes años el centro ajedrecístico, pero ya se insinuaba una decadencia que se acentuó con el correr de los años. 
A fines del siglo XVII, como preanunciando un nuevo momento trascendental de la cultura humana (la revolución de 1789), la primacía en el ajedrez también fue asumida por Francia.




jueves, 31 de mayo de 2012

Decisiva acción de los italianos para la promoción del ajedrez en Europa

Podemos considerar probado que el ajedrez nació en la India, a fines del siglo VI de la era cristiana, con el nombre del “chaturanga”. Luego pasó a la antigua Persia, donde fue llamado “chatrang”, y su etapa primitiva concluye con la invasión musulmana que funda el califato de Bagdad, en cuya corte el juego se denominó “shatranj”.
Los árabes llevaron después el ajedrez a España, país que -juntamente con Italia- son los polos de irradiación del juego hacia el resto de Europa. La expansión europea se cumple alrededor del año 1000, a pesar de la resistencia de la jerarquía eclesiástica que, en un primer momento,miró con desconfianza esta invención de los infieles.
La influencia española se ejerció, sobre todo, a través de los manuscritos árabes, que contenían las reglas del juego y también problemas y finales compuestos. Más tarde, un rey católico, Alfonso X El Sabio, compiló el primer tratado integral de ajedrez, ampliamente divulgado en todo el mundo de entonces.
Italia, por su parte, difundió el ajedrez por medio de sus mercaderes que recorrían continuamente las comarcas vecinas, llevando productos de la industria y la cultura. Gracias a ellos, el juego fue conocido en el sur de Alemania, Austria y Francia y también en lo que actualmente son los países balcánicos.
En Alemania, la referencia más antigua sobre el ajedrez se halla en un poema escrito en latín, que se supone a principios del siglo XI y fue encontrado en el monasterio de Tergernsee, localidad de Baviera. La obra narra las negociaciones entre dos monarcas, posiblemente el rey de Francia, Roberto II el Piadoso, y el emperador alemán Enrique II, quienes efectivamente conferenciaron en el año 1022.
Según el autor, un emisario de uno de los reyes va a la corte del otro, portador de una propuesta de paz. Antes de hacerlo pasar, el chambelán lo desafía a jugar una partida de “ludus scacchorum” (nombre latino del ajedrez). El enviado acepta, pero enseguida advierte que su rival juega muy mal, entonces, diplomáticamente, se deja ganar. Así consigue llegar hasta el rey enemigo, quien acepta el tratado de paz y, antes de despedirlo, lo invita también a jugar, pero apostando una fuerte suma de dinero. Como ya había logrado su propósito el astuto embajador, pone esta vez en práctica todo su dominio del tablero, gana la partida, y regresa de su misión habiendo concertado la paz y ganado el dinero de la apuesta.
Otro manuscrito, conocido como “poema de Einsiedeln” porque fue descubierto en otro monasterio, sito precisamente en ese lugar de Suiza, describe minuciosamente el tablero y las piezas del juego y lleva por título “versus de Scacchis”, es decir, “versos sobre el ajedrez”. En esta obra, el tablero ya aparece escaqueado, con las casillas alternativamente blancas y negras. En cambio, los elefantes árabes todavía no se han convertido en Obispos, sino que se los llama “condes”; de todos modos, ya tienen una forma que sugiere la de los modernos alfiles. El primer ministro del shatranj se denominó “fers”, pero ya representa, como en el juego moderno, a la reina o la dama.
La acción de los italianos fue decisiva para la introducción del ajedrez en la europa meridional y central. Pero se debe a los vikingos su difusión en Holanda, norte de Francia, Gran Bretaña, Irlanda y hasta la remota Islandia. Grandes viajeros y conquistadores, los vikingos fueron también notables civilizadores.

jueves, 19 de abril de 2012

Singular expansión del ajedrez en Rusia

Ya hablamos de la expansión del ajedrez en Europa alrededor del año 1000, y dijimos que el centro más importante, desde el cual se propagó a todo el viejo continente, fue sin lugar a dudas España, dominada en ese tiempo por los árabes.
Sin embargo, es sumamente singular el caso de Rusia, país donde el juego-ciencia tiene una tradición milenaria, hecho que explica en gran medida la preponderancia de los ajedrecistas soviéticos en nuestra época.
En efecto: Existe la teoría de que ajedrez fue conocido tempranamente en lo que hoy son las repúblicas soviéticas del Cáucaso, por influencia directa de los asiáticos. Esta teoría es difícilmente comprobable, pero de todos modos abundan los indicios de que a la antigua Rusia llegó directamente el chaturanga hindú o, a lo sumo, el chatranj persa, y no, como al resto de Europa, el juego en su versión árabe.
Los historiadores analizan tres posibles vías de penetración del ajedrez a Rusia. La primera es la invasión de los mongoles, en el siglo trece, hipótesis unánimemente descartada, ya que dicha invasión fue particularmente sangrienta y destructiva y no buscaba precisamente civilizar; además hay evidencias suficientes de que los rusos ya jugaban al ajedrez mucho antes de esa terrible incursión de los bárbaros del Asia.
La segunda posibilidad es que ajedrez viniera a Rusia desde Bizancio, donde el juego, con el nombre de de “zatrikión” se practicaba desde el siglo V. Algunos autores, entre quienes se encuentra el propio Murray, discuten también esta teoría, que es sin embargo bastante aceptable si se repara en que los príncipes de Kiev celebraron, en el año 907, un tratado de paz y amistad con los soberanos de Constantinopla, lo que dio lugar a un intenso intercambio cultural. Es verdad que la iglesia rusa (que, como todas las iglesias, condenó originalmente al juego) hace referencia en sus escritos al “shajmaty” introducido por los árabes a Europa, pero ello no excluye la posibilidad de una doble fuente, a través de Bizancio primero, y por medio de los árabes después.
La tercera vía es la del tráfico comercial entre los rusos del principado de Kiev y los distintos pueblos con quienes mantenían provechosas relaciones. Acaso sea la suposición más acertada y al que mejor admite que el ajedrez, ya difundido en numerosas naciones, fue traído a Rusia desde diferentes países, en una acción concurrente y que, su generalizado prestigio extranjero, fue prontamente aceptado por el inteligente y orgulloso pueblo ruso. De hecho, hay testimonios de que los zares fueron entusiastas ajedrecistas, y es sabido que le famoso Ivan el terrible, fue asesinado cuando se hallaba absorto en una partida de ajedrez.El nombre de las piezas, en lengua rusa, ofrece particularidades que inclinan a sostener la múltiple influencia de diversos pueblos en su difusión. La dama, por ejemplo, se denomina “Firz”, evidente derivado de “Farzin”, como se llama entre los persas el “ministro”. El rey recibe el nombre de “károl”, que alude al emperador Carlomagno, arquetipo de monarca de la edad media, circunstancia que revela una clara vertiente de Europa Occidental. Los alfiles se designan con la palabra “slon”, traducción del vocablo árabe “fil”, que significa “elefante”, lo que acredita cierta herencia musulmana. Y, por último, las torres son llamadas “lad´ya”, que literalmente quiere decir “barco”: Para este fenómeno hay una explicación pausible: Una dinastía del principado de Kiev era de origen normando, vale decir, vikingos, pueblo navegante por excelencia, que también habría dejado su huella en el ajedrez de Rusia.  

viernes, 24 de febrero de 2012

Sorprendentes similitudes del ajedrez y la democracia

El juego de ajdrez, como se sabe, tiene unos mil quinientos años de antiguedad. Fue creado en la India, cuando el sistema universal de gobierno era la monarquía. Por esto, no es extraño que la pieza principal del juego, sea el Rey.
El juego de los reyes, que es también el rey de los juegos, puede sin embargo ser interpretado como una representación de la moderna democracia. El primer lugar, porque una partida es una lucha de ideas, donde se combate, pero sin violencia. Una concepción se opone a otra, y prevalece la más inteligente; a veces, ambos bandos tiene sus razones, igualmente valederas, y la partida es tablas: Como cuando distintos sectores de la ciudadanía concilian intereses contrapuestos, para beneficio de la sociedad en su conjunto.
Frente al tablero, cada jugador ejecuta un movimiento por vez. Luego le toca el turno al rival. Esta alternancia se parece al diálogo democrático, donde nadie tiene derecho a ser silenciado y todos pueden hacer escuchar sus opiniones. En el ajedrez no hay un monólogo del más fuerte; tampoco, en la democracia.
Durante la partida, cada jugador está obligado a prestar la misma atención a sus propias jugadas y a las jugadas del adversario. Unas y otras están relacionas. Así ocurre en la vida democrática, donde los puntos de vista de los demás son respetados y tenidos en cuenta, a la hora de adoptar las deciones. Es más: En el juego, si uno subestima los planes del rival, seguramente, suele perder el poder en las elecciones siguiente.
Para el desarrollo de la partida, cada jugador dispone de una amplia gama de alternativas: Puede elegir con plena libertad el camino que le parezca más adecuado para el logro de su victoria personal. En una sociedad democrática, existe igualmente una diversidad de opciones, que se denomina “pluralismo”: Muchas posibilidades, que conviven armoniosamente entre si. Sin embargo, en el ajedrez hay ciertas limitaciones: Determinadas jugadas están prohibidas, porque violan el reglamento del juego. Otro tanto sucede en la democracia: Cada uno puede ejercer su libertad, pero dentro de un marco perfectamente definido de antemano: La Constitución y, en general, la ley.
Por eso, la libertad no es ni puede ser absoluta. En el ajedrez, si un jugador viola el reglamento y pretende realizar jugadas ilegales, destruye el ajedrez mismo. Y en la vida de un país, si un partido o un gobierno viola la constitución o permite que ello ocurra, destruye a la democracia misma.
Esto implica que, tanto en el juego como en la democracia, hay y debe haber diversidad, pero siempre dentro de un acuerdo básico sobre determinados principios, que son casi sagrados: en el ajedrez, es el reglamento; en la democracia, es la Constitución.
La práctica del ajedrez resulta, pues, un valioso auxiliar para la formación individual y social del ciudadano. Así lo ha comprendido el actual gobierno democrático, al introducir el juego como materio de estudio en las escuelas.

lunes, 20 de febrero de 2012

Ajedrez: compañero para los solitarios, consuelo para los desesperados y medio de salvación para los viciosos.

Recapitulando nuestras última entregas, recordemos que el ajedrez, en su forma primitiva, fue creado a fines del siglo VI de la era cristiana, en el noroeste de la India, donde recibió el nombre de “chaturanga. Muy pronto fue conocido en Persia, con la denominación de “chatrang”, y desde uno y otro reino se expandió a lejanos países del Asia y, algo más tarde, también a Europa.
Estamos, por lo tanto, en la primera mitad del siglo VII. Mientras los soberanos de la India y de Persia rivalizan en la práctica de un juego inventado para distraer su ociosidad, en Arabia está gestándose uno de los movimientos religiosos y políticos más trascendentales de la historia: El Islam. En efecto, en el año 622, Mahoma se retira a Medina, episodio que  se conoce como “la hégira” y es el año cero del calendario musulmán. Dos décadas más tarde, los califas Omar ben Al – Jutar y Alí ben Abu-Tulib, conquistan a Persia en nombre del Islam y, en 652, es destronado el rey Cosróes, último monarca de la dinastía sasanidu, quien precisamente había sido el introductor del ajedrez en sus dominios, según la tradición y los testimonios históricos. 
Es decir que, a sólo medio siglo de su aparición, el ajedrez se ve sometido a una influencia que sería enormemente significativa para su futuro desarrollo y evolución: La influencia de la civilización musulmana. Cabe apuntar que el Islam tomó del judaísmo un profundo rechazo de toda forma de idolatría, y como el juego se practicaba en Persia con figuras que reproducían la figura del rey, del consejero, etcétera, atrajo de inmediato la atención y la desconfianza de los califas islámicos. 
En la Persia ahora dominada por los árabes, que la gobernarían durante siglos desde el califato de Bagdad, el todavía incipiente juego del ajedrez, el chatrang, toma un nuevo nombre, que es una segunda deformación del original: se llamará, en lo sucesivo, “shatranj”
Pese a las sospechas de la jerarquía musulmana, el juego continúa siendo el favorito de las clases cultas, aunque para evitar persecuciones fundada en la figura de las piezas de ajedrez, éstas comienzan a ser estilizadas, como las modernas, de modo que apenas conservan algún rasgo que sugiere los diversos protagonistas de la batalla. 
Los árabes serán los primeros en estudiar científicamente el juego, circunstancia que no puede sorprender si se repara en que fueron también destacados matemáticos y filósofos. Los propios califas y sus cortes adoptaron el juego del shatranj. Y ya a fines del siglo VII, uno de ellos, Al-Mutuz, era tan entusiasta que no admitía que se le interrumpiera durante una partida, ni siquiera para atender urgentes asuntos de estado. Su hijo, ben Al-Mutuz, escribió un hermoso poema en el que exalta las virtudes del ajedrez, poniendo de relieve que es un compañero para los solitarios, un consuelo para los desesperados y un medio de salvación para los viciosos. También subraya su utilidad en el arte de la guerra y su condición de juego científico. 
Los religiosos no llegaron a prohibir el shatranj, pero sí, que se lo jugara por dinero. Es posible que existiera, durante algún tiempo, cierta aprensión contra el juego, considerado acaso (como ocurrió después en Bizancio) un resabio de las disipadas costumbres de los destronados reyes infieles. Los propios califas ocultaban a los extraños su afición al juego y se cuenta que, cierto día a mediados del siglo VIII, el soberano Jisham Umáyad estaba enfrascado en una partida cuando le anunciaron la visita del embajador de Siria. Antes de hacerlo pasar, el califa mandó cubrir el tablero con un lienzo. Cuando el embajador se presentó en la sala, tras los saludos de estilo, Jisham Umáyad lo interrogó acerca de los principios fundamentales del Islam, comprobando que el sirio los desconocía por completo, ya que era cristiano. Entonces, el califa ordenó dejar nuevamente a la vista el tablero y continuó tranquilamente la partida de ajedrez. 

miércoles, 15 de febrero de 2012

Descubre el encanto del ajedrez chino

Cuando el chaturanga, en el proceso de expansión desde la India, fue conocido en China, se produjo un fenómeno muy interesante, cual es la creación de un nuevo juego, impropiamente denominado “ajedrez chino”.
Sabemos que, desde tiempos muy remotos, los chinos jugaban al go y también a otro juego con piezas diferenciadas –tipo ajedrez- llamado “siang-chi”. Según Antonio van der Linde, que hace un más de un siglo escribió una “historia y literatura del ajedrez”, la expresión significa “juego de las figuras”. Al parecer, este juego tradicional, el siang-chi, unido al chaturanga que llegaba desde la India, dio nacimiento al “juego del río”, verdadera designación del “ajedrez chino”.
El tablero del ajedrez chino presenta la particularidad de que, entre ambas mitades del mismo, en sentido horizontal a los  jugadores, existe una franja divisoria llamada, precisamente, “río”, ambos bandos se hallan, entonces, separados por una imaginaria corriente de agua, una disposición frecuente en las batallas clásicas. Lo mismo que en el juego del go, las piezas no se colocan en el centro de las casillas sino en las intersecciones. De tal manera, el  tablero del ajedrez chino cuenta con nueve intersecciones horizontales y diez verticales, divididas en dos campos por el “río” central. Además, el sector que corresponde a nuestras casillas uno rey, dos rey, uno dama y dos dama, de cada lado, recibe el nombre de “ciudadela” o “fortaleza” y, como veremos a continuación, el rey y la dama no pueden salir de ese recinto.
Fichas grabadas
Las piezas no tienen diferentes formas, como en nuestro ajedrez. Sino que son fichas que llevan grabados el nombre de la figura correspondiente. Cada jugador dispone de dieciséis fichas, unas blancas y las otras rojas. El rey blanco se llama “gobernador” y el rey negro o rojo, “general”; se ubica en la intersección central de la primera línea, es decir, en el borde del tablero, entre las que serían nuestras casilla uno rey y uno dama.
Ambos reyes son flaqueados por los “consejeros, que hacen las veces de nuestra dama,  con el detalle de que son dos, se colocan también al borde del tablero más próximo a cada jugador, entre las casillas que en ajedrez individualizamos como uno rey y uno alfil rey, por una parte, y uno dama y uno alfil dama, por la otra. Al lado de cada consejero, y en dirección al correspondiente extremo del tablero, como en el ajedrez occidental, se ubican luego los caballos, y los “carros de guerra”, estos últimos equivalentes, como en el chaturanga, a las modernas torres. 
La segunda línea queda libre y, en la tercera, se ponen dos piezas enteramente originales de la China; los cañones. Su lugar es la intersección de las casillas dos torre, tres torres, dos caballo y tres caballo, en cada flanco. En la cuarta línea, por último, se ubican cinco soldados, o peones, dejando una intersección libre entre cada uno de ellos. 
El rey, llámese general o gobernador, puede moverse y capturar como en le ajedrez, pero sólo dentro de la ciudadela; la dama, o consejero, que como dije son dos, se desplazan sólo un paso en diagonal, como en el chatrung persa, y tampoco pueden abandonar la fortaleza: Son, por lo tanto,  piezas sumamente débiles. El movimiento de los alfiles es igual que en el chaturanga: en diagonal, dos intersecciones por vez, pero sin la facultad de saltar por encima de las otras piezas; además no pueden cruzar el río, únicamente se mueven dentro de su propio campo. Los caballos actúan como en el ajedrez, aunque con una diferencia fundamental: su movimiento se realiza en dos tiempos, primero se desplaza una intersección, horizontal o verticalmente, y en la jugada siguiente se aleja otra intersección en diagonal; en consecuencia, no puede saltar. Las torres tienen el movimiento que conocemos y, como en el chaturanga, son las piezas más poderosas del juego. 
Los cañones, por su parte, se mueven de la misma manera que las torres, pero sólo pueden capturar a una pieza enemiga situada detrás de otra pieza propia o rival, figurando así el disparo del cañón, que pasa por arriba las trincheras. En cuanto a los soldados, mientras están en su propio campo avanzan y capturan de a una intersección y siempre verticalmente; pero, cuando atraviesan el río y penetran en territorio enemigo, mueven y capturan de un paso en sentido lateral, a derecha o izquierda. No existe la coronación del peón ni, desde luego, nada parecido a la captura al paso. 
La partida se define por mate, como en el ajedrez, pero también gana el jugador que deja al general o gobernador adversario en posición de “ahogado, al revés de lo que sucedía en el chatrang persa. 
El juego del río es el predilecto de la mayoría del pueblo chino. Las clases cultas prefieren el go y, en los últimos 50 años,  creció el interés por el ajedrez occidental.

lunes, 13 de febrero de 2012

La sutileza del ajedrez atrae a los intelectos cultivados.

Ya comenté que el chaturanga hindú, forma primitiva del ajedrez moderno, fue llevado a Persia en tiempos del rey Cosroés, es decir, a fines del siglo sexto de nuestra era, y que allí adoptó e nombre de “chatrang”.
Por cierto, no fue Persia el único país hacia donde se difundió el chatruanga; el juego fue muy pronto conocido en toda Asía, ya sea por medio del intercambio comercial o de las guerras de conquista frecuentes en aquella época. De hecho, donde quiera que hubiera una civilización importante, surgió y se desarrolló también el ajedrez. Con razón dice Harry Golombek, en su “Historia del ajedrez”, que “el juego y la civilización vienen de la mano, en parte porque su sutileza atrae a los intelectos cultivados, en parte porque sus connotaciones bélicas coinciden con pasiones humanas todavía más fundamentales”.
Una de las vías de expansión del chaturanga fue la ruta que atraviesa Afganistan y Pakistán, llegando hasta el territorio de Uzbekistán. La importancia de esta vía reside en que por ella el juego habría llegado tempranamente a Rusia y, desde ahí, al resto de Europa. Descubrimientos arqueológicos parecen confirmar las aseveraciones del jugador e historiador Ivan Savénkov, quien en 1905 publicó en Moscú una monografía titulada “Evolución del juego de ajedrez”, donde señala que el chatrang ingresó a Rusia desde Persia., en los últimos años del siglo VI.
Otra posible trayectoria  para la difusión del chaturanga fue el camino que, partiendo del sudeste de la India, conducía a las tierras ocupadas por los malayos, hasta Borneo, Java, Sumatra, y todo lo que hoy se conoce como Indonesia. En nuestros días, todavía se practica en esas regiones un juego muy parecido al viejo chaturanga, cuyo nombre, “main chator”, muestra esa derivación, ya que en malaya “main” significa “juego” y “chator” es una visible deformación de la palabra chaturanga.
Naturalmente, desde el noroeste de la India el chaturanga pasó enseguida al Tibet, donde recibió el nombre de “chandaraki”. Algo más demoró en llegar también hasta las enormes extensiones dominadas por los mongoles, aunque éstos más bien parece que introdujeron el chatrang desde Persia, a juzgar por la palabra que usaron para denominar el juego, que fue “shatara” o “shatir”, según la tribu que se considere.
Si bien los antiguos griego no conocieron el ajedrez, si se lo encuentra, por supuesto, entre los bizantinos. Se presume que el chatrang persa fue llevado a Constantinopla a comienzos del siglo IX, bajo el reinado del emperador Nicéforo I, de quien se sabe que era aficionado al juego. En Bizancio, el ajedrez fue bautizado con el nombre de “zatrikion”. Otro soberano, Alexis I, quien ocupó el torno a fines del siglo XI, también jugaba con sus amigos íntimos, según los revela en el llamado “Alexíada” su hermana, la princesa Ana Commena.
Merece señalarse que, entre los bizantinos, el ajedrez tenía bastante mala fama, ya que se lo consideraba un producto de la ociosidad y el vicio imperantes en la corte persa. No faltaron quienes, por asombroso que nos parezca hoy, atribuyeron al juego un carácter lujurioso, ofensivo para la rígida moral de la iglesia ortodoxa. Y a tales extremos llegó el celo de la jerarquía eclesiástica, que entre las normas destinadas a los sacerdotes figuraba una expresa prohibición de jugar al zatrikion, condenado junto a los dados, la bebida y otros excesos.
Particularmente curioso es el proceso que sufrió el chatruanga cuando fue conocido en la China, ya que dio nacimiento a un juego muy diferente, el “juego del río”, mal llamado también ajedrez chino. Este será tema de la próxima entrada.



miércoles, 8 de febrero de 2012

¿Cuándo se dijo "jaque mate" por primera vez?

En entradas anteriores vimos que el juego denominado “chaturanga” surgió en la India alrededor del siglo sexto de nuestra era y que, por sus características propias, constituye la forma primitiva del ajedrez moderno. 
Cuenta la tradición que el soberano indio Devisaram quiso poner a prueba la inteligencia de sus vecinos persas y envió al rey Cosroés el tablero y las piezas del chaturanga, finamente talladas en dieciséis esmeraldas y dieciséis rubíes, pero sin añadir explicación alguna, desafiándolo a que dedujera las reglas del juego. El monarca persa, perplejo, llamó a un sabio consejero llamado Vuzurjmir, quien,  tras una noche de estudio, no sólo descubrió el movimiento de las piezas y las leyes del chaturanga, sino que inventó a su vez una variante, un nuevo juego. Cosroés, entonces, devolvió el reto a su colega hindú, mandándole la novedad junto con riquísimos obsequios. 
Mas Devisaram no logró descifrar las claves del juego creado por el sabio persa, y esa humillación fue el castigo a su altanería. 
Leyendas al margen, lo cierto es que, gracias al intercambio comercial de la época, el chaturanga fue llevado a Persia, donde recibió el nombre de “chatrang”. La primera referencia se encuentra en el poema titulado precisamente “Chatrang.námak”, escrito a fines del siglo séptimo o principios del octavo. 
No es, en concreto, la única composición literaria que alude al milenario juego de ajedrez. En los famosos “Rubáiyat”, del conocido poeta Omar Jayam, se halla un hermoso cuarteto que puede traducirse aproximadamente así: 
En un tablero de noches y de días, 
El destino con los hombres juega; 
Así los lleva, los trae, los jaquea
Y, uno tras otro, los retira. 
El tablero de ajedrez se presenta aquí como una metáfora del mundo, donde los hombres serían meras piezas movidas por una inteligencia superior. En ese texto se inspiró el poeta argentino Jorge Luis Borges para componer sus célebres versos:
También el jugador es prisionero (la sentencia es de Omar) de otro tablero
De negras noches y blancos días; Dios mueve al jugador y éste, la pieza:
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonía.
El chatrang, es decir, el ajedrez persa, también es reiteradamente propuesto en las obras de los escritores de la época, como modelo de genio militar. El poeta Unsuri, por ejemplo, elogia a su protector, el príncipe de Gazni, diciendo: 
El soberano jugó al ajedrez contra cien reyes
Y a cada uno dio mate en forma diferente. 
Según las fábulas persas, el ajedrez ya habría sido conocido en tiempos del rey Artajir, o sea, en el siglo III después de Cristo, pero no existen testimonios fidedignos que lo ratifiquen. La mención aparece en el poema épico “Karnámak”, pero seguramente pertenece al reino de la fantasía.
El chatrang se jugaba igual que el chaturanga indio. Únicamente varió el nombre de las piezas, ya que el rey se llamaba, lógicamente “sha”; el ministro recibió el nombre de “farzin”; el elefante fue denominado “pil”; los caballos eran llamados “asp”; los carros de asalto eran los “ruj” y los soldados, finalmente, fueron bautizados “piyadaj”. Pero hay dos detalles que vale la pena mencionar: En primer lugar, que el rey y su ministro no tenían ubicación fija, sino que era costumbre que el jugador de mayor fuerza, o el de clase social más alta, eligiera cuál de las dos casillas centrales de la primera línea ocuparían un y otra pieza. 
La otra curiosidad es que, cuando un jugador atacaba al rey de su rival, se lo advertía diciendo simplemente: “Sha”, y de allí deriva la palabra “jaque”. Y cuando el rey enemigo no tenía escapatoria, el jugador victorioso exclamaba: “Sha mat”, es decir “jaque mate”, que literalmente significa “muerte al rey”.

miércoles, 3 de agosto de 2011

La batalla del ajedrez a distancia

de Las bodegas de la Diosa Caissa (Segunda nota) 
Por Juan Antonio Castro Torres (*) 
Paul Keres
La disputa de ajedrez a la distancia, por correspondencia, también produce, literalmente hablando, partidas de notable factura técnica, donde la fantasía suele volar muy alto. La estrategia luce distinta, profunda y creativa, a la par de la electrizante táctica que la ejecuta hasta el jaque mate o hasta que el adversario inclina su impío rey. A nadie importa si algunos toman vodka o tequila y otros grapa o caipiriña, hasta altas horas de la madrugada, para poder encontrar la verdad y la belleza de la obra de arte en construcción que puede llevar años para concluirla. El ajedrez se practica desde hace siglos. Notables maestros como Paul Keres, Jhonatan Penrouse, Gennady Nessis, Ulf Anderson, incluidos los campeones del mundo Alejandro Alekhine y Anatoli Karpov la alternaron durante muchos años de sus exitosas vidas deportivas. Incluso, el mismo Alekhine afirmó que, en buena medida, debe al ajedrez postal su formación teórica. Esta modalidad permite, además del estudio objetivo y en soledad, profundizar las posiciones sin la perturbación concreta que significa la presencia del rival a un palmo de sus narices, en un local a veces inadecuado y con la tortura del reloj taladrando el cerebro. También en el ajedrez postal desaparecen los factores psicológicos presentes en el juego en vivo porque, frecuentemente, no se conoce ni la cara del ocasional contrincante. Y es legal consultar cuanto libro de teoría o práctica a cada cual le plazca. De todos modos, lo que lo iguala al ajedrez en vivo, es que siempre, agazapado, está el error humano que le da vigorosa vida a nuestro querido juego. En Córdoba tuvimos la suerte de contar por muchos años con el GMI Erich Eliskases, un Caballero del Ajedrez, excepcional jugador nacido en Austria que alternó las dos modalidades, realizando brillantes partidas a través del ajedrez por correspondencia. Para los que no lo recuerdan, en materia teórica, la defensa Francesa se profundizó y se puso de moda en 1834 en el match por correspondencia entre los mejores jugadores residentes en Londres, Inglaterra y París, Francia. Lo mismo sucedió con el contragambito Albin, según Ludeck Pachman, que se originó en una partida por correo que jugaron entre 1940 y 1943, Toth y Balogh, en el marco de un campeonato internacional. Y hay muchos otros ejemplos valederos del aporte a la teoría a través del ajedrez a distancia. El Dr. Rey Ardid, famoso campeón español de ajedrez del siglo pasado afirmó al respecto: “Más de una vez he insistido en mis escritos sobre la utilidad de este tipo de juego no solamente para los aficionados, sino también para los maestros que perfeccionan su estilo al estudiar con el máximo detalle las aperturas, profundizar los planes del medio juego y analizar los finales cuanto sea preciso para superar íntegramente sus dificultades y sutilezas. La teoría del ajedrez debe al juego por correspondencia la solución de numerosos problemas pendientes y no son pocas las partidas y de posiciones jugadas por correo que pueden verse en los modernos tratados, en los que se refutan variantes tenidas antes por correctas o se confirman de un modo definitivo su excelencia o su debilidad”. (en la próxima nota: En los albores del ajedrez postal) (*)Periodista, escritor y MI (ICCF)

martes, 2 de agosto de 2011

Las bodegas de Caissa, la diosa del ajedrez

Ajedrez y evolución del hombre ad eternun
(Primera nota) Por Juan Antonio Castro Torres (*)
 El ajedrez es como la mejor bodega del universo y sus planetas aledaños. Sus toneles y cubas de fina madera y gruesas bridas de acero son infinitas, incontables, milenarias, y atesoran las mejores bebidas escanciadas y por escanciar. Creada y renovada ad eternum por la diosa del ajedrez: Caissa,  está allí toda la mejor historia de la evolución del hombre en el esplendor del pensamiento abstracto, Baco incluido. Vinos de mesa, pateros, finos oportos portugueses, champagne francés, varietales argentinos, coñac añejado por siglos, whisky de lo más profundo de las cruzadas escocesas, encontraremos según el gusto y el deleite de cada uno de los mortales que tratan de tu o de usted a este juego del ajedrez, que sigue y sigue como la sombra sigue al hombre. De cada tonel, un cuerpo casi perfecto, colores primarios, perfume diferente para todos los paladares, tácticos o posicionales, románticos o eclécticos. Está el vino de mesa tan popular que bebe aquel que a la tercera jugada de su partida más importante de ajedrez tira un jaque “por las dudas de que sea mate” o el licor para paladares exquisitos que sueñan con su propia “Siempreviva”, al estilo genial de Anderssen cuando lo dejó patitieso a Dufresne al promediar el siglo diecinueve. ¿Qué no son dos, las bodegas? A poco andar, por infinita, pese a que la descubrimos hace siglos, encontramos que no es una, sino son dos (¿tal vez más?) las bodegas de la diosa del ajedrez, para que nadie quede afuera de la humana embriaguez del conocimiento sobre el tablero escaqueado. Son muchos quienes las conocen, y no por bebedores, en sus laberintos más profundos. Podrán discutir con igual razón cual es la que interpreta mejor la gran sinfonía del misterioso juego, pero todos saben que en ambas reside la verdad del ajedrez más profunda, diversa y, por artística, desmesuradamente bella. La más conocida, por cierto, es aquella donde los catadores de Caissa se encuentran frente a frente, descorchando diagonales con los astutos alfiles y columnas abiertas con las pesadas torres, a suerte y verdad y sin otros atributos que el conocimiento almacenado en su propia cabecita, constreñidos a jugar ajedrez en un espacio de tiempo limitado por un aleatorio reloj, con guillotina incluida. No hay duda, es la más deportiva que ha trascendido culturalmente hasta nuestros tiempos. Pero ahora nos abocaremos a la otra, la que practican aquellos que, por distintos motivos, se enamoraron del juego de ajedrez por carta y no lo abandonaron jamás. (en la próxima nota: La batalla del ajedrez a distancia) (*)Periodista, escritor y MI (ICCF)

sábado, 4 de junio de 2011

viernes, 3 de junio de 2011

Valor intrínseco y simbólico de las piezas

Las piezas del juego de ajedrez son de carácter simbólico. Para jugar una partida, carece de importancia que estén hechas de madera o de material plástico, por ejemplo. Basta que el tamaño y la forma permitan distinguirlas bien unas de otras. Lo que importa es la función de cada pieza.
Sin embargo, un determinado conjunto de piezas puede poseer otra clase de valor: un valor intrínseco, cuando está fabricado con materiales preciosos; un valor artístico como objeto, si ha sido tallado por un gran artista; un valor arqueológico, si es muy antiguo y revela algún aspecto de la evolución del ajedrez; un valor histórico, cuando con esas piezas jugaron grandes campeones; y hasta un valor sentimental, si se halla asociado a acontecimientos de nuestra vida personal.
En la Edad Media, los juegos de ajedrez eran siempre hechos a mano; no existía la producción en serie y los orfebres ponían todo su esmero en moldear las piezas una por una. Además, el ajedrez estaba reservado a las clases nobles y acaudaladas, de modo que las piezas eran construidas con frecuencia en marfil, esmalte, oro, plata y piedras preciosas. Cada príncipe, cada señor, quería poseer el juego más lujoso, y así nacían verdaderas joyas, que eran motivo de especiales disposiciones en los testamentos.
Los historiadores registran, para citar un caso, un juego de ajedrez primorosamente tallado en cristal de roca, que se conserva en un museo español. Se sabe que perteneció a conde Ermenegildo I de Urgel, en Cataluña, quien lo legó a un convento religioso luego de su muerte, acaecida en el siglo XII.
Abundan los testimonios acerca de parecidos legados, por parte de monarcas, cardenales y otros dignatarios de esa remota época.
Menos valor material, pero mucho mayor valor arqueológico, tiene el juego de ajedrez descubierto en 1831, en la Isla de Lewis, en el mar del Norte.
Un labrador encontró, en forma casual, un cofre que contenía setenta y ocho piezas labradas finamente en colmillo de morsa. Las blancas contenían el color natural del marfil, en tanto que las otras estaban esmaltadas de rojo. Se trata de piezas figurativas, en las cuales el rey, por ejemplo, figura sentado en su trono, debajo del cual hay un dragón alado. Estos trebejos han hecho suponer, con fundamente, que los vikingos ya conocían el juego hace, por lo menos, mil años.
El valor estético, escultórico, de un juego de ajedrez, no se limita a los tiempos antiguos. En nuestros días, un artista como el norteamericano Roy Shifrin se inspiró en el sentido bélico de la partida y elaboró un estupendo conjunto de piezas de bronce. Pero, modernizando la simbólica batalla del tablero, ha convertido a los caballos en tanques, y a los alfiles en piezas de artillería. El rey es, simplemente, el general en jefe que comanda el ejército.
En el club Argentino de Ajedrez, de Buenos Aires, se conserva el juego utilizado en 1927 por Alexander Alekhine y José Raúl Capablanca., en su cotejo por el campeonato del mundo. Las piezas son de madera, pero su valor radica en que fueron tocadas por dos glorias del ajedrez.
En cuanto al valor sentimental de un juego, baste señalar el caso de Robert Fischer, el genio norteamericano que se consagró campeón mundial en 1972. En su retiro todavía guardaba las modestas piezas de material plástico que le compró su madre, cuando tendía seis años, y con las cuales aprendió a jugar.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Ajedrez y boxeo en un sólo encuentro.

¿Qué tienen en común el boxeo con el ajedrez?. Muy poco (para mi nada). Pero la mente humana es capaz de imaginar diferentes variantes y por eso a alguien se le ocurrió inventar el chess boxing, o "ajedrez boxeo" en español-. Es una mixtura que combina el ajedrez y el boxeo. La estrategia de este deporte había sido imaginado en 1992 por el dibujante de cómics Enki Bilal. Fue Iepe Rubingh quien llevó el concepto a la práctica en la primavera del 2003.
El reglamento: Las bases de un encuentro entre 2 oponentes consiste en 11 rounds por los cuales se van alternando el boxeo y el ajedrez, empezando con 4 minutos de partida de ajedrez y seguido por 3 minutos de boxeo. Entre cada round hay una pausa de un minuto, durante las cuales los competidores cambian su vestimenta. La modalidad de ajedrez es la blitz, en las cuales los competidores disponen un total de 12 minutos. Los competidores pueden ganar por nocaut, jaque mate o una decisión tomada por los jueces cuando los 12 minutos de un oponente se han terminado.
El deporte es controlado por la Organización Mundial de Chess Boxing (WCBO, por sus siglas en inglés). El primer campeonato mundial tuvo lugar en Ámsterdam, en el 2003, el campeón fue Iepe Rubingh. Más datos aquí.
A continuación un video de José Sánchez Amén, un costarricense que piensa debutar este año en la disciplina.

jueves, 5 de mayo de 2011

54 mil euros por juego de Spassky - Fischer

La casa estadounidense de subastas Philip Weiss ha adjudicado en 76.275 dólares (alrededor de 54.000 euros) el juego de piezas que emplearon Bobby Fischer y Boris Spassky en la tercera partida del Campeonato del Mundo que disputaron en Reykjavik (Islandia) en 1972.
Durante el 'match del siglo' sólo se emplearon dos juegos. Uno para todo el encuentro –que se encuentra en el Museo del Ajedrez de Islandia- y otro para la tercera partida, que se jugó a puerta cerrada después de que Fischer perdiera la primera y no se presentase a la segunda.

lunes, 28 de marzo de 2011

Profundas reflexiones sobre el juego ciencia

"Dios mueve el jugador, y éste, las piezas”/ Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?

La filosofía ha tratado de explicar, desde hace siglos, por qué existe un juego tan perfecto como el ajedrez. Más precisamente, lo que se busca establecer es cuáles han sido los motivos que impulsaron al hombre a crear este juego.
Lo primero que debe recordarse, es que el ajedrez proviene de Oriente. Lo más probable es que los hindúes le hayan dado su forma definitiva, a partir de un esbozo de origen chino. Ciertas características del pensamiento y de la cultura oriental, pues, han sido invocadas para justificar la invención del ajedrez.
Así, se ha señalado que, en la cosmogonía china, la Tierra era representada por un cuadrado, y el espacio se concebía como una serie de cuadrados yuxtapuestos. El tablero del juego de ajedrez, responde con exactitud a estos conceptos.
El número cuatro, por otra parte, que da su nombre al cuadrado, también ha servido para bautizar al juego. En efecto, “ajedrez” deriva del sánscrito “chaturanga”, y quiere decir “cuatro fuerzas”. Se refiere a las fuerzas que componen el ejército, o sea, los elefantes o alfiles; los caballos; las torres o carros de asalto; y la infantería o peones.
El valor simbólico del cuatro es muy importante en todo el pensamiento antiguo, no solamente en Oriente sino también en Grecia, cuna de la filosofía occidental. Los elementos primordiales son cuatro: agua, tierra, aire y fuego; las estaciones del año son cuatro; también son cuatro las edades de la vida humana; cuatro los puntos cardinales, etc.
Cuadrado y círculo perfecto 
La figura del cuadrado, que Platón consideraba perfecta, al igual que el círculo, tiene un carácter estético, sugiere orden y equilibrio. El célebre sicoanalista suizo Carl Jung sostiene además que el modelo cuaternario significa lo intelectual y racionalista, y tales rasgos son propios del juego de ajedrez.
Si el tablero es, de alguna manera, un símbolo de la tierra misma, las piezas representan la humanidad. El hombre de la antigüedad pensaba que nuestro planeta era como un tablero y que Dios jugaba con los hombres, reducidos a meros trebejos en sus manos. Según esta imagen, que niega la libertad humana y pone todo destino a merced de la voluntad de Dios, un ser superior determina nuestros actos. El hombre habría inventado el ajedrez para imitar a Dios, para trazar el destino de las piezas, para olvidar su propia esclavitud y ejercer una ficticia omnipotencia.
Esta fascinante idea fue expuesta ya en el siglo XII, por el poeta persa Omar Jayam. El argentino Jorge Luis Borges ha reelaborado dos sonetos sobre el tema, donde dice, refiriéndose a las piezas:
“No saben que la mano señalada /Del jugador gobierna su destino”; y, enseguida, agrega: “También el jugador es prisionero/(la sentencia es de Omar) de otro tablero/ De negras noches y blancos días. /Dios mueve el jugador, y éste, las piezas”/ Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?.
Asombroso juego, el ajedrez, que puede provocar tan profundas reflexiones.

sábado, 19 de marzo de 2011

B I E N V E N I D O S


El Rey de los juegos
  
Bienvenidos a esta página Web, que pretende ser un espacio para todos los amantes del Ajedrez. Y cuando digo para todos, me refiero no sólo a los calificados protagonistas de torneos ciegos por sumar indefinidamente puntos ELO, sino también a los jugadores de café, a los profesores, a los periodistas, a los entrenadores, a los promotores y las instituciones relacionadas con la actividad.

En fin, los devotos de este maravilloso juego, TODOS tienen su espacio en este ámbito emocionante, apasionante, absorbente, estimulante, excitante, y difícil de desentrañar, donde sin ninguna duda esta actividad es una manifestación de la cultura. 


Pero, seguro, no es toda la cultura.

Se puede jugar al ajedrez como mero pasatiempo o como actividad competitiva para llegar a la cima de la Diosa Caissa. También se lo puede estudiar en forma sistemática, como cualquier otra ciencia. O se pueden componer problemas y finales, como en otras artes.

A ello cabe añadir la utilización del ajedrez como disciplina formativa, durante la niñez y adolescencia.  En efecto, ejercita el raciocinio, al exigir un análisis lógico de los procedimientos ganadores; educa la memoria; que debe recordar secuencias de jugadas y retener posiciones; fomenta la imaginación, para presentarse al futuro desarrollo de las acciones; y ahonda la percepción psicológica, a través de la prevención y el castigo de los errores del adversario.

Asimismo, la práctica competitiva del juego de ajedrez, puede conducir a un extremo indeseable: Cuando un jugador cree que el ajedrez es todo en la vida, y sólo busca conseguir victorias, desvirtúa en realidad la esencia misma del juego.

Es incomparable el deleite que nos produce un plan, una idea, una combinación que hace brillar el tablero; en fin, toda la concepción bella de una partida.

Demasiado juego para ser una ciencia y demasiada ciencia para ser un juego. No recuerdo donde (me agarró el alemán!) leí en una oportunidad que el ajedrez es “la más bella de las artes, la más compleja de las ciencias y el más exhaustivo de los deportes”. Para que más.
 Este es mi concepto del Ajedrez. A esto no voy a renunciar.

En algunos idiomas, el ajedrez se llama "juego del rey". De lo que no cabe duda, es que se trata del rey de los juegos.



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