Ya nos hemos referido al libro de Alfonso el Sabio e hicimos notar que, luego de muchos años de ser visto con recelo, el ajedrez pasó a ser utilizado como parábola de la vida humana, con intención moralizante.
Esta valorización del juego, entendido ahora en una doble dimensión lúdica y simbólica, alcanza su máxima expresión en una obra titulada “Líber de Móribus hóminum et offídis nobilium super ludo scacchórum”. o sea “Libro sobre las costumbres de los hombres y los oficios de los nobles, a partir del juego de ajedrez”. Su autor fue un monje dominico llamado Jacopo da Cessole, que predicó a fines del siglo trece y a comienzos del catorce, y cuyos sermones, recogidos por sus discípulos, constituyen el libro. Conocido en toda Europa por medio de manuscritos, fue editado en 1473, es decir, apenas veinticinco años después de que Gutenberg inventara la imprenta. El libro se tradujo a varios idiomas y fue, durante siglos, la obra capital de la literatura ajedrecística, contribuyendo enormemente a la difusión del juego.
Cabe destacar que, como lo hemos mencionado en notas anteriores, Italia se convirtió, junto con España, en foco de irradiación del ajedrez. Esto, no puede sorprender a nadie, si se repara en que Dante Alighieri, el inmortal autor de “La divina comedia”, fue contemporáneo de Jacopo da Cessole, y si se recuerda que Italia estaba destinada a ser, cien años más tarde, la cuna del Renacimiento. El juego, en particular, había llegado por diferentes vías, entre las cuales debemos señalar la vinculación con España, el comercio con el cercano Oriente y la conquista de Sicilia por los normandos.
“El libro sobre las costumbres de los hombres y los oficios nobles, a partir del juego de ajedrez”, sintéticamente llamado “Ludus “Scacchorum”, está dividido en cuatro tratados. El primero de ellos comprende tres capítulos, donde se narra la invención del juego y se explican sus fundamentos morales. El segundo abarco cinco capítulos, dedicados a la significación del rey, de la reina, los alfiles, los caballos y las torres, que son los nobles. Recalquemos que es la primera vez que se llama “reina” a la pieza originalmente conocida como “ministro”, y que los alfiles, si bien mantienen su denominación árabe, ya son similares a los “obispos”. El tercer tratado, de ocho capítulos, se refiere a la gente común, el pueblo, o sean los peones; y el cuarto también de ocho capítulos, expone el movimiento de las distintas piezas. Una recapitulación y un epílogo, cierran el volumen.
La popularidad de esta curiosa obra se debió, sobre todo, al ingenio del fray Jacobo da Cessole para comparar las distintas piezas con los personajes de la vida real. Se trata, claro está, de los personajes de aquella época, vistos a través de una organización social que hoy nos resulta difícil de entender. Así, por ejemplo, cada peón figura determinada clase de trabajadores, ocupados en los oficios que la moral de la edad media reservaba a los plebeyos, por juzgarlos indignos o impropios de la nobleza. Sorprende hallar a los escribanos en la misma categoría que los tenderos, y a los cirujanos y boticarios, asimilados a los herreros y los labradores.
Da Cessole brinda una versión sobre el ajedrez, completamente fabulosa y carente de todo sustento histórico.
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jueves, 10 de mayo de 2012
miércoles, 28 de marzo de 2012
Nuevo podio de Belgrano en torneo nacional de ajedrez
Lanzamiento de la 7ma temporada de la Liga Nacional de Ajedrez
Como ya nos tiene acostumbrado, el Club Atlético Belgrano dejó bien altos los pergaminos del ajedrez cordobés al finalizar en el tercer puesto en el torneo mixto (hombres y mujeres) en el lanzamiento de la 7ma temporada de la Liga Nacional de Ajedrez, que se disputó en las instalaciones del club Obras Sanitarias de la Capital Federal.
Estuvo en juego la Copa Día de la Memoria, y de esta manera el ajedrez argentino rindió tributo a la conmemoración del 35° aniversario del 24 de marzo de 1976.
El conjunto celeste (con 14,5 puntos) estuvo integrado por Guillermo Soppe, Matías Halac y Julieta Romano, y compartió el tercer lugar con el conjunto representativo del club organizador. La prueba fue ganada por el equipo de del Círculo Ajedrez de Moreno, integrado por los maestros Lucas Liascovich, Ernesto Real de Azua y Florencia Fernández que se adjudicó la competencia de manera invicta, a lo largo de las siete ruedas, totalizando 17 puntos sobre los 21 posibles que hubo en juego. Segundo finalizó República Martelli (con los maestros Andrés Rodríguez, Diego Valerga y Marisa Zuriel), con 15,5 puntos, entre 35 equipos participantes.
"Todos los lanzamientos de temporada tienen su particularidad, este año, el séptimo desde la fundación de la Liga Nacional de Ajedrez, me permite ratificar que este tipo de certámenes, por equipos y con el agregado mixto, integrando a hombres y mujeres, les gusta mucho a los jugadores. Reunir en una competencia por equipos a 35 planteles, y que más de un centenar de ajedrecistas se sumen a la conmemoración de un nuevo aniversario del último golpe militar para disputar la Copa Día de la Memoria, me deja muy contento", dijo el ingeniero Mario Petrucci, titular de la Liga Nacional de Ajedrez.
La competencia, que se extendió durante seis horas, se desarrolló por sistema suizo a 7 ruedas, con un ritmo de juego de 12 minutos más 3 segundos adicionales desde la 1a jugada.
Posiciones finales:
1°, Círculo de Ajedrez Moreno, 17 puntos
2°, República Martelli, 15,5
3os., Obras Aysa y Belgrano de Córdoba, 14,5
5os., Martelli Juvenil y Ushuaia Jaque Mate, 13,5...
-Pincipales posiciones sobre 35 equipos participanttes.
lunes, 26 de marzo de 2012
Enorme prestigio de los maestros de ajedrez árabes
Sabemos ya que el ajedrez surgió en el siglo sexto, en la India, conde recibió el nombre de “chaturanga”, que pronto fue llevado a la antigua Persia, siendo denominado allí “chatrang”; y que, cuando el islamismo inicia su conquista del mundo conocido entre los años 650 y 800, los árabes adoptan el juego, lo rebautizan “shatranj” y lo estudian sistematicamente, convirtiéndolo en juego-ciencia.
De ahí en más, y por espacio de siete siglos, el ajedrez, permanecerá estrechamente ligado a la historia de la nación árabe y al crecimiento y posterior decadencia del imperio musulmán. Todavía a fines del siglo XV y principios del XVI, cuando ya el poderío moro se desvanece tras la caída de Granada en manos de los Reyes Católicos, algunos maestros árabes gozaban de enorme prestigio como eximios ajedrecistas. Mencionaremos sólo a dos.
Uno de ellos fue el célebre Aladino, a quien sus contemporáneos llamaron “Ali Shatranyi”, es decir, Alí el ajedrecista. Miembro de la corte del emperador mongol Timur, se sabe que jugaba varias partidas simultáneas a ciegas, con asombrosa habilidad, y ha dejado un bello manuscrito que contiene numerosos problemas de su invención. En el prólogo a esta obra, Aladino, expresa con encantadora modestia: “He puesto mi vida, desde que tenía quince años, entre los grandes maestros del ajedrez de mi tiempo, y desde esa época hasta ahora, en que he llegado a la madurez, he recorrido el mundo enterio y me he encontrado allí con muchos maestros de este arte, y he jugado con todos ellos, y gracias al favor del Altísimo, he salido siempre victoriosos”.-
El último de los grandes ajedrecista teóricos árabes fue Muhámad Sukáikar. También jugaba a ciegas y se cuenta que, en cierta ocasión, lo hizo contra el sultán Suláiman, en Estambul. Durante la partida, cambiando de lugar una pieza cuando le tocaba jugar a su rival. Al advertirlo, Sukáibar dijo “Bien. Ya que es el sultán quien me ha hecho esto, no tengo más remedio que aceptar la situación y seguir jugando lo mejor posible; pero, si mi adversario hubiera sido cualquier otro, yo habría acudido al sultán en demanda de justicia”.
Pero nos hemos adelantado mucho. Estamos en el siglo ocho, cuando los árabes invaden a Europa y llevan consigo el Shatranj, un juego todavía jóven y en el plena etapa de formación.
Como hemos vistos en notas anteriores, el Chaturanga indio, penetró a Rusia casi simultáneamente que a Persia. Pero esta limitada expansión posiblemente hubiera acabado con el juego, de no mediar la feliz circunstancia de su difusión en Europa Occidental, donde el ajedrez encontró mentes capaces de perfeccionar las reglas y hacer progresar al juego, dotándolo de la agilidad y el inagotable interés que adquiriría con el correr de los siglos.
Los árabes eran un pueblo guerrero y su religión les mandaba conquistar a los infieles y llevarles la palabra santa del Corán. Ya en siglo ocho, los califas están instalados en Granada, Córdoba y Sevilla, donde gobiernan sabiamente, realizan obras arquitectónicas que todavía hoy podemos admirar, como la Alhambra, y convierten a España en el gran centro cultural de su tiempo. Un gran escritor ibérico, Vicente Blasco Ibáñez, ha dicho en su memorable novela “La Catedral”: “Era una expedición civilizadora más bien que una conquista (...) aquella cultura jóven y vigorosa, de rápido y asombroso crecimiento, que vencía apenas acababa de nacer; una civilización creada por el entusiasmo religioso del Profeta, que se había asimilado lo mejor del judaísmo y la cultura bizantina, llevando además consigo la gran tradición india, los restos de Persia y mucho de la misteriosa China. Era el Oriente que encontraba en Europa.-”
El Oriente, agregamos nosotros, traía la numeración decimal, el álgebra, la filosofía griega, la medicina, la química, la cosmología, la poesía rimada. Y traía también, el juego del ajedrez.
De ahí en más, y por espacio de siete siglos, el ajedrez, permanecerá estrechamente ligado a la historia de la nación árabe y al crecimiento y posterior decadencia del imperio musulmán. Todavía a fines del siglo XV y principios del XVI, cuando ya el poderío moro se desvanece tras la caída de Granada en manos de los Reyes Católicos, algunos maestros árabes gozaban de enorme prestigio como eximios ajedrecistas. Mencionaremos sólo a dos.
Uno de ellos fue el célebre Aladino, a quien sus contemporáneos llamaron “Ali Shatranyi”, es decir, Alí el ajedrecista. Miembro de la corte del emperador mongol Timur, se sabe que jugaba varias partidas simultáneas a ciegas, con asombrosa habilidad, y ha dejado un bello manuscrito que contiene numerosos problemas de su invención. En el prólogo a esta obra, Aladino, expresa con encantadora modestia: “He puesto mi vida, desde que tenía quince años, entre los grandes maestros del ajedrez de mi tiempo, y desde esa época hasta ahora, en que he llegado a la madurez, he recorrido el mundo enterio y me he encontrado allí con muchos maestros de este arte, y he jugado con todos ellos, y gracias al favor del Altísimo, he salido siempre victoriosos”.-
El último de los grandes ajedrecista teóricos árabes fue Muhámad Sukáikar. También jugaba a ciegas y se cuenta que, en cierta ocasión, lo hizo contra el sultán Suláiman, en Estambul. Durante la partida, cambiando de lugar una pieza cuando le tocaba jugar a su rival. Al advertirlo, Sukáibar dijo “Bien. Ya que es el sultán quien me ha hecho esto, no tengo más remedio que aceptar la situación y seguir jugando lo mejor posible; pero, si mi adversario hubiera sido cualquier otro, yo habría acudido al sultán en demanda de justicia”.
Pero nos hemos adelantado mucho. Estamos en el siglo ocho, cuando los árabes invaden a Europa y llevan consigo el Shatranj, un juego todavía jóven y en el plena etapa de formación.
Como hemos vistos en notas anteriores, el Chaturanga indio, penetró a Rusia casi simultáneamente que a Persia. Pero esta limitada expansión posiblemente hubiera acabado con el juego, de no mediar la feliz circunstancia de su difusión en Europa Occidental, donde el ajedrez encontró mentes capaces de perfeccionar las reglas y hacer progresar al juego, dotándolo de la agilidad y el inagotable interés que adquiriría con el correr de los siglos.
Los árabes eran un pueblo guerrero y su religión les mandaba conquistar a los infieles y llevarles la palabra santa del Corán. Ya en siglo ocho, los califas están instalados en Granada, Córdoba y Sevilla, donde gobiernan sabiamente, realizan obras arquitectónicas que todavía hoy podemos admirar, como la Alhambra, y convierten a España en el gran centro cultural de su tiempo. Un gran escritor ibérico, Vicente Blasco Ibáñez, ha dicho en su memorable novela “La Catedral”: “Era una expedición civilizadora más bien que una conquista (...) aquella cultura jóven y vigorosa, de rápido y asombroso crecimiento, que vencía apenas acababa de nacer; una civilización creada por el entusiasmo religioso del Profeta, que se había asimilado lo mejor del judaísmo y la cultura bizantina, llevando además consigo la gran tradición india, los restos de Persia y mucho de la misteriosa China. Era el Oriente que encontraba en Europa.-”
El Oriente, agregamos nosotros, traía la numeración decimal, el álgebra, la filosofía griega, la medicina, la química, la cosmología, la poesía rimada. Y traía también, el juego del ajedrez.
viernes, 23 de marzo de 2012
Finales y aperturas con extraordinaria perspicacia e imaginación.
Continuaremos evocando a los más importantes maestros árabes, que hace mil año fundaron la teoría del ajedrez y lo convirtieron en juego-ciencia, analizando finales y aperturas con extraordinaria perspicacia e imaginación.
Dijimos que el teórico al-Lajlaj, discípulo de as-Suli, había escrito un tratado completo sobre los planteos que podían presentarse en el shatranj, agrupándolos según las características de la posición resultante y bautizándolos con expresivos nombres.
La apertura denominada “Muhánnah”, que significa “ataque del flanco”, se producía luego de doce jugadas, en las que se avanzaban todos los peones (salvo los de torre), se desarrollaban ambos caballos y se llevaba cada torre a la respectiva columna de caballo. Las negras imitaban las jugadas de las blancas, es decir, que la posición era absolutamente simétrica. El “Muhánnah” muestra un desconcertante parecido con el moderno sistema creado por el jugador belga Edgard Colle.
Otra apertura muy prestigiosa era la conocida como “Muhákrab”, o sea, “construcción fortificada, que consistía en adelantar primero los peones, desarrollar luego los alfiles por tres torre, y los caballos por dos rey y dos dama, y llevar finalmente el rey y la dama a la segunda y tercera línea, respectivamente, con lo que se despejaba la primera fila a fin de disponer de las mayores opciones para las torres.
El “Muránddad”, que puede traducirse como “de aquí para allá”, era una apertura que requería nada menos que diecinueve jugadas teóricas pra configurarse. Ofrece rasgos similares a la descripta anteriormente, pero con la diferencia de que una de las torres se reverva para ser ubicada, según las circunstancias, en cualquier columna del flanco dama, en tanto la otra se emplaza en uno caballo rey, a la manera clásica del shatranj.
Ni el chaturanga indio ni el chatrang persa habían alcanzado antes el grado de desarrollo teórico que logró el shatranj bajo la civilización musulmana. Su madurez lo hace enteramente comparable al ajedrez moderno, con las naturales diferencias que emanan de las diversas reglas del juego, y esa importancia ha sido comprendida en época reciente, con la edición de libros que divulgan los milenarios principios del viejo juego oriental y reproducen partidas de los grandes maestros árabes. El descubrimiento se produjo en 1913, cuando no publica en Londres la monumental “Historia del ajedrez”, de Harold James Ruthven Murray; el interés por el juego fue tan notable en Inglaterra, luego de conocerse este libro, que el London Chess Club organizó en marzo de 1914 un match de Shatranj, jugado por dos notables ajedrecistas británicos: Herbert Jacobs y sir Georges Thomas. Las partidas fueron recogidas por el tradicional diario “the times” y por la no menos célebre “British Chess Magazine”.
A los árabes se debe, fundamentalmente, la introducción del ajedrez en Europa. En efecto: La invasión de España en el año 711, y la prolongada dominación musulmana que sobrevino, trajo a la Europa medieval una trascendental corriente de renovación cultural, en especial filosófica y matemática, e implicó también la difusión del juego-ciencia en los reinos que nacían como consecuencia de guerras dinásticas y religiosas, en medio de pestes y devastaciones, a pesar de la intolerencia y el fanatismo. España fué, bajo los árabes, un faro de ciencia y de intelectualidad en la convulsionada realidad del continente. No es de extrañar que el ajedrez, preferido desde siempre por los hombre cultos y refinados, tuviera en ese gran centro de estudios la plataforma que lo lanzaría a todo el mundo moderno y civilizado.
Continuaremos con este tema en la próxima entrada.
Dijimos que el teórico al-Lajlaj, discípulo de as-Suli, había escrito un tratado completo sobre los planteos que podían presentarse en el shatranj, agrupándolos según las características de la posición resultante y bautizándolos con expresivos nombres.
La apertura denominada “Muhánnah”, que significa “ataque del flanco”, se producía luego de doce jugadas, en las que se avanzaban todos los peones (salvo los de torre), se desarrollaban ambos caballos y se llevaba cada torre a la respectiva columna de caballo. Las negras imitaban las jugadas de las blancas, es decir, que la posición era absolutamente simétrica. El “Muhánnah” muestra un desconcertante parecido con el moderno sistema creado por el jugador belga Edgard Colle.
Otra apertura muy prestigiosa era la conocida como “Muhákrab”, o sea, “construcción fortificada, que consistía en adelantar primero los peones, desarrollar luego los alfiles por tres torre, y los caballos por dos rey y dos dama, y llevar finalmente el rey y la dama a la segunda y tercera línea, respectivamente, con lo que se despejaba la primera fila a fin de disponer de las mayores opciones para las torres.
El “Muránddad”, que puede traducirse como “de aquí para allá”, era una apertura que requería nada menos que diecinueve jugadas teóricas pra configurarse. Ofrece rasgos similares a la descripta anteriormente, pero con la diferencia de que una de las torres se reverva para ser ubicada, según las circunstancias, en cualquier columna del flanco dama, en tanto la otra se emplaza en uno caballo rey, a la manera clásica del shatranj.
Ni el chaturanga indio ni el chatrang persa habían alcanzado antes el grado de desarrollo teórico que logró el shatranj bajo la civilización musulmana. Su madurez lo hace enteramente comparable al ajedrez moderno, con las naturales diferencias que emanan de las diversas reglas del juego, y esa importancia ha sido comprendida en época reciente, con la edición de libros que divulgan los milenarios principios del viejo juego oriental y reproducen partidas de los grandes maestros árabes. El descubrimiento se produjo en 1913, cuando no publica en Londres la monumental “Historia del ajedrez”, de Harold James Ruthven Murray; el interés por el juego fue tan notable en Inglaterra, luego de conocerse este libro, que el London Chess Club organizó en marzo de 1914 un match de Shatranj, jugado por dos notables ajedrecistas británicos: Herbert Jacobs y sir Georges Thomas. Las partidas fueron recogidas por el tradicional diario “the times” y por la no menos célebre “British Chess Magazine”.
A los árabes se debe, fundamentalmente, la introducción del ajedrez en Europa. En efecto: La invasión de España en el año 711, y la prolongada dominación musulmana que sobrevino, trajo a la Europa medieval una trascendental corriente de renovación cultural, en especial filosófica y matemática, e implicó también la difusión del juego-ciencia en los reinos que nacían como consecuencia de guerras dinásticas y religiosas, en medio de pestes y devastaciones, a pesar de la intolerencia y el fanatismo. España fué, bajo los árabes, un faro de ciencia y de intelectualidad en la convulsionada realidad del continente. No es de extrañar que el ajedrez, preferido desde siempre por los hombre cultos y refinados, tuviera en ese gran centro de estudios la plataforma que lo lanzaría a todo el mundo moderno y civilizado.
Continuaremos con este tema en la próxima entrada.
miércoles, 29 de febrero de 2012
"No tiene talento para el ajedrez"
Sigo con artículos extraídos de "apuntes de un ajedrecista", interesante recopilación de publicaciones realizadas por "Anónimo".
Veamos.
El 4 veces campeón de Australia Cecyl Purdy (también campeón del mundo por correspondencia) se estaba jugando su quinta corona de campeón de su país, si ganaba en la última ronda lo lograría.
El azar de los destinos hizo que su rival en esa última ronda fuese John Spencer Purdy... su hijo.
Muchos especularon con que el hijo dejaría ganar al padre, pero a las pocas jugadas pudo
verse que esto no sería así. Tras una dura lucha John Purdy venció a su padre, con lo que este se quedó sin el título.
Al recibir el jaque mate de su hijo Cecyl se levanto de su asiento, se secó el sudor y comentó medio en broma:
- ¡Esto ocurre por enseñlarle a jugar ajedrez a los hijos!.
Spraggett
Dejemos hablar a Ke-vin.Spraggett.
Recuerdo una conversación que tuve hace unos años con Spassky. Estábamos hablando de
Víctor Korchnoi "El Terrible". Boris y Víctor habían sido adversarios en lo deportivo y en lo personal durante más de cuarenta años, y habían jugado más de 60 veces en competi-ciones oficiales (incluyendo dos finales de Candidatos). Sólo Karpov puede presumir de haber jugado más veces con él. Boris llegó a decir que Korchnoi tenía todas las cualidades necesarias para
convertirse en campeón mundial, pero que le faltaba una muy importante, y que era la que le
impedía conseguir el máximo título. Boris empezó a decir la lista de cualidades de Korchnoi:
- Instinto asesino (nadie puede comparársele)
- Fenomenal capacidad para trabajar (en el tablero y fuera de él).
- Nervios de acero (incluso con pocos segundos en el reloj).
- Habilidad para calcular (sólo Fischer podría ser mejor en esto).
- Tenacidad y perseverancia en la defensa (incomparable).
- Habilidad para el contraataque (sin rival).
- Técnica impecable (incluso mejor que Capablanca).
- Capacidad para concentrarse (increíble).
- Ajeno a las distracciones durante la partida.
- Brillante comprensión de la estrategia.
- Juego táctico superior.
- La mejor preparación en aperturas de su generación.
- Gran psicólogo.
- Deseo sobrehumano de vencer (sólo igualado por Fischer)
- Profundo conocimiento de sus adversarios.
- Enorme energía y auto disciplina.
En este momento Boris dejó de hablar y me miró, como pidiéndome que le hiciera la pregunta
necesaria.
Pregunté: "Pero, Boris, ¿qué le falta a Víctor para ser campeón mundial?"
Boris contestó, rugiendo: "No tiene talento para el ajedrez". Y empezó a reír a carcajadas.
Veamos.
El 4 veces campeón de Australia Cecyl Purdy (también campeón del mundo por correspondencia) se estaba jugando su quinta corona de campeón de su país, si ganaba en la última ronda lo lograría.
El azar de los destinos hizo que su rival en esa última ronda fuese John Spencer Purdy... su hijo.
Muchos especularon con que el hijo dejaría ganar al padre, pero a las pocas jugadas pudo
verse que esto no sería así. Tras una dura lucha John Purdy venció a su padre, con lo que este se quedó sin el título.
Al recibir el jaque mate de su hijo Cecyl se levanto de su asiento, se secó el sudor y comentó medio en broma:
- ¡Esto ocurre por enseñlarle a jugar ajedrez a los hijos!.
Spraggett
Dejemos hablar a Ke-vin.Spraggett.
Recuerdo una conversación que tuve hace unos años con Spassky. Estábamos hablando de
Víctor Korchnoi "El Terrible". Boris y Víctor habían sido adversarios en lo deportivo y en lo personal durante más de cuarenta años, y habían jugado más de 60 veces en competi-ciones oficiales (incluyendo dos finales de Candidatos). Sólo Karpov puede presumir de haber jugado más veces con él. Boris llegó a decir que Korchnoi tenía todas las cualidades necesarias para
convertirse en campeón mundial, pero que le faltaba una muy importante, y que era la que le
impedía conseguir el máximo título. Boris empezó a decir la lista de cualidades de Korchnoi:
- Instinto asesino (nadie puede comparársele)
- Fenomenal capacidad para trabajar (en el tablero y fuera de él).
- Nervios de acero (incluso con pocos segundos en el reloj).
- Habilidad para calcular (sólo Fischer podría ser mejor en esto).
- Tenacidad y perseverancia en la defensa (incomparable).
- Habilidad para el contraataque (sin rival).
- Técnica impecable (incluso mejor que Capablanca).
- Capacidad para concentrarse (increíble).
- Ajeno a las distracciones durante la partida.
- Brillante comprensión de la estrategia.
- Juego táctico superior.
- La mejor preparación en aperturas de su generación.
- Gran psicólogo.
- Deseo sobrehumano de vencer (sólo igualado por Fischer)
- Profundo conocimiento de sus adversarios.
- Enorme energía y auto disciplina.
En este momento Boris dejó de hablar y me miró, como pidiéndome que le hiciera la pregunta
necesaria.
Pregunté: "Pero, Boris, ¿qué le falta a Víctor para ser campeón mundial?"
Boris contestó, rugiendo: "No tiene talento para el ajedrez". Y empezó a reír a carcajadas.
miércoles, 15 de febrero de 2012
Descubre el encanto del ajedrez chino
Cuando el chaturanga, en el proceso de expansión desde la India, fue conocido en China, se produjo un fenómeno muy interesante, cual es la creación de un nuevo juego, impropiamente denominado “ajedrez chino”.
Sabemos que, desde tiempos muy remotos, los chinos jugaban al go y también a otro juego con piezas diferenciadas –tipo ajedrez- llamado “siang-chi”. Según Antonio van der Linde, que hace un más de un siglo escribió una “historia y literatura del ajedrez”, la expresión significa “juego de las figuras”. Al parecer, este juego tradicional, el siang-chi, unido al chaturanga que llegaba desde la India, dio nacimiento al “juego del río”, verdadera designación del “ajedrez chino”.
El tablero del ajedrez chino presenta la particularidad de que, entre ambas mitades del mismo, en sentido horizontal a los jugadores, existe una franja divisoria llamada, precisamente, “río”, ambos bandos se hallan, entonces, separados por una imaginaria corriente de agua, una disposición frecuente en las batallas clásicas. Lo mismo que en el juego del go, las piezas no se colocan en el centro de las casillas sino en las intersecciones. De tal manera, el tablero del ajedrez chino cuenta con nueve intersecciones horizontales y diez verticales, divididas en dos campos por el “río” central. Además, el sector que corresponde a nuestras casillas uno rey, dos rey, uno dama y dos dama, de cada lado, recibe el nombre de “ciudadela” o “fortaleza” y, como veremos a continuación, el rey y la dama no pueden salir de ese recinto.
Ambos reyes son flaqueados por los “consejeros, que hacen las veces de nuestra dama, con el detalle de que son dos, se colocan también al borde del tablero más próximo a cada jugador, entre las casillas que en ajedrez individualizamos como uno rey y uno alfil rey, por una parte, y uno dama y uno alfil dama, por la otra. Al lado de cada consejero, y en dirección al correspondiente extremo del tablero, como en el ajedrez occidental, se ubican luego los caballos, y los “carros de guerra”, estos últimos equivalentes, como en el chaturanga, a las modernas torres.
La segunda línea queda libre y, en la tercera, se ponen dos piezas enteramente originales de la China; los cañones. Su lugar es la intersección de las casillas dos torre, tres torres, dos caballo y tres caballo, en cada flanco. En la cuarta línea, por último, se ubican cinco soldados, o peones, dejando una intersección libre entre cada uno de ellos.
El rey, llámese general o gobernador, puede moverse y capturar como en le ajedrez, pero sólo dentro de la ciudadela; la dama, o consejero, que como dije son dos, se desplazan sólo un paso en diagonal, como en el chatrung persa, y tampoco pueden abandonar la fortaleza: Son, por lo tanto, piezas sumamente débiles. El movimiento de los alfiles es igual que en el chaturanga: en diagonal, dos intersecciones por vez, pero sin la facultad de saltar por encima de las otras piezas; además no pueden cruzar el río, únicamente se mueven dentro de su propio campo. Los caballos actúan como en el ajedrez, aunque con una diferencia fundamental: su movimiento se realiza en dos tiempos, primero se desplaza una intersección, horizontal o verticalmente, y en la jugada siguiente se aleja otra intersección en diagonal; en consecuencia, no puede saltar. Las torres tienen el movimiento que conocemos y, como en el chaturanga, son las piezas más poderosas del juego.
Los cañones, por su parte, se mueven de la misma manera que las torres, pero sólo pueden capturar a una pieza enemiga situada detrás de otra pieza propia o rival, figurando así el disparo del cañón, que pasa por arriba las trincheras. En cuanto a los soldados, mientras están en su propio campo avanzan y capturan de a una intersección y siempre verticalmente; pero, cuando atraviesan el río y penetran en territorio enemigo, mueven y capturan de un paso en sentido lateral, a derecha o izquierda. No existe la coronación del peón ni, desde luego, nada parecido a la captura al paso.
La partida se define por mate, como en el ajedrez, pero también gana el jugador que deja al general o gobernador adversario en posición de “ahogado, al revés de lo que sucedía en el chatrang persa.
El juego del río es el predilecto de la mayoría del pueblo chino. Las clases cultas prefieren el go y, en los últimos 50 años, creció el interés por el ajedrez occidental.
Sabemos que, desde tiempos muy remotos, los chinos jugaban al go y también a otro juego con piezas diferenciadas –tipo ajedrez- llamado “siang-chi”. Según Antonio van der Linde, que hace un más de un siglo escribió una “historia y literatura del ajedrez”, la expresión significa “juego de las figuras”. Al parecer, este juego tradicional, el siang-chi, unido al chaturanga que llegaba desde la India, dio nacimiento al “juego del río”, verdadera designación del “ajedrez chino”.
El tablero del ajedrez chino presenta la particularidad de que, entre ambas mitades del mismo, en sentido horizontal a los jugadores, existe una franja divisoria llamada, precisamente, “río”, ambos bandos se hallan, entonces, separados por una imaginaria corriente de agua, una disposición frecuente en las batallas clásicas. Lo mismo que en el juego del go, las piezas no se colocan en el centro de las casillas sino en las intersecciones. De tal manera, el tablero del ajedrez chino cuenta con nueve intersecciones horizontales y diez verticales, divididas en dos campos por el “río” central. Además, el sector que corresponde a nuestras casillas uno rey, dos rey, uno dama y dos dama, de cada lado, recibe el nombre de “ciudadela” o “fortaleza” y, como veremos a continuación, el rey y la dama no pueden salir de ese recinto.
Fichas grabadas
Las piezas no tienen diferentes formas, como en nuestro ajedrez. Sino que son fichas que llevan grabados el nombre de la figura correspondiente. Cada jugador dispone de dieciséis fichas, unas blancas y las otras rojas. El rey blanco se llama “gobernador” y el rey negro o rojo, “general”; se ubica en la intersección central de la primera línea, es decir, en el borde del tablero, entre las que serían nuestras casilla uno rey y uno dama.Ambos reyes son flaqueados por los “consejeros, que hacen las veces de nuestra dama, con el detalle de que son dos, se colocan también al borde del tablero más próximo a cada jugador, entre las casillas que en ajedrez individualizamos como uno rey y uno alfil rey, por una parte, y uno dama y uno alfil dama, por la otra. Al lado de cada consejero, y en dirección al correspondiente extremo del tablero, como en el ajedrez occidental, se ubican luego los caballos, y los “carros de guerra”, estos últimos equivalentes, como en el chaturanga, a las modernas torres.
La segunda línea queda libre y, en la tercera, se ponen dos piezas enteramente originales de la China; los cañones. Su lugar es la intersección de las casillas dos torre, tres torres, dos caballo y tres caballo, en cada flanco. En la cuarta línea, por último, se ubican cinco soldados, o peones, dejando una intersección libre entre cada uno de ellos.
El rey, llámese general o gobernador, puede moverse y capturar como en le ajedrez, pero sólo dentro de la ciudadela; la dama, o consejero, que como dije son dos, se desplazan sólo un paso en diagonal, como en el chatrung persa, y tampoco pueden abandonar la fortaleza: Son, por lo tanto, piezas sumamente débiles. El movimiento de los alfiles es igual que en el chaturanga: en diagonal, dos intersecciones por vez, pero sin la facultad de saltar por encima de las otras piezas; además no pueden cruzar el río, únicamente se mueven dentro de su propio campo. Los caballos actúan como en el ajedrez, aunque con una diferencia fundamental: su movimiento se realiza en dos tiempos, primero se desplaza una intersección, horizontal o verticalmente, y en la jugada siguiente se aleja otra intersección en diagonal; en consecuencia, no puede saltar. Las torres tienen el movimiento que conocemos y, como en el chaturanga, son las piezas más poderosas del juego.
Los cañones, por su parte, se mueven de la misma manera que las torres, pero sólo pueden capturar a una pieza enemiga situada detrás de otra pieza propia o rival, figurando así el disparo del cañón, que pasa por arriba las trincheras. En cuanto a los soldados, mientras están en su propio campo avanzan y capturan de a una intersección y siempre verticalmente; pero, cuando atraviesan el río y penetran en territorio enemigo, mueven y capturan de un paso en sentido lateral, a derecha o izquierda. No existe la coronación del peón ni, desde luego, nada parecido a la captura al paso.
La partida se define por mate, como en el ajedrez, pero también gana el jugador que deja al general o gobernador adversario en posición de “ahogado, al revés de lo que sucedía en el chatrang persa.
El juego del río es el predilecto de la mayoría del pueblo chino. Las clases cultas prefieren el go y, en los últimos 50 años, creció el interés por el ajedrez occidental.
viernes, 10 de febrero de 2012
Kasparov y la máxima de Nimzowitch: "La amenaza es más poderosa que la ejecución"
La mayorías (por no arriesgarme a decir todos) conoce la frase de Aaron Nimzowitch "La amenaza es más poderosa que la ejecución". Esto puede traducirse en que no siempre es necesario concretar un ataque, sino que también se puede aprovechar la pérdida de tiempo en defender del rival para obtener un triunfo por otra vía.
Garry Kasparov se "aprovecha" de esta frase para compararlo con un hecho bélico fundamental para la humanidad. En su libro "Cómo la vida imita al ajedrez" (que lentamente sigo disfrutando) dice: "Antes del Día D, los agentes dobles de los aliados hicieron creer a los nazis que el ataque principal llegaría por el paso de Calais, provocando que Hitler enviara a Rommel y a sus tropas de élite lejos de la zona real de invasión.
Además indica que la frase de Nimzowitch también se refiere a la percepción, tal como reza un viejo dicho de Wall Street: "Compra el rumor, vende las noticias". Anticipar algo que va a suceder puede ser más efectivo que el acontecimiento en si mismo, o, dicho de otra manera no se puede aislar del propio acontecimiento. El impacto es el impacto. Gritar "¡Fuego! en un teatro abarrotado provoca, al menos a corto plazo la misma reacción, haya o no haya fuego".
Después habla de la defensa, señalando que "para ser justos, la defensa es más racional que el ataque en muchos aspectos" y coloca el ejemplo de una máxima militar que dice que para que el ataque triunfe debe triplicar las fuerzas de los defensores, cuando "en el ajedrez solemos conformarnos con una simple mayoría".
Garry Kasparov se "aprovecha" de esta frase para compararlo con un hecho bélico fundamental para la humanidad. En su libro "Cómo la vida imita al ajedrez" (que lentamente sigo disfrutando) dice: "Antes del Día D, los agentes dobles de los aliados hicieron creer a los nazis que el ataque principal llegaría por el paso de Calais, provocando que Hitler enviara a Rommel y a sus tropas de élite lejos de la zona real de invasión.
Además indica que la frase de Nimzowitch también se refiere a la percepción, tal como reza un viejo dicho de Wall Street: "Compra el rumor, vende las noticias". Anticipar algo que va a suceder puede ser más efectivo que el acontecimiento en si mismo, o, dicho de otra manera no se puede aislar del propio acontecimiento. El impacto es el impacto. Gritar "¡Fuego! en un teatro abarrotado provoca, al menos a corto plazo la misma reacción, haya o no haya fuego".
Después habla de la defensa, señalando que "para ser justos, la defensa es más racional que el ataque en muchos aspectos" y coloca el ejemplo de una máxima militar que dice que para que el ataque triunfe debe triplicar las fuerzas de los defensores, cuando "en el ajedrez solemos conformarnos con una simple mayoría".
miércoles, 8 de febrero de 2012
¿Cuándo se dijo "jaque mate" por primera vez?
En entradas anteriores vimos que el juego denominado “chaturanga” surgió en la India alrededor del siglo sexto de nuestra era y que, por sus características propias, constituye la forma primitiva del ajedrez moderno.
Cuenta la tradición que el soberano indio Devisaram quiso poner a prueba la inteligencia de sus vecinos persas y envió al rey Cosroés el tablero y las piezas del chaturanga, finamente talladas en dieciséis esmeraldas y dieciséis rubíes, pero sin añadir explicación alguna, desafiándolo a que dedujera las reglas del juego. El monarca persa, perplejo, llamó a un sabio consejero llamado Vuzurjmir, quien, tras una noche de estudio, no sólo descubrió el movimiento de las piezas y las leyes del chaturanga, sino que inventó a su vez una variante, un nuevo juego. Cosroés, entonces, devolvió el reto a su colega hindú, mandándole la novedad junto con riquísimos obsequios.
Mas Devisaram no logró descifrar las claves del juego creado por el sabio persa, y esa humillación fue el castigo a su altanería.
Leyendas al margen, lo cierto es que, gracias al intercambio comercial de la época, el chaturanga fue llevado a Persia, donde recibió el nombre de “chatrang”. La primera referencia se encuentra en el poema titulado precisamente “Chatrang.námak”, escrito a fines del siglo séptimo o principios del octavo.
No es, en concreto, la única composición literaria que alude al milenario juego de ajedrez. En los famosos “Rubáiyat”, del conocido poeta Omar Jayam, se halla un hermoso cuarteto que puede traducirse aproximadamente así:
En un tablero de noches y de días,
El destino con los hombres juega;
Así los lleva, los trae, los jaquea
Y, uno tras otro, los retira.
El tablero de ajedrez se presenta aquí como una metáfora del mundo, donde los hombres serían meras piezas movidas por una inteligencia superior. En ese texto se inspiró el poeta argentino Jorge Luis Borges para componer sus célebres versos:
También el jugador es prisionero (la sentencia es de Omar) de otro tablero
De negras noches y blancos días; Dios mueve al jugador y éste, la pieza:
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonía.
El chatrang, es decir, el ajedrez persa, también es reiteradamente propuesto en las obras de los escritores de la época, como modelo de genio militar. El poeta Unsuri, por ejemplo, elogia a su protector, el príncipe de Gazni, diciendo:
El soberano jugó al ajedrez contra cien reyes
Y a cada uno dio mate en forma diferente.
Según las fábulas persas, el ajedrez ya habría sido conocido en tiempos del rey Artajir, o sea, en el siglo III después de Cristo, pero no existen testimonios fidedignos que lo ratifiquen. La mención aparece en el poema épico “Karnámak”, pero seguramente pertenece al reino de la fantasía.
El chatrang se jugaba igual que el chaturanga indio. Únicamente varió el nombre de las piezas, ya que el rey se llamaba, lógicamente “sha”; el ministro recibió el nombre de “farzin”; el elefante fue denominado “pil”; los caballos eran llamados “asp”; los carros de asalto eran los “ruj” y los soldados, finalmente, fueron bautizados “piyadaj”. Pero hay dos detalles que vale la pena mencionar: En primer lugar, que el rey y su ministro no tenían ubicación fija, sino que era costumbre que el jugador de mayor fuerza, o el de clase social más alta, eligiera cuál de las dos casillas centrales de la primera línea ocuparían un y otra pieza.
La otra curiosidad es que, cuando un jugador atacaba al rey de su rival, se lo advertía diciendo simplemente: “Sha”, y de allí deriva la palabra “jaque”. Y cuando el rey enemigo no tenía escapatoria, el jugador victorioso exclamaba: “Sha mat”, es decir “jaque mate”, que literalmente significa “muerte al rey”.
Cuenta la tradición que el soberano indio Devisaram quiso poner a prueba la inteligencia de sus vecinos persas y envió al rey Cosroés el tablero y las piezas del chaturanga, finamente talladas en dieciséis esmeraldas y dieciséis rubíes, pero sin añadir explicación alguna, desafiándolo a que dedujera las reglas del juego. El monarca persa, perplejo, llamó a un sabio consejero llamado Vuzurjmir, quien, tras una noche de estudio, no sólo descubrió el movimiento de las piezas y las leyes del chaturanga, sino que inventó a su vez una variante, un nuevo juego. Cosroés, entonces, devolvió el reto a su colega hindú, mandándole la novedad junto con riquísimos obsequios.
Mas Devisaram no logró descifrar las claves del juego creado por el sabio persa, y esa humillación fue el castigo a su altanería.
Leyendas al margen, lo cierto es que, gracias al intercambio comercial de la época, el chaturanga fue llevado a Persia, donde recibió el nombre de “chatrang”. La primera referencia se encuentra en el poema titulado precisamente “Chatrang.námak”, escrito a fines del siglo séptimo o principios del octavo.
No es, en concreto, la única composición literaria que alude al milenario juego de ajedrez. En los famosos “Rubáiyat”, del conocido poeta Omar Jayam, se halla un hermoso cuarteto que puede traducirse aproximadamente así:
En un tablero de noches y de días,
El destino con los hombres juega;
Así los lleva, los trae, los jaquea
Y, uno tras otro, los retira.
El tablero de ajedrez se presenta aquí como una metáfora del mundo, donde los hombres serían meras piezas movidas por una inteligencia superior. En ese texto se inspiró el poeta argentino Jorge Luis Borges para componer sus célebres versos:
También el jugador es prisionero (la sentencia es de Omar) de otro tablero
De negras noches y blancos días; Dios mueve al jugador y éste, la pieza:
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonía.
El chatrang, es decir, el ajedrez persa, también es reiteradamente propuesto en las obras de los escritores de la época, como modelo de genio militar. El poeta Unsuri, por ejemplo, elogia a su protector, el príncipe de Gazni, diciendo:
El soberano jugó al ajedrez contra cien reyes
Y a cada uno dio mate en forma diferente.
Según las fábulas persas, el ajedrez ya habría sido conocido en tiempos del rey Artajir, o sea, en el siglo III después de Cristo, pero no existen testimonios fidedignos que lo ratifiquen. La mención aparece en el poema épico “Karnámak”, pero seguramente pertenece al reino de la fantasía.
El chatrang se jugaba igual que el chaturanga indio. Únicamente varió el nombre de las piezas, ya que el rey se llamaba, lógicamente “sha”; el ministro recibió el nombre de “farzin”; el elefante fue denominado “pil”; los caballos eran llamados “asp”; los carros de asalto eran los “ruj” y los soldados, finalmente, fueron bautizados “piyadaj”. Pero hay dos detalles que vale la pena mencionar: En primer lugar, que el rey y su ministro no tenían ubicación fija, sino que era costumbre que el jugador de mayor fuerza, o el de clase social más alta, eligiera cuál de las dos casillas centrales de la primera línea ocuparían un y otra pieza.
La otra curiosidad es que, cuando un jugador atacaba al rey de su rival, se lo advertía diciendo simplemente: “Sha”, y de allí deriva la palabra “jaque”. Y cuando el rey enemigo no tenía escapatoria, el jugador victorioso exclamaba: “Sha mat”, es decir “jaque mate”, que literalmente significa “muerte al rey”.
martes, 22 de noviembre de 2011
Belgrano quedó tercero en la Copa Nacional de Campeones de Ajedrez
Integraron el equipo celeste Soppe, Halac, Cejas y Villanueva.
Ganó República Martelli y segundo se ubico el conjunto de Municipalidad de Moreno.
Por segundo año consecutivo, el equipo superior del Club Atlético Belgrano de Córdoba finalizó en el tercer puesto de la Copa Nacional de Campeones disputada en el Palacio de las Aguas Corrientes, en Buenos Aires.
El celeste estuvo integrado por Guillermo Soppe, Matias Halac, José Cejas y Mario Villanueva y sumó 13 puntos, detrás del ganador, República Martelli, con 14,5 unidades , y Municipalidad de Moreno, con 14.
Los forjadores de la victoria de República Martelli fueron los Grandes Maestros Sergio Slipak, Diego Flores, Diego Valerga y el Maestro Internacional Ramiro Dos Santos.
En esta prueba también participó el Club Universitario de Córdoba, integrado por Javier López Peña, Luis Wayar, Carlos Tornsquist y Horacio Solé.
Belgrano - Ferro
Ahora, el equipo de Belgrano finalizará el año con un match a disputarse el próximo sábado frente al poderoso equipo de Ferro Carril Oeste.
La reunión consistirá en un match a cuatro tableros a jugarse en la sede de ajedrez del club de Alberdi, en la Casona de calle Hualfin 513, y se concretará en el marco del VIII Torneo Abierto de Ajedrez "Erich Eliskases".
viernes, 11 de noviembre de 2011
Los trabajadores plebeyos del ajedrez
Los ocho peones eran los campesinos, herreros, escribanos, mercaderes, médicos y boticarios, taberneros, policías y rufianes y jugadores de dados.
El fraile dominico Jacobo Cessolis, creador de la escuela lombarda de ajedrez, empleaba el juego como ilustración de sus sermones moralizantes y finalmente los recopiló en un libro, bajo el título de “Ludus Scacchorum”, que significa sencillamente “juego de ajedrez”, en latín eclesiástico. Y nuevamente, aquí, los peones son comparados a los trabajadores plebeyos, asignándoseles la representación de los diversos gremios que existían entonces. Merece destacarse que en aquella época las actuales profesiones liberales también estaban relegadas a la plebe, porque la única ocupación digna de un aristócrata era la de oficial del ejército o la de sacerdote.
Según Cessolis, los ocho peones del ajedrez eran, respectivamente, los campesinos, los herreros, los escribanos, los mercaderes, los médicos y boticarios, los taberneros, los policías y los rufianes y jugadores de dados. Una heterogénea muchedumbre, como se ve, que traduce con precisión las estructuras sociales de la Edad Media, confirmando una vez más la estrecha relación entre el juego de ajedrez y la cultura de cada tiempo.
El peón es, entonces, el soldado de infantería, pero también el hombre común, el trabajador, el anónimo ciudadano de las modernas sociedades de masas. Débil en apariencia, es sin embargo el que define muchas batallas y como el hombre es la medida de todas las cosas, según lo proclamó el filósofo. En lo que hace al juego en sí, todos sabemos que el valor de las piezas de ajedrez se expresa en cantidades de peones: el caballo vale tres peones, el alfil, tres y medio; la torre, cinco y medio y la dama diez peones.
viernes, 4 de noviembre de 2011
Klaus Junge fue un mártir del ajedrez que murió prematuramente en las trincheras
Final de la apasionante historia de Klaus Junge, un joven genio inmolado en el tablero de la Guerra, narrada por la pluma de Héctor Luis González. Aquí lo publicado anteriormente.
En diciembre y aprovechando el 60 cumpleaños del maestro checo Oldrich Duras, se organizó en Praga un gran torneo internacional donde Klaus Junge compartió con el campeón Alekhine la primera colocación superando a 12 grandes maestros, entre los que se encontraban: Foltys, Opocensky, Zitta, Kottnauer, Hromdka, Podgorny y Saëmisch entre los más renombrados. Este torneo que fue la cúspide de su prematura carrera, con todo el éxito que presupone compartir con el campeón ecuménico el primer puesto, fue su última actuación. Días después sería convocado para ir al frente, y nunca más volvería a enfrentarse con las celebridades máximas del tablero mundial.
Sin embargo, el juego de ajedrez, motivo de su vida, no fue abandonado y desde su puesto de combate o desde su lecho convaleciente en el hospital Naunhof -cuando fuera herido en Leipzig en 1944- siguió participando en torneos de ajedrez postal, donde alcanzó importantes éxitos, de allí aquel tablero de bolsillo y su libreta de anotaciones que de entre su uniforme ensangrentado hallaron los campesinos que recogieron su cadáver.
Esa libreta de apuntes, era su legado, la gran herencia que dejó con estudio de finales, variantes propias de aperturas de partidas por correspondencia que dejó inconclusas ante su trágica desaparición.
Precisamente una de ellas, ante otro joven maestro Hans Nowarra fue declarada tablas por la Liga Alemana de Ajedrez Postal. Era la última partida de una prueba en la que se definía el ganador, pero la de la misma manera que Klaus cayera en el frente del oeste. Nowarra moría en el este ante la aplastante ofensiva de los rusos.
Así se cierra un capítulo cruel del ajedrez de la historia, la sinrazón de un régimen que en su fanatismo no trepidó en apelar a la convocatoria de los adolescentes, que segaron sus vidas en pro de lo indefendible. La inmolación de Klaus Junge privó al mundo de los trebejos de uno de los talentos más grandes que pasó por el tablero.
En diciembre y aprovechando el 60 cumpleaños del maestro checo Oldrich Duras, se organizó en Praga un gran torneo internacional donde Klaus Junge compartió con el campeón Alekhine la primera colocación superando a 12 grandes maestros, entre los que se encontraban: Foltys, Opocensky, Zitta, Kottnauer, Hromdka, Podgorny y Saëmisch entre los más renombrados. Este torneo que fue la cúspide de su prematura carrera, con todo el éxito que presupone compartir con el campeón ecuménico el primer puesto, fue su última actuación. Días después sería convocado para ir al frente, y nunca más volvería a enfrentarse con las celebridades máximas del tablero mundial.
Sin embargo, el juego de ajedrez, motivo de su vida, no fue abandonado y desde su puesto de combate o desde su lecho convaleciente en el hospital Naunhof -cuando fuera herido en Leipzig en 1944- siguió participando en torneos de ajedrez postal, donde alcanzó importantes éxitos, de allí aquel tablero de bolsillo y su libreta de anotaciones que de entre su uniforme ensangrentado hallaron los campesinos que recogieron su cadáver.
Esa libreta de apuntes, era su legado, la gran herencia que dejó con estudio de finales, variantes propias de aperturas de partidas por correspondencia que dejó inconclusas ante su trágica desaparición.
Precisamente una de ellas, ante otro joven maestro Hans Nowarra fue declarada tablas por la Liga Alemana de Ajedrez Postal. Era la última partida de una prueba en la que se definía el ganador, pero la de la misma manera que Klaus cayera en el frente del oeste. Nowarra moría en el este ante la aplastante ofensiva de los rusos.
Así se cierra un capítulo cruel del ajedrez de la historia, la sinrazón de un régimen que en su fanatismo no trepidó en apelar a la convocatoria de los adolescentes, que segaron sus vidas en pro de lo indefendible. La inmolación de Klaus Junge privó al mundo de los trebejos de uno de los talentos más grandes que pasó por el tablero.
jueves, 3 de noviembre de 2011
Klaus Junge en la cumbre del ajedrez mundial
Cuarta entrega de "Klaus Junge: un capítulo cruel del ajedrez", de Héctor Luis Gonzalez publicado en LA VOZ DEL INTERIOR DE CÓRDOBA. Aquí los "capítulos" anteriores.
También a principios de 1941, obtuvo su título de bachiller con excelentes notas, ingresando en la Universidad de Hamburgo en la carrera de Matemática -otra de sus grandes vocaciones-. En mayo, ganó el Torneo de Bad Eister - clasificatorio para el turno final del Campeonato de Alemania- superando claramente a figuras como Fritz Saëmisch y Karl Blümich que lo escoltaron. La final se juega en Bad Oeynhausen y Klaus comparte la primera colocación con Paul Schmitd, superando a 16 clasificadas figuras entre los que se contaban Kurt Richter, Hans Müller, G. Pfeiffer, Resllstab y otros no menos renombrados.
En octubre de 1941, se cumplió para Klaus uno de sus grandes sueños: medirse en un torneo con la clase cumbre internacional, participando en el certamen “Generalgouvernement” en Varsovia, donde finaliza en la 4º colocación en calidad de invicto, logrando entablarle al ganador, el Campeón Mundial Alejandro Alekhine en gran partida, Paul Schmitdt queda segundo, Efiw Bogoljuvob tercero, sobre 12 afamados maestros.
A fin de ese año 1941, enferma de gripe y en ese estado acepta jugar el match final por el título de campeón de Alemania, con Paul Schmidt encuentro celebrado en Bromberg, y en el que Schmidt se alza con la victoria, al excederse en tres encuentros en el tiempo Klaus -una excepción producida por su estado de salud- Sin embargo, Junge reconoció públicamente su derrota elogiando a Schmidt, lo que lo mostró como un verdadero caballero que no apelaba a otros argumentos para justificar su derrota. Estos aspectos laudatorios de su personalidad hicieron de él un símbolo en el mundillo ajedrecístico alemán y un ejemplo para los aficionados juveniles.
En enero de 1942, es invitado por Sociedad de Ajedrez de Dresden a participar de un torneo magistral, el que gana impecablemente venciendo a varios valores como Keller, Kopertzky y Engels entre otros, a los que superó con un punto y medio de ventaja. Entre el 29 de marzo y el 5 de abril interviene en los juegos magistrales en Rostck y se ubica en la segunda colocación, tras realizar un brillante sacrificio de dama en su partida individual con Hanz Lehmann donde se jugó la famosa Defensa de Merano, de la cual Klaus era un estudioso profundo. En junio de 1942, llegó la culminación de su carrera al ser invitado en reemplazo del ex campeón mundial Max Euwe a participar en el sextangular de grandes maestros de Salzburgo, junto al titular ecuménico Dr. Alekhine, y los grandes maestros: Paul Keres, Paul Schmidt, Efiw Bogoljubov y Gostan Stoltz, llegando en la tercera colocación detrás de Keres y Alekhine, pero derrotando en la partida individual al campeón mundial tras brillante producción. Por este gran éxito, la Federación Alemana de Ajedrez, lo condecoró con una medalla honorífica y le otorgó el título de gran maestro, y le invitó especialmente a intervenir en el Torneo Magistral de Munich, donde ocupó una colocación intermedia frente a figuras como Alekhine, Keres, Bogoljubov, Foltys, Richter, Barcza, Relltab y Stolz entre otros afamados. Pero 14 días después se rehabilita brillantemente en el XXXIII Torneo “Gneralgouvernement” en Varsovia al quedar segundo de Alekhine pero superando una importante pléyade de maestros. En noviembre participa de Leipzig de un Torneoo Abierto realizado en el Club Agustea en homenaje a Max Blümich donde gana el segundo premio superado por el joven maestro de Frankfurt, Max Niephaus. Mañana el final de esta apasionante y cruel historia del ajedrez.
También a principios de 1941, obtuvo su título de bachiller con excelentes notas, ingresando en la Universidad de Hamburgo en la carrera de Matemática -otra de sus grandes vocaciones-. En mayo, ganó el Torneo de Bad Eister - clasificatorio para el turno final del Campeonato de Alemania- superando claramente a figuras como Fritz Saëmisch y Karl Blümich que lo escoltaron. La final se juega en Bad Oeynhausen y Klaus comparte la primera colocación con Paul Schmitd, superando a 16 clasificadas figuras entre los que se contaban Kurt Richter, Hans Müller, G. Pfeiffer, Resllstab y otros no menos renombrados.
En octubre de 1941, se cumplió para Klaus uno de sus grandes sueños: medirse en un torneo con la clase cumbre internacional, participando en el certamen “Generalgouvernement” en Varsovia, donde finaliza en la 4º colocación en calidad de invicto, logrando entablarle al ganador, el Campeón Mundial Alejandro Alekhine en gran partida, Paul Schmitdt queda segundo, Efiw Bogoljuvob tercero, sobre 12 afamados maestros.
A fin de ese año 1941, enferma de gripe y en ese estado acepta jugar el match final por el título de campeón de Alemania, con Paul Schmidt encuentro celebrado en Bromberg, y en el que Schmidt se alza con la victoria, al excederse en tres encuentros en el tiempo Klaus -una excepción producida por su estado de salud- Sin embargo, Junge reconoció públicamente su derrota elogiando a Schmidt, lo que lo mostró como un verdadero caballero que no apelaba a otros argumentos para justificar su derrota. Estos aspectos laudatorios de su personalidad hicieron de él un símbolo en el mundillo ajedrecístico alemán y un ejemplo para los aficionados juveniles.
En enero de 1942, es invitado por Sociedad de Ajedrez de Dresden a participar de un torneo magistral, el que gana impecablemente venciendo a varios valores como Keller, Kopertzky y Engels entre otros, a los que superó con un punto y medio de ventaja. Entre el 29 de marzo y el 5 de abril interviene en los juegos magistrales en Rostck y se ubica en la segunda colocación, tras realizar un brillante sacrificio de dama en su partida individual con Hanz Lehmann donde se jugó la famosa Defensa de Merano, de la cual Klaus era un estudioso profundo. En junio de 1942, llegó la culminación de su carrera al ser invitado en reemplazo del ex campeón mundial Max Euwe a participar en el sextangular de grandes maestros de Salzburgo, junto al titular ecuménico Dr. Alekhine, y los grandes maestros: Paul Keres, Paul Schmidt, Efiw Bogoljubov y Gostan Stoltz, llegando en la tercera colocación detrás de Keres y Alekhine, pero derrotando en la partida individual al campeón mundial tras brillante producción. Por este gran éxito, la Federación Alemana de Ajedrez, lo condecoró con una medalla honorífica y le otorgó el título de gran maestro, y le invitó especialmente a intervenir en el Torneo Magistral de Munich, donde ocupó una colocación intermedia frente a figuras como Alekhine, Keres, Bogoljubov, Foltys, Richter, Barcza, Relltab y Stolz entre otros afamados. Pero 14 días después se rehabilita brillantemente en el XXXIII Torneo “Gneralgouvernement” en Varsovia al quedar segundo de Alekhine pero superando una importante pléyade de maestros. En noviembre participa de Leipzig de un Torneoo Abierto realizado en el Club Agustea en homenaje a Max Blümich donde gana el segundo premio superado por el joven maestro de Frankfurt, Max Niephaus. Mañana el final de esta apasionante y cruel historia del ajedrez.
miércoles, 2 de noviembre de 2011
Klaus Junge: Un joven genio del ajedrez inmolado en el tablero de la guerra
Tercera parte de la publicación de Héctor Luis González, "Klaus Junge: Un capítulo cruel del ajedrez". Aquí las entregas anteriores.
Ya en 1939, en constante ascenso participó en el Torneo de Lübeck, donde logró una resonante victoria puesto que superó a 11 jugadores experimentados en un certamen con puntaje oficial. A mediados de ese año, integra el equipo del Club de Hamburgo que se impone en el turno preliminar del Campeonato por Equipos de Alemania a las representaciones de Halle y Hannover. Klaus tuvo una actuación descollante contribuyendo a que su equipo llegara a la final donde cotejó con los conjuntos de Berlín, Viena, Leipzig, Munich y Mannheiem ubicándose en la 3º colocación detrás de Berlín y de Viena.
Klaus Junge fue premiado como el mejor tablero del torneo, realizando el excelente scorer de cuatro partidas ganadas y una tablas sin conocer la derrota.
Tan destaca performance le valió que la Federación Alemana de Ajedrez le otorgara una beca para participar en un curso dictado por el maestro berlinés Schlage en Fürstenwalde, donde conoció a otros jóvenes que habían sido cuidadosamente seleccionados para perfeccionar sus conocimientos, allí conoció a la talentosa Edith Keller y al hoy gran maestro Walfgang Unzicker que por entonces contaba con 14 años de edad.
Este curso le permitió adquirir una alta preparatoria para asumir su primer torneo magistral en Nordmanrk Ostern 1940 donde fue superado por los viejos maestros Heinicke, Kordts y Brinckmann que le precedieron, pero superando a otros de la talla de Finotti, Sahtmann, Henning y Behrens. A fines de 1940 quedó segundo de Finotti en el Campeonato de Hamburgo, donde ganó brillantes partidas como frente al Dr. Törber y al maestro Sahlmann.
Ya por esta época, Klaus comenzó a apasionarse por la resolución de problemas y finales compuestos. Si bien no alcanzó a componer, envió a la redacción de la revista alemana de ajedrez un estudio sobre un problema con más 100 variantes de soluciones distintas y ganó dos concursos acertando el 100% de las soluciones exigidas, lo que demuestra con meridiana claridad el extraordinario talento que tenía para asumir esta faz del juego.
1941, resultó para el joven maestro un año estupendamente rico en cantidad y calidad de partidas jugadas. Comenzó ganando el Torneo Magistral Relámpago de Hamburgo donde obtuvo 29 puntos de 32 posibles. A fines de marzo ofreció una exhibición de partidas simultáneas contra reloj frente a 17 maestros, a beneficio de los soldados heridos en la guerra, logrando un impresionante scorer de 17 a 0, confirmando su exactitud y velocidad para el milenario juego. Días después se coronó campeón de Hamburgo al ganar el torneo de la ciudad en calidad de invicto.
Durante las pascuas volvió a intervenir en el torneo Magistral Nordmark Ostern donde se tomó desquite del año anterior, venciendo a todos los maestros consagrándose ganador. Mañana la cuarta entrega de esta apasionante historia del ajedrez mundial.
Ya en 1939, en constante ascenso participó en el Torneo de Lübeck, donde logró una resonante victoria puesto que superó a 11 jugadores experimentados en un certamen con puntaje oficial. A mediados de ese año, integra el equipo del Club de Hamburgo que se impone en el turno preliminar del Campeonato por Equipos de Alemania a las representaciones de Halle y Hannover. Klaus tuvo una actuación descollante contribuyendo a que su equipo llegara a la final donde cotejó con los conjuntos de Berlín, Viena, Leipzig, Munich y Mannheiem ubicándose en la 3º colocación detrás de Berlín y de Viena.
Klaus Junge fue premiado como el mejor tablero del torneo, realizando el excelente scorer de cuatro partidas ganadas y una tablas sin conocer la derrota.
Tan destaca performance le valió que la Federación Alemana de Ajedrez le otorgara una beca para participar en un curso dictado por el maestro berlinés Schlage en Fürstenwalde, donde conoció a otros jóvenes que habían sido cuidadosamente seleccionados para perfeccionar sus conocimientos, allí conoció a la talentosa Edith Keller y al hoy gran maestro Walfgang Unzicker que por entonces contaba con 14 años de edad.
Este curso le permitió adquirir una alta preparatoria para asumir su primer torneo magistral en Nordmanrk Ostern 1940 donde fue superado por los viejos maestros Heinicke, Kordts y Brinckmann que le precedieron, pero superando a otros de la talla de Finotti, Sahtmann, Henning y Behrens. A fines de 1940 quedó segundo de Finotti en el Campeonato de Hamburgo, donde ganó brillantes partidas como frente al Dr. Törber y al maestro Sahlmann.
Ya por esta época, Klaus comenzó a apasionarse por la resolución de problemas y finales compuestos. Si bien no alcanzó a componer, envió a la redacción de la revista alemana de ajedrez un estudio sobre un problema con más 100 variantes de soluciones distintas y ganó dos concursos acertando el 100% de las soluciones exigidas, lo que demuestra con meridiana claridad el extraordinario talento que tenía para asumir esta faz del juego.
1941, resultó para el joven maestro un año estupendamente rico en cantidad y calidad de partidas jugadas. Comenzó ganando el Torneo Magistral Relámpago de Hamburgo donde obtuvo 29 puntos de 32 posibles. A fines de marzo ofreció una exhibición de partidas simultáneas contra reloj frente a 17 maestros, a beneficio de los soldados heridos en la guerra, logrando un impresionante scorer de 17 a 0, confirmando su exactitud y velocidad para el milenario juego. Días después se coronó campeón de Hamburgo al ganar el torneo de la ciudad en calidad de invicto.
Durante las pascuas volvió a intervenir en el torneo Magistral Nordmark Ostern donde se tomó desquite del año anterior, venciendo a todos los maestros consagrándose ganador. Mañana la cuarta entrega de esta apasionante historia del ajedrez mundial.
martes, 1 de noviembre de 2011
Klaus Junge:Murió jugando ajedrez en las trincheras
Continuamos con la segunda parte de la nota de Héctor Luis González, "Klaus Junge: Un capitulo cruel del ajedrez". La historia de un joven genio inmolado en el tablero de la guerra.
Aquí la primera parte.
Hitler cercado en Berlín redacta su última proclama “.... Si en los días que vienen, cada soldado del Frente del Este cumple con su deber, Berlín seguirá siendo Alemana, Viena volverá a ser nuestra y Europa no será nunca rusa...”. El 20 de abril el Führer festejó sus 56 años y en horas de la tarde junto al ideólogo Arthur Axmann condecoró a su grupo de muchachitos de 14 y 15 años con las últimas cruces de hierro del agonizante régimen. Cinco días después ya se luchaba en las calles de Berlín y en la mañana del 1º de mayo, entre los escombros, los soldados rusos se fotografiaron en las escalinatas de la Cancillería del Reich.
Ya todo había terminado. Tres días antes, en las cercanías de Hamburgo eran inhumados los restos del joven teniente Klaus Junge. Los campesinos que le dieron sepultura hallaron en los bolsillos de su uniforme numerosos manuscritos con anotaciones y análisis de partidas de ajedrez, eran acaso los últimos ensayos de una fugaz estrella que había brillado en el mundo de los trebejos, pero que la tragedia desatada por una guerra, que convocó a niños en un fanatismo sin razón, había tronchado el surgimiento de un valor irremplazable para el ajedrez de Alemania.
Klaus Junge, nació en Concepción, Chile el 1º de enero de 1924. Su padre Otto Junge era un maestro de ajedrez de reconocida fuerza que había logrado el título de campeón chileno en 1922, pero su trayectoria en el ajedrez trasandino fue corta puesto que en 1928 decidió regresar a Alemania, junto con su esposa y el pequeño Klaus, instalando su residencia en la ciudad nórdica de Hamburgo.
Sin ser un niño prodigio, Klaus demostró desde su primera infancia una inteligencia notable. A los cuatro años aprendió a leer, ingresando a la escuela directamente a 2º grado. Su espíritu inquieto y su observación aguda le permitieron acceder al juego de ajedrez simplemente contemplando las partidas que su padre animaba diariamente con sus amigos. Ya cuando contaba 8 años jugaba con otros niños de mayor edad a quienes aventajaba comúnmente. La disposición heredada de su padre comenzó a desarrollarse y desde temprana edad comenzó a realizar análisis escudriñando hasta los mínimos detalles de los conocimientos más importantes de la apertura y combinación dedicación que fue realizada con una dosificación inteligente que no hizo peligrar sus estudios primarios y secundarios, donde se destacó como excelente alumno. A los 12 años comenzó a frecuentar el Club de Ajedrez de Hamburgo, jugando sus primeras partidas con reloj, alternando victorias y derrotas en un rápido crecimiento formativo.
A los 13 años venció al calificado maestro Protz en una demostración cabal de una intuición estatégica admirable, revelando un golpe de vista excelente.
En febrero de 1938, Klaus participó de su primer torneo llamando la atención de los dirigentes por su excelente actuación, que le brindaron la oportunidad de intervenir en el Torneo de Ajedrez de Pascua, realizado en Bergedorf - localidad cercana a Hamburgo- obteniendo un rotundo triunfo en la categoría de candidatos a maestro. Mañana la tercera entrega de esta apasionante historia del ajedrez mundial.
Aquí la primera parte.
Hitler cercado en Berlín redacta su última proclama “.... Si en los días que vienen, cada soldado del Frente del Este cumple con su deber, Berlín seguirá siendo Alemana, Viena volverá a ser nuestra y Europa no será nunca rusa...”. El 20 de abril el Führer festejó sus 56 años y en horas de la tarde junto al ideólogo Arthur Axmann condecoró a su grupo de muchachitos de 14 y 15 años con las últimas cruces de hierro del agonizante régimen. Cinco días después ya se luchaba en las calles de Berlín y en la mañana del 1º de mayo, entre los escombros, los soldados rusos se fotografiaron en las escalinatas de la Cancillería del Reich.
Ya todo había terminado. Tres días antes, en las cercanías de Hamburgo eran inhumados los restos del joven teniente Klaus Junge. Los campesinos que le dieron sepultura hallaron en los bolsillos de su uniforme numerosos manuscritos con anotaciones y análisis de partidas de ajedrez, eran acaso los últimos ensayos de una fugaz estrella que había brillado en el mundo de los trebejos, pero que la tragedia desatada por una guerra, que convocó a niños en un fanatismo sin razón, había tronchado el surgimiento de un valor irremplazable para el ajedrez de Alemania.
Klaus Junge, nació en Concepción, Chile el 1º de enero de 1924. Su padre Otto Junge era un maestro de ajedrez de reconocida fuerza que había logrado el título de campeón chileno en 1922, pero su trayectoria en el ajedrez trasandino fue corta puesto que en 1928 decidió regresar a Alemania, junto con su esposa y el pequeño Klaus, instalando su residencia en la ciudad nórdica de Hamburgo.
Sin ser un niño prodigio, Klaus demostró desde su primera infancia una inteligencia notable. A los cuatro años aprendió a leer, ingresando a la escuela directamente a 2º grado. Su espíritu inquieto y su observación aguda le permitieron acceder al juego de ajedrez simplemente contemplando las partidas que su padre animaba diariamente con sus amigos. Ya cuando contaba 8 años jugaba con otros niños de mayor edad a quienes aventajaba comúnmente. La disposición heredada de su padre comenzó a desarrollarse y desde temprana edad comenzó a realizar análisis escudriñando hasta los mínimos detalles de los conocimientos más importantes de la apertura y combinación dedicación que fue realizada con una dosificación inteligente que no hizo peligrar sus estudios primarios y secundarios, donde se destacó como excelente alumno. A los 12 años comenzó a frecuentar el Club de Ajedrez de Hamburgo, jugando sus primeras partidas con reloj, alternando victorias y derrotas en un rápido crecimiento formativo.
A los 13 años venció al calificado maestro Protz en una demostración cabal de una intuición estatégica admirable, revelando un golpe de vista excelente.
En febrero de 1938, Klaus participó de su primer torneo llamando la atención de los dirigentes por su excelente actuación, que le brindaron la oportunidad de intervenir en el Torneo de Ajedrez de Pascua, realizado en Bergedorf - localidad cercana a Hamburgo- obteniendo un rotundo triunfo en la categoría de candidatos a maestro. Mañana la tercera entrega de esta apasionante historia del ajedrez mundial.
lunes, 31 de octubre de 2011
Klaus Junge: un capítulo cruel del ajedrez
Murió jugando en las trincheras
Continuamos con esta serie homenaje a mi amigo Héctor Luis González. Rescato hoy otra página brillante del periodismo local, cuando el ajedrez se podía leer casi a diario en la prensa de mi provincia de Córdoba, Argentina. En esta oportunidad lo concreto con la publicación del derrotero de un ajedrecista no muy reconocido por el aficionado en general. Un joven genio inmolado en el tablero de la guerra. Aquí pueden ver la anterior nota sobre Lasker.
En la tarde del 27 de abril de 1945, en Welle in der Luneburger Haeide, una tierra arenosa y triste vecina a Hamburgo, un grupo de campesinos del lugar recogían los restos mortales del teniente Klaus Junge para darle sepultura.
Klaus, era uno de los últimos muertos en combate de una resistencia injustificada que pretendía evitar la inexorable caía del Tercer Reich, apelando a la reserva de adolescente y jóvenes bajo el patético proverbio “Niños aprovechemos la guerra, la paz será terrible” había sido convocados a mediados de 1943, cuando la noche comenzaba a caer sobre las huestes de la Alemania nazi. La guerra ya comenzaba a perderse en los aires y en los mares. El Afrika Korps estaba destrozado. La ofensiva sobre Kursk había fracasado, el frente del este se derrumbaba, los balcones ardían, los aliados avanzaban en Italia y el desembarco en el frente del oeste era ya una amenaza inevitable. Era el comienzo del apocalipsis. Mientras el ejército alemán permanece en Stalingrado, Heinrich Himmler -el creador de la Gestapo y jefe máximo de los SS- pasa a ser hasta el final un importante personaje en el plano militar.
Así es como nace la 12º Panzer División SS Hitler Jugend, en la que la edad media de sus integrantes era de 18 años incluyendo suboficiales y oficiales. La idea de la creación de esta unidad de adolescentes parte del Reischjugend Führer Arthur Axmann, un mutilado que perdió un brazo en el frente, y adoctrinó y dirigió a toda la juventud del Reich enfervorizando a más de dos millones de chicas y chicos.
Así es como los jóvenes pasan con toda naturalidad de los campos de adoctrinamiento de Arbeitdienst a los de las Waffen SS, pese a que la incorporación obligatoria provoca un sinnúmero de quejas. Sacerdotes y pastores y acongojados padres solicitaron al Führer que deje sin efecto la medida. Los obispos intentaron intervenir, pero Himmler convocó a su lugarteniente Hans Juttner encargado de las cuestiones administrativas y le ordenó: “...encuentre un medio de calmar los chillidos de la curería...” y a los padres anúnciales que sus hijos tendrán un mes de instrucción y luego se les dará a elegir entre la Wehmarcht o las Waffen SS (divisiones formadas por voluntarios extranjeros).
El plan se cumplió y con tanta exactitud que solamente tres jóvenes pidieron salir de la SS al fin del período de instrucción, la que alcanzó niveles de tal perfección, que tiempo después se apreció en plena lucha, cuando estos jovencitos realizaban verdaderos milagros batiéndose en proporción de uno a diez ante los efectivos aliados.
La división Hitler Jugend quedó oficialmente constituida el 24 de junio de 1943. Más de diez mil muchachos de 15 a 17 años prestaron juramento a la luz de las antorchas, luego de haber minuciosamente preparados para batirse y morir. Klaus Junge se encontraba entre ellos y fue uno de los últimos en entregar su vida, cuando ya la guerra tocaba a su fin. Muy cerca de donde cayera, en Lübeck dos días antes de su muerte, el 25 de abril, Heinrich Himmler en un posterior esfuerzo intentaba pacificar el frente occidental. Aprovechando la mediación del conde Folke Bernadotte de la Cruz Roja sueca, proponía a los norteamericanos y británicos una paz separada para luchar en forma conjunta contra los bolcheviques.
Algo que ya había intentado su camarada de la Orden Negra, Rudolf Hess cuatro años atrás, pero el resultado fue el mismo, puesto que Truman y Churchill la rechazaron, entendiendo que se comprometía el futuro del mundo y configuraba un acto de deslealtad ante la promesa formulada a Stalin de no concertar ningún tipo de paz con Alemania. Mañana seguimos con este cruel capítulo del ajedrez mundial.
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