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miércoles, 21 de septiembre de 2011

La segunda lectura: para quienes marchan por la senda hacia el magisterio en Ajedrez

Por Juan Antonio Castro Torres (*)
Frecuentemente cuando nos atrapa un buen libro, así sea de ajedrez o de cualquier otro género, leemos con fruición en rápido camino para develar el final. La impaciencia nos guía, la velocidad nos impide admirar con detenimiento el paisaje propuesto. Luego, lo retomamos para una segunda lectura que nos lleva a comprender el “mensaje” del autor y permite reflexionar sobre otras cuestiones, más profundas o, simplemente, nos deleita con sabias metáforas y sonreímos por astutas ironías que enriquecen nuestro espíritu. Es, casi, como el pan de la vida.
En el juego de ajedrez, en términos ideales, deberíamos observar la misma conducta. No hay mayor frustración que jugar impulsivamente con las manos haciendo caso omiso al pensamiento racional. La idea se fortalece, complementándola, con aquella sabia premisa que nos habla de desconfiar de las “jugadas naturales”. Por cierto, hay momentos de la partida de ajedrez que la respuesta es obvia, como cuando se produce una captura y la recaptura es obligada sin remedio. Debemos ejercitar la segunda lectura (mirada global de todo el tablero y las distintas opciones de la posición dada) en momentos claves del juego. Se trata simplemente de distinguir lo urgente de lo importante. Siempre que el tiempo no nos agobie, la cuestión central exige tomar distancia y mirar el tablero de ajedrez bajo otra perspectiva, la del pensamiento racional que requiere concentración, conocimiento técnico, razonamiento lógico y frialdad de procedimientos, aunque el corazón galope a mil. Esa segunda lectura debe ser coherente con nuestro plan y, si resulta posible, encontrar la continuación que más desagrade a nuestro rival. La segunda lectura es aquella que nos lleva a la jugada de ajedrez que defiende y también ataca, simultáneamente, que limita al oponente, que lo obliga a salir de los cánones naturales, que lo distrae. Esta segunda lectura aparece naturalmente cuando logramos dominar el instinto animal de capturar la presa a cualquier precio.
Quienes ya practican habitualmente esta segunda lectura, son los que marchan por la senda hacia el magisterio. Descubren cuándo la excepción justifica la regla. Marchan hacia la verdad ajedrecística. Son quienes al encontrar las mejores respuestas, las más profundas, están muy cerca del arte que transforma a una partida de ajedrez en una bella creación estética. Se trata de esos jugadores elegidos por Caissa (Diosa del Ajedrez) que, en el momento menos esperado, los ilumina con una tercera lectura, la que, inexorablemente, los llevará a la victoria.
(*) Periodista, escritor y MI (ICCF).

miércoles, 17 de agosto de 2011

¿Para cuando el ajedrez como materia obligatoria u optativa en los colegios?

Las sutilezas espirituales del ajedrez, beneficiaría enormemente el desarrollo intelectual y humano.

El juego de ajedrez es, con toda evidencia, uno de los hallazgos más notables de la cultura humana.  
Se puede jugar al ajedrez como mero pasatiempo. También se lo puede estudiar en forma sistemática, como cualquier otra ciencia. O se pueden componer problemas y finales, como en otras artes.
A ello cabe añadir la utilización del ajedrez como disciplina formativa, durante la niñez y adolescencia. En efecto: El juego ejercita el raciocinio, al exigir un análisis lógico de los procedimientos ganadores; educa la memoria;  que debe recordar secuencias de jugadas y retener posiciones; fomenta la imaginación, para presentarse al futuro desarrollo de las acciones; y ahonda la percepción psicológica, a través de la prevención y el castigo de los errores del adversario.
Como todo juego, además, el ajedrez constituye un universo completo y cerrado, sujeto a leyes inexorables. Se convierte así en un modelo del mundo, que ofrece una amplia gama de elecciones posibles, pero obliga a soportar las consecuencias de una elección equivocada. En este sentido, el tablero brinda también una formación en el orden moral.
La enseñanza del ajedrez en las escuelas es una vieja aspiración de los conocedores del juego y de no pocos especialistas en temas de la educación. Para los últimos grados del ciclo primario y los iniciales del secundario, en especial, el ajedrez sería un valioso aporte.
Existen antecedentes en diversos países particularmente en la Unión Soviética, donde el eminente teórico Vasily Panov preparó los planes y programas de estudio, con señalado éxito. Panov advirtió, sin embargo que el aprendizaje del juego no debía ser obligatorio y que no debía forzarse al niño que no demostrara interés por él. Es natural, ya que todo juego, por definición, debe aceptarse libremente, so pena de ser desvirtuado en su esencia misma. El juego es la máxima expresión de la libertad individual.
Como materia especial, el ajedrez podría ser una opción ventajosa para los estudiantes. a quienes todavía se somete a absurdas clases de trabajo manual, en las cuales se les enseña a fabricar cestos de alambres u otras tonterías por el estilo. Ciertamente, ocupar esas horas en descubrir las sutilezas espirituales del ajedrez, beneficiaría enormemente su desarrollo intelectual y humano.

viernes, 5 de agosto de 2011

Amigos del ajedrez, para siempre

Las bodegas de la Diosa Caissa (Cuarta nota) 
Por Juan Antonio Castro Torres (*) 
Una de las aristas más positivas del ajedrez a distancia, desde el punto de vista humano, es la consolidación de amigos en todo el planeta. La mayor demostración de ello la dio la famosa “Partida de la Amistad” que se jugó por iniciativa del Dr. Jorge Juan Canale (Maestro Nacional de Liga Argentina De Ajedrez por Corresondencia -LADAC-  y ex presidente de esta entidad) en 1971 y que se prolongó hasta 1977, tiempo habitual de duración de los torneos internacionales por aquellos años. Participaron de esta memorable justa del ajedrez los mejores postalistas de Argentina, Estados Unidos y de otros países de América del Sur. Cabe agregar que Canale, por otra parte, fue el capitán del equipo argentino que compitió, siempre por carta, con Finlandia entre 1973 y 1977, a 50 tableros, nada menos. 

La crisis cibernética Hoy
La evolución tecnológica, llevó a terapia intensiva el ajedrez por correspondencia, en su forma tradicional. La irrupción de “los monstruos de silicio” formidables programas informáticos que, de una manera u otra ponen en crisis la actividad que, actualmente, se juega mayormente por e–mail. Por estos tiempos de cambios tecnológicos sustanciales, además de ICCF hay otras organizaciones menos conocidas que aplican las mismas reglas. La mayor parte de ellas, así como los sitios Web, actúan como intermediarios u organizan partidas y torneos por correo electrónico, además del ajedrez por correspondencia, lo que ha tornado francamente difusa la categorización y la organización seria de la actividad postal. Las pagínas de ajedrez están registrados en la web en categoría “Sitios de juego”. Pero es tan rica la historia postalista que seguramente el ajedrez mismo, en su infinita evolución creativa y en consonancia con la mejor ética humana –aquella que rechaza de plano el uso de ordenadores en reemplazo de la maravillosa máquina de nuestra propia mente–, encontrará el camino preciso para recuperarlo como artesanía lúdica por excelencia. Y si así ocurriera nos volveremos a encontrar en las bodegas de Caissa (diosa del ajedrez) que nada objetará, obviamente, si nos embriagamos apasionadamente en su santo nombre. (en la próxima nota: Los postalistas del ajedrez cordobés) (*) Caballero del ajedrez, periodista, escritor y MI (ICCF)

martes, 2 de agosto de 2011

Las bodegas de Caissa, la diosa del ajedrez

Ajedrez y evolución del hombre ad eternun
(Primera nota) Por Juan Antonio Castro Torres (*)
 El ajedrez es como la mejor bodega del universo y sus planetas aledaños. Sus toneles y cubas de fina madera y gruesas bridas de acero son infinitas, incontables, milenarias, y atesoran las mejores bebidas escanciadas y por escanciar. Creada y renovada ad eternum por la diosa del ajedrez: Caissa,  está allí toda la mejor historia de la evolución del hombre en el esplendor del pensamiento abstracto, Baco incluido. Vinos de mesa, pateros, finos oportos portugueses, champagne francés, varietales argentinos, coñac añejado por siglos, whisky de lo más profundo de las cruzadas escocesas, encontraremos según el gusto y el deleite de cada uno de los mortales que tratan de tu o de usted a este juego del ajedrez, que sigue y sigue como la sombra sigue al hombre. De cada tonel, un cuerpo casi perfecto, colores primarios, perfume diferente para todos los paladares, tácticos o posicionales, románticos o eclécticos. Está el vino de mesa tan popular que bebe aquel que a la tercera jugada de su partida más importante de ajedrez tira un jaque “por las dudas de que sea mate” o el licor para paladares exquisitos que sueñan con su propia “Siempreviva”, al estilo genial de Anderssen cuando lo dejó patitieso a Dufresne al promediar el siglo diecinueve. ¿Qué no son dos, las bodegas? A poco andar, por infinita, pese a que la descubrimos hace siglos, encontramos que no es una, sino son dos (¿tal vez más?) las bodegas de la diosa del ajedrez, para que nadie quede afuera de la humana embriaguez del conocimiento sobre el tablero escaqueado. Son muchos quienes las conocen, y no por bebedores, en sus laberintos más profundos. Podrán discutir con igual razón cual es la que interpreta mejor la gran sinfonía del misterioso juego, pero todos saben que en ambas reside la verdad del ajedrez más profunda, diversa y, por artística, desmesuradamente bella. La más conocida, por cierto, es aquella donde los catadores de Caissa se encuentran frente a frente, descorchando diagonales con los astutos alfiles y columnas abiertas con las pesadas torres, a suerte y verdad y sin otros atributos que el conocimiento almacenado en su propia cabecita, constreñidos a jugar ajedrez en un espacio de tiempo limitado por un aleatorio reloj, con guillotina incluida. No hay duda, es la más deportiva que ha trascendido culturalmente hasta nuestros tiempos. Pero ahora nos abocaremos a la otra, la que practican aquellos que, por distintos motivos, se enamoraron del juego de ajedrez por carta y no lo abandonaron jamás. (en la próxima nota: La batalla del ajedrez a distancia) (*)Periodista, escritor y MI (ICCF)

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