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miércoles, 1 de febrero de 2012

¿Sólo los cultos pueden triunfar en el ajedrez?

"Solo un hombre culto puede llegar a las cumbres del ajedrez". Dr. Alexánder Alekhine, ex campeón mundial.
"El ajedrez es un verdadero símbolo de la lucha entre el bien y el mal, del equilibrio del universo y el alma. Cuando se juega al ajedrez se alcanzan altos grados de concentración, que solamente se pueden comparar con los estados de oración profunda. Alexis Murillo, Maestro internacional.
"Aprendí a jugar al ajedrez antes que a leer". José Raúl Capablanca. 
"Veo en la lucha ajedrecística un modelo pasmosamente exacto de la vida humana, con su trajín, sus crisis y sus incesantes altibajos". Garry Kasparov 
"La amenaza de la derrota es siempre más terrible que la derrota misma". Anatoli Karpov, ex campeón mundial.
"En ajedrez la amenaza de una jugada es más fuerte que su ejecución". Aron Nimzovich, 
"El ajedrez es un elíxir que alarga la vida, es un culto a la sabiduría y un canto a la virtud". Anónimo.
"La táctica consiste en saber que hacer cuando hay algo que hacer. La estrategia, en saber que hacer cuando no hay nada que hacer". Savielly Tartakover.
"A los siete años de edad mi padre me enseño los rudimentos del ajedrez, sin que nos hubieramos podido imaginar, -ni él ni yo- cómo me iba a llenar la vida este hermosísimo juego". Joaquín Gutiérrez, escritor.
"Más que un juego o una ciencia el ajedrez es un arte. Quien llega a dominar el arte exquisito de sus combinaciones y adentrarse en la solución tan interesante de sus problemas, goza de una sensación estética tan saludable y tan emotiva como la que produce una hermosa sinfonía o la contemplación de un modelado o de una pintura de mérito". Lic. Rogelio Sotela Montagné, ex campeón nacional de Costa Rica.
"El ajedrez es la lógica hecha juego". Anónimo.
"Jugar una partida de ajedrez es pensar, elaborar planes y también tener una pizca de fantasía". Paul Morphy. 

miércoles, 18 de enero de 2012

El ajedrez y las expresiones famosas

Seguimos con frases famosas que nos ayudan a comprender un poco más al ajedrez. 
En ajedrez mi palabra es cercana a la de Dios. Garry Kasparov. 
El ajedrez es un juego sin par, regio e imperial. Napoleón Bonaparte.
El ajedrez es semejante a la vida. Miguel de Cervantes, escritor.
Si prohibieran el ajedrez, me convertiría en contrabandista. Miguel Tal, excampeón mundial.
El ajedrez es un juego honrado. William Shakespeare, poeta y dramaturgo.
El ajedrez es prueba de inteligencia. Wolfang Goethe, poeta y novelista.
El ajedrez es una gimnasia mental. Vladimir I. Lenin
El ajedrez, como todas las demás cosas, puede aprenderse hasta un punto y no más allá. Lo demás depende de la naturaleza de la persona. José Raúl Capablanca, ex campeón mundial.
El ajedrez es mucho para juego y muy poco para ciencia. Miguel de Unamuno, escritor.
El ajedrez subsiste gracias a los errores que se cometen jugándolo. Savielly Tartakower, Gran Maestro.
El aprendizaje del ajedrez produce auténtico placer y los éxitos deportivos o creativos que se obtienen luego, reportan plena satisfacción. Alexánder Kótov, Gran Maestro
Los peones son el alma del ajedrez.André Fhilidor, músico.
El ajedrez es algo más que un juego; es una diversión intelectual que tiene algo de arte y mucho de ciencia. Es además, un medio de acercamiento social e intelectual. José Raúl Capablanca, excampeón mundial.
La enseñanza más valiosa que podemos derivar del ajedrez es la preeminencia de la calidad del juego sobre el resultado del mismo. Al buen ajedrecista no le interesa vencer por vencer. Le interesa vencer a quién y cómo. Le interesa ante todo y sobre todo la calidad de la partida, incluso si resulta vencido. Dr. Claudio Gutiérrez, ex rector de la Universidad de Costa Rica. 

sábado, 3 de diciembre de 2011

Alekhine: Final de la apasionada vida de una leyenda del ajedrez

Finalizamos hoy con "Alekhine, Gloria y drama de un genio", del ajedrez. Recordemos que es un artículo publicado en 1983 por Héctor Luis González en LA VOZ DEL INTERIOR,  de Córdoba, Argentina.
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Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, la posición política de Alekhine apareció poco simpática, puesto que se lo consideró un colaboracionista del régimen nazi. Un artículo periodístico publicado con su firma en París, atacaba duramente a los judíos y hablaba de los engaños de éstos en el ajedrez.
Pero más allá de su agitada y apasionada vida, juzgado ajedrecísticamente, Alekhine fue indudablemente un genio. Tan alto llegó su gloria, que la Unión Soviética, su patria natal, de donde tuvo que emigrar dramáticamente para salvar su vida y con cuya doctrina comunista mantuvo una disidencia inrreductible, en 1956 - diez años después de su muerte- reivindicó su nombre proscripto y lo reclamó como uno de sus hijos más preclaros, organizando un memorial en su homenaje.
Como teórico y didacta fue realmente magistral, legando obras de gran significado, tales como: “Mis mejores partidas”, Nueva York 1924; “Ajedrez hipermoderno” y “mis mejores análisis”, reflejando en ellas un sentido amplio y ecuánime. Lo prueba cuando a pesar de su sentmiento hostil hacia Capablanca sostenido durante tantos años, en los apuntes de sus memorias, refiriéndose al genio cubano, llegó a tratarlo con tal modestia y respeto que alzó sobre su propia reputación: “...Capablanca ha dejado prematuramente el mundo del ajedrez, con su mente se ha perdido al ajedrecista más genial que jamás existió....”.
Su recia personalidad, su talento avasallante y su superioridad deportiva y psicológica los ejerció sobre sus rivales en forma permanente. Nimzovitch llegó a decir “... Nos trata como a principiantes...”, y al respecto vale la anécdota realcionada con un comentario que le hiciera Alekhine al redactor de la revista inglesa Brittish Chess Magazanine, V. Halbert-stadt, mientras ambos observaban la partida de un torneo en la que un maestro arruinaba sistemáticamente su posición. Alekhine, entonces disgustado le susurró al periodista: “Este maestro juega como un conejo”, y luego de una breve reflexión agregó: “ ¡Cómo un conejo enfermo!”.
Alekhine tenía como costumbre presenciar con notable sencillez el desarrollo íntegro de los torneos más insignificantes, sobre todo observaba a aquellos jugadores que era neófitos en teoría, quizás pretendiendo extraer aspectos de la creación natural. Su lema así lo atestigua “... El único objetivo que tiene valor en nuestro juego es la búsqueda de lo bello y lo verdadero....”.
Pero pese a toda la gloria alcanzada, los últimos años de Alekhine fueron realmente amargos. Sin duda los ataques y críticas habían hecho mella en su espíritu a tal extremo que su hábito por la bebida respondía más que al vicio,  a una forma arrebatada de aislarse del mundo exterior.
Merece recordarse un diálogo sostenido con el editor español Ricardo Aguilera en Diciembre de 1944, cuando éste le dijo:
-”Ser campeón del mundo es un orgullo”.
Alekhine respondió:
-”No lo crea usted. Yo no estoy satisfecho. A veces pienso que he perdido mi vida por ese afán de ser el mejor del mundo en ajedrez. Siempre me he sentido con fuerzas para algo más trascendente, más completo.... más adecuado a mis energías. Al fin y al cabo, el ajedrez es un juego; nada más que eso, un juego.... “.
Tal vez estas tristes reflexiones responden a los golpes morales sufrido en el ocaso de su existencia. Y es posible que con respecto a los duros ataques que sufrió, acusado de ser un pro nazi, la verdad haya sido otra. Según el director de la revista especializada Ajedrez Español, Francisco Ojeda Cobos, Alekhine afrontó difultades durante la ocupación alemana.
Tenía una verdadera obsesión por escapar a la influencia nazi. Con motivo de su participación en el torneo de Madrid, en 1943, le solicitó que le gestionara un permiso más amplio para quedarse en la capital española y de allí marchar a América. Este deseo le había sido negado por las autoridades alemanas en 1941 y cuando salía a jugar algún torneo, le negaban el pasaporte a su esposa.
Asimismo, Alekhine se enfadaba sobremanera cuando se le hablaba de aquel famoso artículo contra los judíos publicado en Paris con su firma: “....fue un estúpido periodista. No sé por qué hay personas tan estúpidas; seguramente escribió aquello con mi nombres para dar más fuerza a sus mezquinas pasiones. Lo peor es que no resulta posible rectificar aquella patraña”.
Más allá de las contradicciones que pueden depara aspectos de su personalidad, Alekhine ha sido una de las más grandes figuras de todos los tiempos. Toda una leyenda.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Actitudes agresivas en el ajedrez de Alekhine

"Alekhine, Gloria y drama de un genio", tiene hoy la quinta entrada en mi blog de ajedrez. Recordemos que es un artículo publicado en 1983 por Héctor Luis González en LA VOZ DEL INTERIOR,  de Córdoba, Argentina.
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Su recia y controvertida personalidad lo enfrentó contra muchos críticos y también con destacados maestros de su tiempo. Con Capablanca intercambió agrias polémicas relacionadas con el juego y con otros adversarios fue hasta despiadado, incluyendo el uso del “boicot” fundado en su extraordinario carisma deportivo. Basta recordar el famoso “Yo acuso -difundida carta que le enviara el maestro Rudolf Spielmann- donde a través de airada protesta acusaba a Alekhine de ejercer presiones antideportivas ante los organizadores de los certámenes magistrales, para desplazar adversarios y dilatar de esa forma el surgimiento de la figura destinada a reemplazarlo. Spielmann finalizaba la carta con estas palabras “... Mi querido campeón del mundo, evite en lo sucesivo a sus adversarios, que así podrá obtener todavía grandes triunfos, debido a la desvalorización del mundo ajedrecístico; deponga por lo tanto el bastón de mando, de lo contrario deberé repetirle la palabra bíblica del profeta Oseas “Quién siembra vientos, recoge tempestades”. La medida está colmada. De una a otra parte del océano, alzábanse las voces de protesta contra la dictadura del campeón del mundo....”.
Pero las quejas y publicaciones de Spielmann no alcanzaron efecto, puesto que este célebre maestro austríaco, de raza judía, fue perseguido por el nazismo; emigró a Estocolmo, pobre y enfermo, donde falleció en 1942.
Asi mismo se recuerdan algunas actitudes agresivas, asumidas por Alekhine en su segundo match frente a Euwe. Alekhine era muy afecto a un gato siamés que lo acompañaba durante sus largas horas de análisis y pretendió jugar el match con el gato sobre su falda, pero Euwe, respondiendo a la superstición holandesa del “gato negro” se opuso, a lo que Alekhine aceptó, pero de inmediato envió a que le tejieran un pullover blanco, bordado en el pecho con un horrible gato negro, el que ofreció a la vista del supersticioso doctor Euwe durante las partidas del match.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Alekhine: El más alto porcentaje logrado por todos los campeones mundiales de ajedrez

"Alekhine, Gloria y drama de un genio", tiene hoy su cuarta entrada en mi blog de ajedrez. Recordemos que es un artículo publicado en 1983 por Héctor Luis González en LA VOZ DEL INTERIOR,  de Córdoba, Argentina.

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Pero en 1937, comenzó a reaccionar anímicamente y tras una esmerada preparación realizada en Amsterdam junto al maestro Erich Eliskases, disputó con Euwe la revancha y el título volvió a sus manos tras 10 partidas ganadas, 4 perdidas y 11 tablas.
Este segundo encuentro con Max Euwe fue la última ocasión en que Alekhine expuso su corona mundial. Desde entonces desestimó sistemáticamente los múltiples reclamos y desafíos, en especial de Capablanca, Salo Flhor y otros maestros, manejando su título despóticamente y exigiendo condiciones poco comunes para su disputa. Más aún, la guerra del 39 dificultó y hasta paralizó las tratativas para que arriesgara su corona.
En 1937 participa en varios certámenes de singular importancia, cotejando con los jóvenes de la nueva generación, tales como Botvinnik, Keres, Reshevsky, Flohr y fine, ocupando muy buenas colocaciones, como en Margate 3º, Kemeri 4º y Bad Nauheim 2º.
En el gran torneo AVRO 1938 es cuarto ganando posteriormente los certámenes de Margate y Montevideo y al año siguiente vence en Caracas.
En 1941 se clasifica segundo en el torneo de Munich y desde entonces ganó todas las pruebas magistrales en las que intervino hasta su desaparición: Cracovia 1941, Salzburgo, Munich y Praga 1942, Salzburgo y Pragaz 1943, Gijón 1944 y Melilla 1945. Su extraordinaria carrera ajedrecística puede resumirse en el más alto porcentaje logrado por todos los campeones mundiales de la historia: 73;83 por ciento que surgen del notable red de 498 partidas ganadas, 349 tablas y 110 perdidas en pruebas magistrales a través de 36 años de actuación.
Su muerte acaeció repentinamente en Estoril, villa cercana a Lisboa, el 24 de marzo de 1946, mientras analizaba posiciones en la habitación de un hotel, durante la noche. A la mañana siguiente, fue encontrado muerto ahogado con una presa de pollo atravesada en su garganta y con su cabeza reclinada sobre el tablero, sobre las 64 casillas motivos de su vida.
Alekhine se llevó a la tumba el título mundial, ese trono que manejó en forma caprichosa y despótica, pero respaldado por una fuerza y genialidad creativa que lo mostraron, sin duda, como el mejor de su época

miércoles, 30 de noviembre de 2011

La vida disipada de Alekhine lo llevó a la pérdida de su título mundial de ajedrez

"Alekhine, Gloria y drama de un genio", tiene hoy su tercera entrada en mi blog. Recordemos que es un artículo publicado en 1983 por Héctor Luis González en LA VOZ DEL INTERIOR,  de Córdoba, Argentina.


En posesión del título, los triunfos se suceden con una magnitud tal que en la FIDE (Federación Internacional de Ajedrez) se llegó a discutir la creación de una categoría superior para él. Gana invicto el torneo de Brandley Beach 1929 y en ese mismo año, pone el juego su título ante Efim Bogoljubow en un match disputado en Amsterdam y que finalizó el 12 de diciembre con la contudente victoria de Alekhine con 11 partidas ganadas, 5 perdindas y 9 tablas. 
Cierto es que este match con Bogoljubow había defraudado en alguna medida la expectativa del mundillo ajedrecístico, puesto que todos esperaban la revancha con Capablanca, pero Alekhine, tan caprichoso y arbitrario como su antecesor, le imponía las mismas condiciones de Londres, que él mismo debió aceptar para conquistar su corona en 1927.
En 1930 gana el torneo de San Remo con un puntaje impresionante: 13 ganadas y dos tablas, y al año siguiente se adjudicó el certamen de Blend, siendo considerado poco menos que invencible.
La formidable escalada de victorias se repite en 1933 en los torneos de Berna, Londres, Pasadena y México. consiguiendo establecer ese mismo año el record de partidas simultáneas a la ciega, ganado las 32 partidas en una exhibición realizada en Chicago.
En 1934 triunfa en Zurich, en el torneo internacional, y derrota nuevamente a Bolgoljubow en la defensa de su título tras 8 partidas ganadas, 3 perdidas y 15 tablas.
En 1935, luego de ganar el certamen de Orebro, expone nuevamente su corona en La Haya, ante Max Euwe. cuando promediaba el encuentro la lucha favorecía a Alekhine por 6-3, pero la sorpresa fue general, pues el match tuvo un vuelco inesperado, ya que al imponerse Euwe en varias partidas consecutivas, le arrebató el título venciéndolo finalmente por 9 ganadas, 8 perdidas y 13 tablas.
Lo increible había acontecido, pero en alguna medida la explicación se daba por la vida disipada que Alekhine llevaba. Prácticamente se había entregado a la bebida y su preparación técnica y espiritual contrastaba con la de su rival que asumió la pugna con su entrenamiento admirable y una capacidad extraordinaria de reacción que destruyó la confianza adversaria.
A tal extremo llegó la falta de conducta del campeón, que durante el desarrollo del match. uno de los miembros del comité organizador, debió advertir a Alekhine que se vería en la obligación de suspender el encuentro, si  insistía en presentarse a jugar en condiciones físicas inadecuadas, promoviendo actitudes indecorosas.
La crisis se había apoderado de Alekhine pese a que en 1936 logró ganar los torneos de Bat Naut, Dresde y Hasting, no alcanzó a recuperar su mejor nivel. Prueba de ello fue su magro sexto puesto en el torneo de Nottingham.

martes, 29 de noviembre de 2011

El ajedrez de Alekhine derrotó a un mito

Segunda parte de "Alekhine, gloria y drama de un genio" de Héctor Luis González, periodista especializado en ajedrez fallecido en 1988.


Nacionalizado ciudadano francés en 1921, comienza una larga serie ininterrumpidos éxitos y gana los certámenes de Friburgo, Budapest y La Haya. En 1922 se adjudica los primeros premios en Hasting y Carlsbad y en 1923 gana el torneo de Portsmouth. En 1924 en uno de los más grandes torneos de todos los tiempos jugado en Nueva York en 1927, prueba que designaría el “challenger” para disputar la corona mundial. El certámen fue ganado en forma magistral por José Raúl Capablanca, el entonces campeón, pero Alekhine, que obtuvo el segundo puesto, ganó el derecho de desafiarlo.
En setiembre de ese año, gracias al apoyo brindado por el Club Argentino, que accedió a ofrecer la costosa bolsa de 10.000 dólares exigida por Capablanca, conforme a las reglas del convenio de Londres, establecidas arbitrariamente por el campéon para arriesgar su corona, se disputó el gran match en Buenos Aires.
Capablanca era sin duda considerado favorito, pero la primer sorpresa se produjo en la partida inaugural que fue ganada por Alekhine, logrando igualar Capablanca en la tercera partida, sacando ventaja en la séptima pero Alekhine alcanzó la igualdad en la decimotercera y en la decimocuarta quebró la paridad poniendo el scorer a su favor 3 a 2. A partir de entonces, el cubano, que había hecho alarde de suficiencia, un poco confiado con los éxitos de su carrera, comenzó a tomar conciencia de la fuerza que se le oponía y además ya apreciaba que Alekhine  estaba excelentemente preparado. Prueba de esto es que Capablanca escribió el 15 de octubre al presidente del Manhattan Chess Club, para que usara su influencia en la concertación de un nuevo match, pero limitado a 20 partidas, puesto que no estando preparado para semejante esfuerzo se confiaba en sus medios extraordinarios. Estos conceptos ya hacía presagiar al campeón la pérdida de su título, intentando una revancha que el tiempo le negaría.
En la vigésima partida se impuso Alekhine colocándose 4-2. Pese a que el campeón descontó en la 29º, Alekhine venció enla 32º y en la 34º y definió el match a su favor con 6 victorias, 3 derrotas y 25 tablas.
La última partida había sido suspendida en el movimiento 82, en una posición desesperante para Capablanca. Al reanudarse el aplazamiento, Alekhine se encontraba de pie frente al tablero, cuando recibió de manos del doctor Carlos Querencio, juez del match, la siguiente misiva: “Buenos Aires, 29 de noviembre de 1924. Estimado doctor Alekhine: Abandono mi partida. Es usted, pues, el campeón del mundo y le felicito por su éxito. Mis cumplidos a madame Alekhine. Cordialmente suyo. José Raúl Capablanca. Leyéndola, sumamente emocionado, Alekhine se desplomó en el sillón y tomándose la cabeza con sus manos, quedó mirando profundamente la posición final. Los presentes fueron retirándose silenciosamente dejando al nuevo rey meditando el sueño de su vida. ¡No sólo había logrado el trono máximo del milenario juego, sino que había destruído el mito del Capablanca invencible!.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Alekhine, gloria y drama de un genio

Sigo con las publicaciones de mi amigo Héctor Luis González, máximo dirigente de la Unión Cordobesa de Ajedrez, periodista y multifacetico personaje. En este caso es un escrito del 28 de agosto de 1983 en LA VOZ DEL INTERIOR y está dedicado a Alejandro Alekhine. 


Si la revolución industrial terminó con el ajedrez romántico, las connotaciones político-filosóficas provocadas por la Primera Guerra Mundial produjeron en el juego ciencia una nueva concepción que se plasmó a través del creciente progreso de la generación del  90. Los rígidos preceptos del ajedrez moderno -que pusieron término al romanticismo- preconizados por Steinitz, Tarrasch y otros eminentes teóricos de principios de siglo, debieron ceder ante el advenimiento de los principios “hipermodernos”. La revolucón del ajedrez a través del tiempo es la consecuencia de las enseñanzas y conocimientos adquiridos por el hombre sobre el tablero, pero respondiendo siempre a las grandes mutaciones del pensamiento derivadas de aquellos acontecimientos históricos mundiales que transformaron el contenido social y filosófico de la humanidad.
Al finalizar la “gran guerra”, en 1918, el maestro húngaro Gyula Breyer (1883-1923), lanzó la primera semilla de una nueva concepción del juego posicional. Breyer, que falleció en plena juventud, fue sólo un jugador discreto que no alcanzó resonantes éxitos, pero su verdadero mérito radicó en enunciar un nuevo sentido armónico independiente de cada movimiento. A esta revolución hipermoderna adhiere el eminente teórico checoslovaco Ricardo Reti (1889-1929), quien edita en Viena, en 1921, la obra “Nuevas ideas en ajedrez”, en cuyo prólogo el autor preconiza  “...cada jugada debe considerarse como un elemento del plan total....”.
Otro notable teórico de entonces, Aaron Nimzovitch (1885-1935), completó la trilogía de los creadores del “hipermodernismo”, siendo tal vez quien con mayor énfasis defendió los nuevos conceptos explicados con extraordinaria calidad didáctica en su libro “Mi sistema” que fuera duramente criticado por el doctor Sieberg Tarrasch, gran difusor de la Escuela Moderna. Nimzovitch, respondiéndo a las despectivas apreciaciones de Tarrasch, sobre su juego expresaba: “ ...las jugadas en cuestión no son barrocas ni incompresibles. Están henchidas de claridad y tan identificadas con el fin propuesto como puede ser un movimiento en general, cuando lo respalda un sistema propio, concluso y probado....”.
Pero todos estos postulados ultramodernos, establecidos por Breyer, Reti y Nimzovitch, se plasmaron en la práctica con el estilo dinámico que engalanó el genio de Alejandro Alekhine, quien mediante una ejecución impecable y tratando los conceptos rígidos con un criterio ecléctico al que aportó su creatividad, demostró las bondades de la escuela hipermoderna.
Alejandro Alejandrovich Alekhine nació en Moscú el 1º de Noviembre de 1892. Fue educado en la Escuela Imperial Superior de Leyes para Nobles y más tarde en el Pravovedenie de Petrogrado, graduándose en leyes en 1914, y designado más tarde en un importante cargo en el Ministerio de Relaciones Exteriores. 
La Primera Guerra Mundial lo contó como destinado al cuerpo de la Cruz Roja Internacional, resultando herido en pleno combate, por lo que recibió la condecoración por su altruista valor con la medalla de la Cruz Roja, la Cruz Militar de San Estanislao y de la Cruz de San Jorge.
De regreso a su patria, en 1915, fue designado juez de los Tribunales de Moscú, cargo que ocupó hasta octubre de 1917 en que estalló la Revolución socialista. Destituido y encarcelado, fue condenado a muerte, por su ascendente aristocrática. Pero las influencias de Leon Brosntein (Trotsky), con quien lo unía una estrecha amistad ganada a través del ajedrez, le consiguió un indulto, exiliándose en Francia.
En 1921, se doctoró en la Facultad de Derecho de la Universidad de París. Su carrera ajedrecística se inicia a la edad de 12 años, demostrando cualidades poco comunes. Ya a los 15 años logró el 5º puesto en el torneo internacional de Dusseldorf y al año siguiente derrota por 4 a 0 en un match al reputado maestro Bardeleben.
En 1909, en San Petersburgo, gana el torneo Amateur, obtiene el título de maestro y es invitado a participar en un gran certamen de Carisbad 1911, donde logró el 8º puesto entre los mejores jugadores de la época. en 1912 vence en el torneo de Estocolmo y a principios de 1914 comparte con Nimzovitch la primera colocación del campeonato nacional de Rusia, meses después ocupaba el primer puesto en el torneo de Mannhein, que quedó inconcluso ante la declaración de la Primera Guerra Mundial.

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