miércoles, 18 de julio de 2012

Belgrano ganó la primera etapa de la Región Centro de la Liga Nacional de Ajedrez


El Club Atlético Belgrano se impuso en  la primera etapa de la Región Centro de la Liga Nacional de Ajedrez que se jugó el pasado fin de semana en Villa General Belgrano, Valle de Calamuchita, Córdoba.
El equipo de Barrio Alberdi, integrado por Guillermo Soppe, José Cejas y Raúl Maiques, tuvo que luchar hasta la última ronda para poder llegar a consagrase ganador con 18 puntos, quedando a una unidad el Club Universitario integrado por Ismael Giménez, Pablo Jacobo y Carlos Tornsquist. Tercero se ubicó el conjunto de  Los 80 de Alekhine “A” (con 15, con Rubén Pinus, Luis Suárez y Diego Sindín) y 4to Los 80 de Alekhine “B” (13 puntos con Efrain Valeriano, Miguel Tófalo y Eduardo Adach) ). Más atrás quedaron Club Atlético Belgrano “B” (12,5); Calamuchita “A” (10,5); Calamuchita “C” (8,5); Calamuchita “B” (5) Cuatro Torres (4) y Calamuchita “D” (1,5).
La medalla para el mejor primer tablero fue para Ismael Gimenez de Universitario, con  5,5 puntos en 7 partidas; en el segundo tablero  José Cejas (Belgrano)  7 en 7; y en el tercero Raúl Maiquez (Belgrano) 7 en 7.
En juveniles el triunfo también fue para Belgrano con 17 puntos, seguido por Villa General Belgrano (12) Calamuchita E (4) y Calamuchita “F” (3).
El evento, dirigido por Raúl Grosso (Coordinador de la Región Centro de la Liga Nacioanl) contó con la organización de Daniel Pozzo, responsable de  G.A.M.E.S. "La Revista de los Deportes Alternativos", y tuvo el auspicio de la Municipalidad, Cooperativa de Luz y Cooperativa de Aguas de Villa General Belgrano,
La próxima etapa de la Región Centro se jugará en setiembre, en Córdoba capital.

viernes, 13 de julio de 2012

“Il Puttino”: una de las figuras más curiosas de la historia del ajedrez

Giovanni Leonardo da Cutro , “el caballero errante”

A fines del siglo XVI, Italia se convierte en el centro más importante del ajedrez mundial, cuando Giovanni Leonardo da Cutro y Paolo Boi derrotan a Ruy López y a Cerón en el famoso certamen de Madrid, año 1575.
Leonardo fue un jugador brillante y también una de las figuras más curiosas de la historia de nuestro juego ya hacia 1560 y cuando era todavía un jovencito,Leonardo gozaba de sólida fama como ajedrecista. Quince años después, al consagrarse como el mejor de su tiempo, había sin duda perfeccionado su técnica; es digno de señalar que los jugadores italianos sobresalieron porque ya habían comprendido la importancia de un rápìdo desarrollo de las piezas, aprovechando que las nuevas reglas permitían una partida dinámica y con definiciones a menudo fulminantes.
Viajero incansable, Leonardo fue apodado “el caballero errante”, por el rey Sebastián de Portugal, país en donde estuvo luego del torneo de España. En Italia lo llamaban “il Puttino”, a causa de su pequeña estatura. De regreso a su patria, entró al servicio del príncipe de Bisignano, quien le brindó protección y apoyó, como era habitual entre los nobles del Renacimiento, mecenas y filántropos.
Muchas anécdotas, posiblemente fabulosas, se cuentan del pintoresco Leonardo. Una de ellas afirma que los piratas sarracenos que asolaban el mar Mediterráneo, tomaron prisionero a un hermano de Leonardo y le exigieron un elevado rescate. El intrépido ajedrecista desafió a disputar un match, con la condición de que, si Leonardo ganaba, su hermano fuera liberado. Naturalmente, el maestro se impuso con facilidad y así logró superar la dramática circunstancia, gracias a su habilidad frente al tablero.
Al parecer Leonardo era tan insoportable como suelen serlo los genios. En un cuadro que representa un escena del match contra Ruy López, se ve al monje español muy concentrado en la partida, mientras el italiano aparece mirando en dirección al espectador, con un gesto de burla. Su pedantería le costó muy cara a Leonardo da Cutro, ya que murió envenenado a los cuarenta y cinco años de edad. Se sospecha que el asesino fue algún ajedrecista humillado y vengativo.
El otro maestro de la misma época, Paolo Boi, llamado “el Siracusano”, acompañó a Leonardo en sus giras y obtuvo mercedes y beneficios de varios monarcas. Felipe II lo retribuyó espléndidamente en Madrid, le asignó una beca a cargo de la gobernación de Sicilia y le dio una carta de recomendación para su hermano, don Juan de Austria.
Boi recorrió también toda Italia y luego llegó hasta Hungría y el imperio otomano, jugando contra los mejores ajedrecistas magiares y turcos y viviendo exclusivamente del juego, como un verdadero profesional. Finalmente se radicó en Nápoles, que era la ciudad italiana donde mayor auge había cobrado el ajedrez y allí encontró la muerte, también en forma trágica, como su amigo Leonardo: Lo mató su propio criado, para robarle la fortuna que Boi había ganado como ajedrecista.
Lamentablemente, ninguno de estos dos grandes maestros dejó escritos sobre el juego, aunque se han conservado partidas de ambos, suficientes para acreditar su genio. Pero Italia iba a producir, poco tiempo después, dos insignes tratadistas que tienen un lugar de privilegio en el desarrollo de la teoría del Ajedrez: Alessandro Sabio y Giacchino Greco.

viernes, 6 de julio de 2012

Ruy López de Segura considerado el primer campeón mundial.

Fue en España donde se publicó el primer tratado de ajedrez moderno: El libro de Lucena, que apareció en 1497. Tenía que ser también España, pues, la patria del primer gran maestro que sobresalió en su época, al punto de que se lo considera el número uno en la lista de los campeones del mundo, a pesar de que este título sólo existe oficialmente desde hace menos de un siglo.
Era un sacerdote y se llamaba Ruy López de Segura. Durante su juventud como seminarista, cultivó el ajedrez a fuer de pasatiempo, una costumbre usual entre los estudiantes del Renacimiento. Pero más tarde, en la corte de Felipe II, se convirtió en un verdadero profesional del juego, y fue también un destacado teórico en la aceptación actual de este vocablo.
Pese a su notoriedad, poco se conoce de la vida de Ruy López. Está documentado que viajó a Roma en el año 1560, al comenzar el pontificado del papa Pío IV, y que allí leyó el libro de Damiano y derrotó en varias partidas a Giovanni Leonardo da Cutro, por entonces un jovencito que era ya muy famoso en toda Italia.
De Roma trajo Ruy López una palabra que enriqueció el lenguaje ajedrecístico: la palabra “gambito”. El término deriva, evidentemente de gamba, que significa Pierna. En el lunfardo romano se usaba el verbo “gambitare”, con el sentido de “hacer una zancadilla”, es decir, atravesar la pierna para provocar la caída del rival. De ahí que, originalmente, “gambito” fuera sinónimo de “trampa” o “celada”, pues consistía en entregar un peón, cuya captura resultaba fatal. Con el correr de los años, el gambito perdió ese carácter de astucia, y pasó a designar el sacrificio de un peón en la apertura, con el propósito de ganar tiempos en el desarrollo de las piezas.
En 1561, Ruy López da a la estampa su famoso “Libro de la invención liberal y arte del juego de ajedrez muy útil y  provechosa”, que fue traducido a todas las lenguas europeas. En esta obra Ruy López expone y analiza extensamente las aperturas y, en especial, la que desde entonces se conoce indistintamente como Española o Ruy López, una línea de juego inagotable, que grandes maestros han empleado y emplean, incluso, en los matches por el título mundial.
Se han conservado unas cuantas partidas de Ruy López. que no tienen más interés que el histórico, pues si bien el fraile español era muy superior a los rivales de su tiempo, ni siquiera su juego escapaba a la ingenuidad con que se buscaba un rápido jaque mate, desconociendo todavía por completo la estrategia. Se jugaba sin plan, ensayando a tientas jugadas con frecuencia incoherentes; pero es completamente natural si se recuerda que el ajedrez había experimentado, apenas medio siglo antes, enormes cambios en las reglas de la partida y el movimiento de las piezas. El enroque no estaba todavía definido, y en una partida se ve al Rey saltar como si fuera un Caballo, en su primera jugada, yendo de uno Rey a dos Alfil Dama.
En el año 1575, y en presencia del rey Felipe II, tiene lugar que algunos autores sostienen que fue el primer torneo internacional de ajedrez: Ruy López, su compatriota Alfonso Cerón de Granada y los Italianos Giovanni Leonardo da Cutro y Pablo Boi “il Siracusano”, jugaron una serie de matches que finalizaron con el claro triunfo de los italianos. Era el fin de la hegemonía española, y, a fines del siglo XVI, Italia se constituye en el centro más importante del ajedrez de Europa y el mundo.

viernes, 29 de junio de 2012

Apolo: ¿Puede ser considerado como el auténtico patrono de ajedrez?

El libro titulado “Repetición de amores y arte de ajedrez”, escrito por Luis Ramírez de Lucena en el año 1947 fue el primer tratado donde nuestro juego aparece ya con casi todas sus características modernas.
Quince años más tarde, en Roma, aparece otra obra fundamental de la literatura ajedrecística: “Questo libro é da imparare giocare a schachi e de le partite”, cuyo autor era un portugués llamado Damiano. Este maestro, de quien poco o nada se sabe, redactó la primera parte del su libro en italiano, pero la segunda -que contiene setenta y dos problemas analizados- alterna la lengua italiana con la española.
El libro de Damiano fue el primero que se publicó en Italia y gozó de enorme popularidad, siendo reeditado muchas veces en el siglo XVI y en el siguiente. Era una especie de manual realmente indispensable para todo aficionado y traía la novedad de estudiar no solamente las tradicionales aperturas de peón rey, sino también algunas de peón dama, entre ellas, el gambito aceptado.
Otra curiosidad es que Damiano alude a partidas en las que uno de los jugadores da ventaja a su adversario, una forma de jugar que no beneficia precisamente el progreso del ajedrez, pero que estuvo de moda durante mucho tiempo, incluso hasta el siglo pasado. También se refiere Damiano a las simultáneas a ciegas, y qeu muchos la catalogan como otra perniciosa costumbre que ha subsistido casi hasta nuestros días, pues grandes maestros del siglo XX, como Aliéjin, Reti y Najdord, han protagonizado estos espectáculos, que los detractores los sedñalan como mñas  más propios de un circo que de la serena meditación del juego-ciencia.
Junto a la obra teórica de Damiano, el Renacimiento produjo, también en Italia, el primer poeta del ajedrez. Casi esta expresión queremos significar que el juego moderno se construyó en el tema principal de una composición poética importante y culta, así como en la antigua Persia el “chatrang” primitivo tuvo también sus bardos o poemas.
El poeta de que hablamos se llamaba Marco Gerónimo Vita y nació en Cremona en el año 1490. LLegó a ser obispo de Alba y falleció en 1566, dedicando su vida más a las artes y a las letras que a sus obligaciones eclesiásticas, un hecho que, en esa época, no llamaba demasiado la atención. El largo poema consagrado al ajedrez fue compuesto posiblemente hacia 1513, pero se publicó varios años después. LLeva por título “Scacchia Ludus”, o sea, simplemente, “Juego de ajedrez”; está escrito en latín clásico y, también muy clásicamente, narra las épicas alternativas de una partida entre los dioses Apolo y Mercurio.
Los valores estéticos del poema se han diluído con el correr de los años, pero es indudable que esta creación del obispo Vita influyó a otros artistas de los siglos posteriores, que escribieron luego obras semejantes. Lo notable es que también ejerció influencia en el desarrollo del juego mismo: La más importante es que Vita concibe definitivamente como Torre o Castillo a la pieza que en la antigüedad era un carro de asalto, y desde entonces se hace universal la forma y la denominación moderna de dicha pieza.
También este poema nos confirma que ya el ajedrez se jugaba como en la actualidad, pues Vita comenta largamente, siempre en versos ampulosos y perfectos, el movimiento de las distintas piezas, comprando, por ejemplo, a los obispos (o sea, los alfiles) con los arqueros, por su acción a la distancia, o pregonando la enorme capacidad destructiva de la dama.
La partida entre ambos dioses finaliza con la victoria de Apolo, que conducía las blancas. Es sabido que este dios representa la belleza y la armonía, y por ello, bien puede ser considerado como el auténtico patrono de ajedrez.

viernes, 22 de junio de 2012

El ajedrez acompañó siempre la evolución del hombre y los progresos de su cultura

En el año 476 los bárbaros invanden a Roma, hecho que marcaba el fin del imperio de Occidente y señala el comienzo de la llamada Edad Media. En una fecha aciaga para la cultura humana, ya que la caída de Roma implica la desaparición de la filosofía, el arte y la ciencia antiguas y su reemplazo por la ignorancia, la superstición y la barbarie. Con todo acierto se ha dicho que la Edad Media es “la larga noche de la historia”, porque durante casi mil años, el género humano estuvo dormido con las más altas manifestaciones del espíritu y sufrió la pesadilla del oscurantismo, la intolerancia y el atraso.
El ajedrez nació prácticamente en la Edad Media, pero no, desde luego, en la Europa hecha ruinas, sino en la lejanía India, de donde muy pronto pasó al reino de Persia. Sin embargo fueron los árabes quienes lo llevaron enseguida a España; recordemos que también trajeron, junto con el ajedrez, la vieja cultura que los bárbaros habían sepultado bajo los restos de los grandes monumentos del imperio romano. Los árabes se convirtieron así, paradójicamente, en los conservadores de la cultura occidental y, gracias a ellos, Europa pudo redescubrir, hacia el siglo quince, el valioso tesoro perdido diez centurias atras. Entonces, la Humanidad despertó de su largo sueño, gestándose el fenómeno conocido con el nombre de Renacimiento.
La forma primitiva del ajedrez, llamado “shatranj” por los árabes, subsistió en la Europa medieval prácticamente sin cambios en las reglas del juego. La Dama era una pieza muy débil, que apenas se movía una casilla y sólo en diagonal; los alfiles se desplazaban de a dos casillas; no existía el enroque y los peones avanzaban siempre nada más que un paso. Es fácil imaginar que el juego resultaba sumamente lento y tedioso, y solo el sopor mental en que vivieron los hombres durante el Medievo puede explicar que el ajedrez arcaico haya logrado sobrevivir mil años.
El renacimiento afectó también profundamente al ajedrez. El despertar de la inteligencia, el redescubrimiento de la cultura grecoromana, la emancipación del pensamiento, de la tutela de la Iglesia, el ascenso de la clase media y la creciente importancia de los centros urbanos, no podían dejar de influir en un juego que ofrecía grandes posibilidades de ser mejorado y dinamizado. Los españoles y los italianos advirtieron esas posibilidades y en un breve lapso, la segunda mitad del siglo quince, el ajedrez adquirió prácticamente sus características modernas.
Esta transformación no debe sorprender, ya que en la misma época se inventó la imprenta, se concibió la teoría heliocéntrica y resurgieron la pintura, escultura, y el teatro. Como manifestación artística y científica - lo hemos dicho otras veces- el ajedrez ha acompañado siempre la evolución del hombre y los progresos de su cultura.
Naturalmente, el proceso que reseñamos no estalló de repente sino que fue preparado por una paulatina revitalización del humanismo, a cargo de individuos excepcionales que se anticiparon a su tiempo y muchas veces pagaron con la muerte su osada rebeldía. Estos precursores, en ocasiones, fueron también ajedrecistas y empezaron a introducir variantes en las reglas del juego, ya hacia el año 1300.

viernes, 15 de junio de 2012

Forma y significado de las piezas de ajedrez a través del tiempo

Durante la Edad Media, cuando el ajedrez es introducido en Europa por los árabes y llevado después a todo el mundo conocido, se produjeron cambios en la forma de las piezas, en su nombre y, finalmente, en las reglas del juego.
En el ajedrez primitivo, la batalla era dirigida el por “Sha”, palabra persa que significa “Rey” o “Emperador”. Como la monarquía era entonces la forma universal de gobierno, esta pieza conservó, naturalmente, la apariencia y el nombre de Rey. La única excepción es el idioma ruso, donde el Rey se llama Kórol; pero este vocablo alude a Carlomagno, arquetipo de monarca medieval.
La evolución de la pieza que hoy conocemos como Dama, fue complicada. En el chaturanga indio, representaba la tienda de campaña que servía de estado mayor durante la guerra; más tarde, siempre en Oriente, pasó a simbolizar al consejero o ministro del rey, con el nonbre de “firz” o “fers”, que se ha castellanizado como “vizir” y equivale al hombre de confianza del soberano, el que está más próximo al rey. En Europa, donde la esposa del monarca tenía muchas veces la influencia decisiva en el gobierno, y donde no era raro encontrar mujeres a la cabeza de importantes naciones, el “fers” fue asimilado pronto a la reina y la pieza adquirió así figura femenina y su nombre actual.
Recordemos que “dama” significa “señora”, manera respetuosa de nombrar a la soberana. En inglés, en cambio, la pieza se denomina directamente “reina” (queen) y lo mismo ocurre en portugués y otra lenguas modernas. En Rusia, tal vez porque allá el ajedrez llegó desde Persia y no a través de Europa, se mantiene la palabra “firz”, pero la pieza es la misma que en Occidente.


Curiosos alfiles
El caso de los alfiles es muy curioso. Originalmente se trataba de elefantes, artillería pesada natural en la guerras de la India antigua. La palabra árabe “alfil” quiere decir literalmente “el elefante” y era incomprensible para los europeos, ya que no conocían a estos animales. El hecho de que los alfiles estuvieran al lado del rey y de la reina llevó a suponer que eran dignatarios eclesiásticos, ya que en la edad media la Iglesia ejercía un poder considerable. Así fue como los paquidermos orientales se transformaron en “obispos”, y ésta fue la denominación de la pieza en la mayoría de las lenguas de Europa. Dos excepciones: España, donde perduró la palabra “alfil” debido a la larga dominación árabe; y en Francia, país en que la pieza recibió el insólito nombre de “Fou”, o sea “bufón”.
Pero todo tiene un motivo: Las piezas musulmanas era estilizadas, para no caer en la idolatría, condenada por el Corán. El alfil tenía dos puntas, que en Asia, representaban los colmillos del elefante; en Europa se pensó que eran las puntas de la mitra del obispo. pero los franceses las confundieron con el gorro de cascabeles que se ponían los bufones para entretener al rey.
El Caballo simboliza hoy lo mismo que hace mil quinientos años, y se mueve de la misma manera que el ajedrez primitivo. En algunos idiomas, sin embargo, se llama “Caballero” o “Jinete”. Tampoco los peones han sufrido transformaciones de importancia: Siempre fueron los los soldados de la infantería, es decir, los que marchan a pie, y eso significa la palabra “peón”.
En el juego antiguo había una pieza denominada “ruj”, que era el “carro de guerra” empleado en ese tiempo en la Indica. Tampoco esta palabra tenía sentido para los europeos, que dieron entonces a la pieza las formas más diversas y caprichosas. Con el correr de los siglos, se produjo un hecho sorprendente: Como la palabra “ruj” sonaba parecida a “roca” (piedra), la pieza fue concebida como castillo o fortaleza, y así nacieron las Torres que conocemos. Recordemos que, en buen español, la palabra “roque” quiere decir “torre”, y de allí proviene el verbo “enrocar”, o sea, refugiarse en la torre.

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