miércoles, 28 de septiembre de 2011

¿Se puede aprender a innovar en ajedrez?

El ejemplo de la enorme capacidad de trabajo de Thomas Edison es la clásica refutación del mito de “Eureka” de Newton, se deja deducir del capítulo 10 de “Cómo la vida imita al ajedrez”, de Gary Kasparov, en el cual se refiere a la innovación.
Después de una partida de ajedrez a los jugadores se les pregunta como se les ocurrió semejante idea. O como encontraron la jugada ganadora o, peor suelen interrogar sobre la razón de algún grueso error que lleva a la derrota. 
Kasparov dice al inicio de este capítulo que “la creatividad es una de las muchas cualidades humanas que a menudo se define como algo innato o inmutable, algo con lo que uno hace, o que debe limitarse a envidiar en los demás. A menudo oímos  hablar de alguien con la mente “fértil, rebosante de ideas” y no podemos menos de maravillarnos de la suerte de dicho individuo con tal material genético”.
Pero, después de examinar tanto el poder como las limitaciones de las innovaciones, dice que debemos preguntarnos si existen modos de mejorar alguna cuestión y apunta que ”todos  y cada uno de los grandes descubrimientos son la suma de conocimientos previos, trabajo duro y reflexión sistemática”.
En lo que hace al ajedrez, dice que Steinitz contribuyó enormemente al desarrollo del juego. 
“Sus textos del último tercio del siglo XIX fueron los primero en desmenuzar los componentes de una posición,  y en elucidar las tramas de la estrategia. Steinitz racionalizó sus descubrimientos y a lo largo de su carrera los aplicó a sus partidas, transformando el caos del ajedrez romántico en orden científico”, afirma Kasparov. 

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