viernes, 22 de abril de 2011

Duchamp trocó pinceles por trebejos

Hay solamente un jugador destacado que fue, al mismo tiempo, un artista de primera línea en otra rama de la creación: se trata del pintor francés Marcel Duchamp.
Nacido el 28 de julio de 1887, Duchamp formó parte del famoso movimiento “dada”, una escuela estética surgida alrededor de 1915 y cuyo propósito era suprimir la conceptuación, o sea, llegar a expresar la realidad sin deformarla mediante procesos racionales. Dicha tendencia originó más tarde el “surrealismo”, al que también adhirió Duchamp, yendo todavía más lejos en la libertad de composición de cuadros y poemas, con frecuencia producto de la asociación espontánea de imágenes, figuras y motivos.
La primera obra de Duchamp, con tema ajedrecístico, es sin embargo de carácter figurativo y data de 1911. Se titula “Los jugadores de ajedrez” y muestra, en segundo plano, a dos hombres totalmente concentrados en su partida. Delante de ellos, hay una mujer sentada junto a una mesita, sobre cuyo mantel se advierte un servicio de té, y otra muchacha recostada sobre almohadones. Las jóvenes exhiben una expresión de tedio y de fastidio, sugiriendo su despecho por haber sido abandonadas por los ajedrecístas. Duchamp describe así, magistralmente, hasta qué extremos puede llevar la afición al juego.
 El tablero de bolsillo
 Otro célebre cuadro del artista francés, pintado en 1943, es “El tablero de bolsillo”. De factura moderna, representa uno de esos tableros de cuero, donde las piezas se insertan en pequeñas caladuras, y una mano. Pero la mano tiene nada más que cuatro dedos y parece de cera, en tanto que el tablero consta de 8 columnas pero de 12 líneas. Ambas circunstancias, a las que se añaden piezas en cantidad y disposición caprichosas, ponen de manifiesto la libertad de tratamiento típica de las corrientes renovadoras del arte. 
Olímpico 
A partir de 1923, Duchamp abandonó prácticamente la pintura y se dedicó al ajedrez. En 1928 ganó un par de torneos locales y dos años después integró el equipo de Francia en los juegos olímpicos de Hamburgo, con resultados discretos. También escribió, en colaboración con el problemista ruso – francés Vitaly Halberstadt, un libro llamado “Oposición y casillas conjugadas”, que versa sobre los finales de peones y se editó en 1932.
Duchamp vivió mucho tiempo en los Estados Unidos, participando en torneos de ajedrez y asistiendo a exposiciones de sus cuadros. Falleció en New York, el 1º. de octubre de 1968, a los 81 años de edad.
Mucho se escribió acerca del curioso caso de Marcel Duchamp, para explicar por qué trocó los pinceles por los trebejos. Un crítico de arte opinó, en el “Time”  de Londres, que el pintor había encontrado en el ajedrez una forma inmaterial de expresión artística, o, dicho de otra manera, un medio para manifestar el pensamiento en toda su pureza. El celebrado plástico Man Ray, compañero de Duchamp en su época surrealista, afirmó, por su parte, que “el ajedrez es un juego en que se desarrolla una inmensa actividad que no deja huella alguna”. Esta es la clave de la cuestión: Duchamp buscaba una técnica que le permitiera plasmar sus ideas sin el lastre de una manifestación material: El óleo y el lienzo lo traicionaban, eran demasiado concretos, casi groseros. Una combinación de jugadas, en cambio, conserva su dimensión abstracta, es pensamiento en estado puro, y renace con la misma pureza cada vez que la reproducimos.




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