lunes, 28 de noviembre de 2011

Alekhine, gloria y drama de un genio

Sigo con las publicaciones de mi amigo Héctor Luis González, máximo dirigente de la Unión Cordobesa de Ajedrez, periodista y multifacetico personaje. En este caso es un escrito del 28 de agosto de 1983 en LA VOZ DEL INTERIOR y está dedicado a Alejandro Alekhine. 


Si la revolución industrial terminó con el ajedrez romántico, las connotaciones político-filosóficas provocadas por la Primera Guerra Mundial produjeron en el juego ciencia una nueva concepción que se plasmó a través del creciente progreso de la generación del  90. Los rígidos preceptos del ajedrez moderno -que pusieron término al romanticismo- preconizados por Steinitz, Tarrasch y otros eminentes teóricos de principios de siglo, debieron ceder ante el advenimiento de los principios “hipermodernos”. La revolucón del ajedrez a través del tiempo es la consecuencia de las enseñanzas y conocimientos adquiridos por el hombre sobre el tablero, pero respondiendo siempre a las grandes mutaciones del pensamiento derivadas de aquellos acontecimientos históricos mundiales que transformaron el contenido social y filosófico de la humanidad.
Al finalizar la “gran guerra”, en 1918, el maestro húngaro Gyula Breyer (1883-1923), lanzó la primera semilla de una nueva concepción del juego posicional. Breyer, que falleció en plena juventud, fue sólo un jugador discreto que no alcanzó resonantes éxitos, pero su verdadero mérito radicó en enunciar un nuevo sentido armónico independiente de cada movimiento. A esta revolución hipermoderna adhiere el eminente teórico checoslovaco Ricardo Reti (1889-1929), quien edita en Viena, en 1921, la obra “Nuevas ideas en ajedrez”, en cuyo prólogo el autor preconiza  “...cada jugada debe considerarse como un elemento del plan total....”.
Otro notable teórico de entonces, Aaron Nimzovitch (1885-1935), completó la trilogía de los creadores del “hipermodernismo”, siendo tal vez quien con mayor énfasis defendió los nuevos conceptos explicados con extraordinaria calidad didáctica en su libro “Mi sistema” que fuera duramente criticado por el doctor Sieberg Tarrasch, gran difusor de la Escuela Moderna. Nimzovitch, respondiéndo a las despectivas apreciaciones de Tarrasch, sobre su juego expresaba: “ ...las jugadas en cuestión no son barrocas ni incompresibles. Están henchidas de claridad y tan identificadas con el fin propuesto como puede ser un movimiento en general, cuando lo respalda un sistema propio, concluso y probado....”.
Pero todos estos postulados ultramodernos, establecidos por Breyer, Reti y Nimzovitch, se plasmaron en la práctica con el estilo dinámico que engalanó el genio de Alejandro Alekhine, quien mediante una ejecución impecable y tratando los conceptos rígidos con un criterio ecléctico al que aportó su creatividad, demostró las bondades de la escuela hipermoderna.
Alejandro Alejandrovich Alekhine nació en Moscú el 1º de Noviembre de 1892. Fue educado en la Escuela Imperial Superior de Leyes para Nobles y más tarde en el Pravovedenie de Petrogrado, graduándose en leyes en 1914, y designado más tarde en un importante cargo en el Ministerio de Relaciones Exteriores. 
La Primera Guerra Mundial lo contó como destinado al cuerpo de la Cruz Roja Internacional, resultando herido en pleno combate, por lo que recibió la condecoración por su altruista valor con la medalla de la Cruz Roja, la Cruz Militar de San Estanislao y de la Cruz de San Jorge.
De regreso a su patria, en 1915, fue designado juez de los Tribunales de Moscú, cargo que ocupó hasta octubre de 1917 en que estalló la Revolución socialista. Destituido y encarcelado, fue condenado a muerte, por su ascendente aristocrática. Pero las influencias de Leon Brosntein (Trotsky), con quien lo unía una estrecha amistad ganada a través del ajedrez, le consiguió un indulto, exiliándose en Francia.
En 1921, se doctoró en la Facultad de Derecho de la Universidad de París. Su carrera ajedrecística se inicia a la edad de 12 años, demostrando cualidades poco comunes. Ya a los 15 años logró el 5º puesto en el torneo internacional de Dusseldorf y al año siguiente derrota por 4 a 0 en un match al reputado maestro Bardeleben.
En 1909, en San Petersburgo, gana el torneo Amateur, obtiene el título de maestro y es invitado a participar en un gran certamen de Carisbad 1911, donde logró el 8º puesto entre los mejores jugadores de la época. en 1912 vence en el torneo de Estocolmo y a principios de 1914 comparte con Nimzovitch la primera colocación del campeonato nacional de Rusia, meses después ocupaba el primer puesto en el torneo de Mannhein, que quedó inconcluso ante la declaración de la Primera Guerra Mundial.

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