martes, 1 de noviembre de 2011

Klaus Junge:Murió jugando ajedrez en las trincheras

Continuamos con la segunda parte de la nota de Héctor Luis González, "Klaus Junge: Un capitulo cruel del ajedrez". La historia de un joven genio inmolado en el tablero de la guerra. 
Aquí la primera parte. 
Hitler cercado en Berlín redacta su última proclama  “.... Si en los días que vienen, cada soldado del Frente del Este cumple con su deber, Berlín seguirá siendo Alemana, Viena volverá a ser nuestra y Europa no será nunca rusa...”. El 20 de abril el Führer festejó sus 56 años y en horas de la tarde junto al ideólogo Arthur Axmann condecoró a su grupo de muchachitos de 14 y 15 años con las últimas cruces de hierro del agonizante régimen. Cinco días después ya se luchaba en las calles de Berlín y en la mañana del 1º de mayo, entre los escombros, los soldados rusos se fotografiaron en las escalinatas de la Cancillería del Reich.
Ya todo había terminado. Tres días antes, en las cercanías de Hamburgo eran inhumados los restos del joven teniente Klaus Junge. Los campesinos que le dieron sepultura hallaron en los bolsillos de su uniforme numerosos manuscritos con anotaciones y análisis de partidas de ajedrez, eran acaso los últimos ensayos de una fugaz estrella que había brillado en el mundo de los trebejos, pero que la tragedia desatada por una guerra, que convocó a niños en un fanatismo sin razón, había tronchado el surgimiento de un valor irremplazable para el ajedrez de Alemania.
Klaus Junge, nació en Concepción, Chile el 1º de enero de 1924. Su padre Otto Junge era un maestro de ajedrez de reconocida fuerza que había logrado el título de campeón chileno en 1922, pero su trayectoria en el ajedrez trasandino fue corta puesto que en 1928 decidió regresar a Alemania, junto con su esposa y el pequeño Klaus, instalando su residencia en la ciudad nórdica de Hamburgo.
Sin ser un niño prodigio, Klaus demostró desde su primera infancia una inteligencia notable. A los cuatro años aprendió a leer, ingresando a la escuela directamente a 2º grado. Su espíritu inquieto y su observación aguda le permitieron acceder al juego de ajedrez simplemente contemplando las partidas que su padre animaba diariamente con sus amigos. Ya cuando contaba 8 años jugaba con otros niños de mayor edad a quienes aventajaba comúnmente. La disposición heredada de su padre comenzó a desarrollarse y desde temprana edad comenzó a realizar análisis escudriñando hasta los mínimos detalles de los conocimientos más importantes de la apertura y combinación dedicación que fue realizada con una dosificación inteligente que no hizo peligrar sus estudios primarios y secundarios, donde se destacó como excelente alumno. A los 12 años comenzó a frecuentar el Club de Ajedrez de Hamburgo, jugando sus primeras partidas con reloj, alternando victorias y derrotas en un rápido crecimiento formativo.
A los 13 años venció al calificado maestro Protz en una demostración cabal de una intuición estatégica admirable, revelando un golpe de vista excelente.
En febrero de 1938, Klaus participó de su primer torneo llamando la atención de los dirigentes por su excelente actuación, que le brindaron la oportunidad de intervenir en el Torneo de Ajedrez de Pascua,  realizado en Bergedorf - localidad cercana a Hamburgo- obteniendo un rotundo triunfo en la categoría de candidatos a maestro. Mañana la tercera entrega de esta apasionante historia del ajedrez mundial. 

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