viernes, 4 de noviembre de 2011

Klaus Junge fue un mártir del ajedrez que murió prematuramente en las trincheras

Final de la apasionante historia de Klaus Junge, un joven genio inmolado en el tablero de la Guerra,  narrada por la pluma de Héctor Luis González.  Aquí lo publicado anteriormente.
En diciembre y aprovechando el 60 cumpleaños del maestro checo Oldrich Duras, se organizó en Praga un gran torneo internacional donde Klaus Junge compartió con el campeón Alekhine la primera colocación superando a 12 grandes maestros, entre los que se encontraban: Foltys, Opocensky, Zitta, Kottnauer, Hromdka, Podgorny y Saëmisch entre los más renombrados. Este torneo que fue la cúspide de su prematura carrera, con todo el éxito que presupone compartir con el campeón ecuménico el primer puesto, fue su última actuación. Días después sería convocado para ir al frente, y nunca más volvería a enfrentarse con las celebridades máximas del tablero mundial. 
Sin embargo, el juego de ajedrez, motivo de su vida, no fue abandonado y desde su puesto de combate o desde su lecho convaleciente en el hospital Naunhof -cuando fuera herido en Leipzig en 1944- siguió participando en torneos de ajedrez postal, donde alcanzó importantes éxitos, de allí aquel tablero de bolsillo y su libreta de anotaciones que de entre su uniforme ensangrentado hallaron los campesinos que recogieron su cadáver.
Esa libreta de apuntes, era su legado, la gran herencia que dejó con estudio de finales, variantes propias de aperturas de partidas por correspondencia que dejó inconclusas ante su trágica desaparición.
Precisamente una de ellas, ante otro joven maestro Hans Nowarra fue declarada tablas por la Liga Alemana de Ajedrez Postal. Era la última partida de una prueba en la que se definía el ganador, pero la de la misma manera que Klaus cayera en el frente del oeste. Nowarra moría en el este ante la aplastante ofensiva de los rusos.
Así se cierra un capítulo cruel del ajedrez de la historia, la sinrazón de un régimen que en su fanatismo no trepidó en apelar a la convocatoria de los adolescentes, que segaron sus vidas en pro de lo indefendible. La inmolación de Klaus Junge privó al mundo de los trebejos de uno de los talentos más grandes que pasó por el tablero.

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