martes, 29 de noviembre de 2011

El ajedrez de Alekhine derrotó a un mito

Segunda parte de "Alekhine, gloria y drama de un genio" de Héctor Luis González, periodista especializado en ajedrez fallecido en 1988.


Nacionalizado ciudadano francés en 1921, comienza una larga serie ininterrumpidos éxitos y gana los certámenes de Friburgo, Budapest y La Haya. En 1922 se adjudica los primeros premios en Hasting y Carlsbad y en 1923 gana el torneo de Portsmouth. En 1924 en uno de los más grandes torneos de todos los tiempos jugado en Nueva York en 1927, prueba que designaría el “challenger” para disputar la corona mundial. El certámen fue ganado en forma magistral por José Raúl Capablanca, el entonces campeón, pero Alekhine, que obtuvo el segundo puesto, ganó el derecho de desafiarlo.
En setiembre de ese año, gracias al apoyo brindado por el Club Argentino, que accedió a ofrecer la costosa bolsa de 10.000 dólares exigida por Capablanca, conforme a las reglas del convenio de Londres, establecidas arbitrariamente por el campéon para arriesgar su corona, se disputó el gran match en Buenos Aires.
Capablanca era sin duda considerado favorito, pero la primer sorpresa se produjo en la partida inaugural que fue ganada por Alekhine, logrando igualar Capablanca en la tercera partida, sacando ventaja en la séptima pero Alekhine alcanzó la igualdad en la decimotercera y en la decimocuarta quebró la paridad poniendo el scorer a su favor 3 a 2. A partir de entonces, el cubano, que había hecho alarde de suficiencia, un poco confiado con los éxitos de su carrera, comenzó a tomar conciencia de la fuerza que se le oponía y además ya apreciaba que Alekhine  estaba excelentemente preparado. Prueba de esto es que Capablanca escribió el 15 de octubre al presidente del Manhattan Chess Club, para que usara su influencia en la concertación de un nuevo match, pero limitado a 20 partidas, puesto que no estando preparado para semejante esfuerzo se confiaba en sus medios extraordinarios. Estos conceptos ya hacía presagiar al campeón la pérdida de su título, intentando una revancha que el tiempo le negaría.
En la vigésima partida se impuso Alekhine colocándose 4-2. Pese a que el campeón descontó en la 29º, Alekhine venció enla 32º y en la 34º y definió el match a su favor con 6 victorias, 3 derrotas y 25 tablas.
La última partida había sido suspendida en el movimiento 82, en una posición desesperante para Capablanca. Al reanudarse el aplazamiento, Alekhine se encontraba de pie frente al tablero, cuando recibió de manos del doctor Carlos Querencio, juez del match, la siguiente misiva: “Buenos Aires, 29 de noviembre de 1924. Estimado doctor Alekhine: Abandono mi partida. Es usted, pues, el campeón del mundo y le felicito por su éxito. Mis cumplidos a madame Alekhine. Cordialmente suyo. José Raúl Capablanca. Leyéndola, sumamente emocionado, Alekhine se desplomó en el sillón y tomándose la cabeza con sus manos, quedó mirando profundamente la posición final. Los presentes fueron retirándose silenciosamente dejando al nuevo rey meditando el sueño de su vida. ¡No sólo había logrado el trono máximo del milenario juego, sino que había destruído el mito del Capablanca invencible!.

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