martes, 17 de mayo de 2011

Aquel “Avión” de 1978


El "Avión" Junto a Eliskases y Moscovich
Con la impronta de los elegidos 
Polifacético, Héctor Luis González se destacó como ajedrecista de primera categoría, dirigente y periodista de nota. Estudioso del juego ciencia –su prematuro deceso dejó trunco un libro de enseñanza más que interesante - se solazaba con aquel triunfo logrado en un Torneo Mayor de la Unión Cordobesa de Ajedrez sobre el hoy MI Luis Marcos Bronstein.
Pero su trayectoria en el ajedrez cordobés se recuerda, obviamente, por su gestión extraordinaria como dirigente que trascendió al marco nacional hasta la misma conducción de la Federación Internacional. Fue interlocutor destacado para la América Latina del mismo presidente de la FIDE de aquellos años, el ex campeón mundial Max Euwe al que visitó varias veces en Europa, siempre con buenos resultados para los jugadores de esta parte del planeta.
Fue tan intensa su actividad cotidiana que le quedaba poco tiempo para sus obligaciones profesionales pero, con todo, siempre se daba tiempo para resolverlas simultáneamente. ¿Cómo lo hacía? Solamente él lo sabía. De allí su mote de “avión”, siempre rápido, urgido, intuyendo talvez que su vida sería corta para tantos proyectos por realizar. Rescatemos, entre muchos otros, uno de los mejores momentos de quien fuera varias veces presidente de la UCA.
 Las Olimpíadas de 1978
En un escenario político y social más que difícil se realizaron en Argentina las Olimpíadas de Ajedrez de 1978, entre el 25 de octubre y el 12 de noviembre, del que participaron 66 equipos nacionales. Coincidentemente el escenario fue el estadio de River Plate en la Capital Federal, donde meses antes se había consagrado nuestro país campeón mundial de fútbol con Menotti, Kempes, Passarella y compañía. Pocos días antes de los juegos ajedrecísticos que ungirían a Hungría (Gligoric, Ljubojevic, Portisch, Ribli y Sax), fue secuestrado el secretario general de la Olimpíada, el argentino Rodolfo Zanlungo, en un episodio que todavía hoy tiene aristas desconocidas, como muchos otros ocurridos en el transcurso de la  tenebrosa dictadura militar.
Allí, con todas las connotaciones internacionales que los hechos generaron, el “avión” González mostró sus grandes condiciones de piloto de tormentas. No sólo compartió la cúpula directiva del comité organizador con el GMI Héctor Decio Rosseto, director general y con Paul Klein que ofició de árbitro general, sino que resolvió con eficiencia envidiable la relación con las autoridades políticas lo que implicó una tarea más que compleja. Y, por si fuera poco, también cumplió con su aporte técnico al equipo periodístico que LA VOZ DEL INTERIOR había enviado para cubrir la máxima competencia mundial a nivel de equipos. En aquella hora, su desempeño mereció el reconocimiento unánime del propio gobierno de facto y, por cierto, de las máximas autoridades de FIDE.
Por esto y por muchas realizaciones más que prestigiaron a la dirigencia argentina en el deporte mundial es que, en notas anteriores, afirmábamos convencidos de que todavía los cordobeses le estamos debiendo el gran homenaje que González se merece largamente.
Dos líneas finales: en lo humano también el “avión” mostró valores envidiables. Entre varios, siempre nos impactó su pasión y defensa encendida de la libertad individual, por la amistad y su apego a la vida democrática en la República. Amen del profundo sentido del humor que lo caracterizó hasta en los difíciles momentos del dolor y la enfermedad.
Juan Antonio Castro Torres MI (ICCF) 

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