jueves, 26 de mayo de 2011

Placer intelectual, no sensorial.

El ajedrez es la más sutil de las artes y la que proporciona el más espiritual de los goces.


En términos muy generales, se puede decir que las obras de arte pertenecen a una u otra de estas categorías: O son materiales, o son inmateriales. Una estatua, por ejemplo, es una obra de arte material. Está labrada en mármol o bronce, dotado por el artista de una forma bella. Por esta circunstancia, la única manera de admirarla es visitar el lugar donde se encuentra la estatua, ya que la misma ocupa un espacio determinado.
Una sinfonía, en cambio no está en ninguna parte. Tiene una existencia virtual, abstracta, y sólo se manifiesta a nuestro oído cuando se producen las condiciones materiales necesarias: tiene que haber instrumentos y ejecutantes. Pero, dondequiera que los haya, la sinfonía podrá ser escuchada.
La "Inmortal", por ejemplo, es una obra de arte inmaterial, una partida informal  disputada entre el alemán Adolf Anderssen y el francés Lionel Kieseritzky, jugada en la ciudad de Londres en 1851.

Existe fuera del espacio y renace cada vez que, utilizando el tablero y los trebejos como vehículo material, reproducimos las jugadas que la componen. Así como las diversas notas musicales, tocadas en determinado orden, constituyen una sinfonía, las jugadas de una partida de ajedrez, también efectuadas en su orden, se convierten en un objeto estético.
La diferencia más importante es que la música resulta grata al sentido del oído, en tanto que una partida de ajedrez ofrece un placer puramente intelectual, y no sensorial. Se parece más, en este aspecto, a la poesía, pero sin las implicaciones emotivas que siempre tienen las palabras. Cabría concluir, entonces, que el ajedrez es la más sutil de las artes y la que proporciona el más espiritual de los goces.
La condición inmaterial del juego hizo indispensable un sistema de notación de las partidas, para poder conservarlas. Para escribir la música existe un sistema de notas, de uso universal, y algo parecido ocurre en el ajedrez.
Originalmente, los tratadistas debían demorarse en largas y complicadas descripciones, para indicar una jugada. Debían decir, por ejemplo, que "el peón que está delante del alfil ubicado al lado de la Dama, avanza dos casillas", para aludir a la apertura inglesa. Un  buen día, a alguien se le ocurrió que tales descripciones podrían ser abreviadas y así nació el sistema de notación llamado justamente "descriptivo". Las columnas se individualizan con el nombre de la pieza que la ocupa en la posición inicial, y las líneas se numeran del 1 al 8, contando desde la más próxima a la más lejana de cada jugador. La apertura Inglesa se describe entonces, sencillamente, con la expresión "P 4AD".
Hacia el siglo IX, los maestros árabes, que eran destacados matemáticos, concibieron otro sistema de notación, denominado "algebraico". Las columnas se designaron con las letras "a" a la "h", de izquierda a derecha de las blancas; y las líneas fueron numeradas del 1 al 8, pero contando siempre desde el lado de las blancas también. Resultó así un sistema de coordenadas, como los que se estudian en geometría, y cada casilla quedó identificada con una letra y un número. Las jugadas se indican con la inicial de la pieza y la casilla de llegada, omitiéndose aquello cuando el que se mueve es un peón. La apertura Inglesa se escribe, en consecuencia, "c4". También existe un sistema universal (sólo con números),  Es muy sencillo, ya que no tiene posibilidades de ambigüedades. Fue y es muy utilizado en partidas por correspondencia tradicional o en esta era comunicacional por mail, entre jugadores que no hablaban el mismo idioma.
El jaque mate pastor, por caso, se transcribe así: 
1. 5254 5755
2. 6134 2836
3. 4185 7866
4. 8567 

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