miércoles, 11 de mayo de 2011

Para acabar con el ajedrez. Correspondencia.(*)

Tercera entrega de  esta desopilante historia relatada por el talentoso Woody Allen. Posiblemente algunos ya la conozcan, pero yo ya la releí como 10 veces y no paro de asombrarme. Sin más, no se la pierdan. 


Vardebedian:
Acabo de leer su última nota, en la que comunica un estrambótico movimiento cuarenta y seis por cual usted saca mi reina de un escaque por el que hace 11 días no ha pasado. Por medio de un cálculo paciente, pienso que he encontrado la causa de su confusión y falta de comprensión de hechos, sin embargo, evidentes. Que su torre esté en el cuarto escaque del rey es algo tan imposible como dos copos de nieve idénticos; si ud. se remite al movimiento noveno del juego, comprobará que hace ya mucho tiempo que perdió la torre. Fue evidentemente aquella audaciosa operación suicida la que deshizo su frente de ataque y que le costó ambas torres. ¿Qué hacen, pues, en el tablero en este momento?.
Para su consideración, le ofrezco mi versión de lo sucedido: la intensidad de los intercambios salvajes y precipitados del vigésimo segundo movimiento le dejaron en un estado de leve distracción, y, en la ansiedad que sintió por mantenerse en sus cabales en ese momento, no se percató de que llegaba mi carta y, en cambio, movió sus piezas dos veces otorgándose de ese modo una ventaja injusta, ¿no le parece?. Este incidente ya pertenece al pasado, y volver a trazar nuestros pasos sería tediosamente dificultoso, por no decir imposible. En consecuencia, considero que la mejor manera de rectificar todo este asunto es permitirme la oportunidad de hacer ahora dos movimientos consecutivos. Lo justo es lo justo.
Por tanto, en primer lugar, tomo su alfil con mi peón.
Luego, como este movimiento deja a su reina sin protección, también se la cojo. Pienso que ahora podemos proceder con los últimos movimientos sin dificultades.
Atentamente,
Gossage
 (*) Del libro de Woody Allen "Como acabar de una vez por todas con la cultura".

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