viernes, 13 de mayo de 2011

Para acabar con el ajedrez. Correspondencia.(*)


Quinto capítulo de  esta desopilante historia relatada por el talentoso Woody Allen. Posiblemente algunos ya la conozcan, pero yo ya la releí como 10 veces y no paro de asombrarme. Sin más, no se la pierdan. 


 Vardebedian:
Sin intención de prolongar un asunto, ya de por sí confuso (sé que su reciente enfermedad ha dejado su estado de salud, por lo general robusto, un tanto debilitado provocando a veces una pérdida de todo contacto con la realidad), debo aprovechar esta oportunidad para deshacer el sórdido laberinto de circunstancias antes de que progrese de forma irrevocable hacia una conclusión kafkiana.
De haber sabido que usted no era lo suficientemente caballero como para permitirme recuperar el segundo movimiento, no habría, en mi movimiento 46, permitido que mi peón se apoderara de su alfil. De hecho, según su propio diagrama, estas dos piezas están ubicadas de tal forma que lo hace imposible, obligados como estamos a las normas establecidas por la Federación Mundial de Ajedrez y no por la Comisión de Boxeo del Estado de Nueva York. Sin poner en duda que su intención fue constructiva al coger mi reina, ahora yo afirmo que sólo se puede llegar al desastre cuando usted se arroga el poder arbitrario de la decisión y empieza a actuar como un dictador, enmascarando los errores tácticos con duplicidad y agresión (una costumbre que usted mismo condenó en nuestros líderes mundiales en su monografía "De Sade y la no violencia").
Por desgracia, ya que el juego no se ha detenido, no me ha sido posible calcular con exactitud donde debería colocar el alfil cogido por error; sugiero que lo dejemos en mano de los dioses: cierro los ojos y lo coloco sobre el tablero, si ambos aceptamos el fortuito en que pueda aterrizar. Debo agregar un elemento vital a nuestro encuentro. Mi movimiento 47: mi caballo se como a su alfil.
 Atentamente
Gossage
 (*) Del libro de Woody Allen "Como acabar de una vez por todas con la cultura".

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